Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Domingo, 14 de junio de 1936: Conferencia de Julián Besteiro
Después de la última conferencia que di en Bilbao el veintitrés de mayo del mes pasado, bajo el título El rumbo de la República, he aquí que me presento de nuevo ante un público más popular y cercano, en esta Casa del Pueblo que siento como mi hogar, en medio de un Madrid en plena convulsión huelguista, para hablar de lo que acontece en estos días tan agitados. Mi mayor temor, supongo que compartido por los compañeros que llenáis amablemente este anfiteatro, es que se produzca una sublevación militar, y que ello nos arrastre a una nueva guerra civil tan sangrienta como las que se produjeron a lo largo del siglo pasado.
»A principios de mes, estuve en la feria del libro de Recoletos. Allí, entre otros invitados, tuve el gusto de coincidir con Ramón J. Sender, cuya presencia, aunque haya disertado sobre temas varios, sigue invariablemente ligada a la repercusión de su primera novela, Imán, en la cual narró con gran viveza las miserias de esa guerra africana contra la que tanto nos opusimos los socialistas.
»Y me preguntaréis entonces, compañeros: ¿por qué traer a colación Marruecos ahora? ¿No es ya agua pasada? La respuesta es, lamentablemente, que no. Marruecos está en la raíz de todos los conflictos españoles actuales. Si no se hubieran producido el derrumbe de la Comandancia de Melilla y el desastre de Annual, con sus diez mil muertos, en el aciago año 21, no habría habido ninguna comisión parlamentaria investigando las responsabilidades políticas del desastre, algo por lo que tanto luchamos los socialistas entonces.
»Y sin esa comisión, a lo mejor Alfonso XIII no hubiese tenido necesidad de cerrar el Congreso y de recurrir al señor Primo de Rivera para instaurar la Dictadura. Y a lo mejor, sin Dictadura, no hubiera habido esa Segunda República democrática a la que tan apegados están los españoles.
»Todo en nuestra historia reciente está imbricado de tal manera que resulta imprescindible, si pretendemos entender las turbulencias actuales, comprender lo que supuso Marruecos para los hombres que fueron movilizados en la década pasada. ¡Ah, si los jóvenes militantes socialistas tuvieran una mínima noción de lo que supuso esa guerra, de lo que fue la barbarie que africanizó al ejército español, estoy seguro de que eso calmaría muchas ínfulas revoltosas!
»Por último, os diré que mientras estuve encarcelado en el penal de Cartagena, allá por el año diecisiete, tras la fallida huelga revolucionaria que yo personalmente convoqué, coincidí con muchos condenados por deserción en Marruecos que me relataron los horrores vividos, y ojalá hubieran podido todos los españoles tener una noción exacta de lo que ocurría en esas tierras. ¡Ojalá hubiéramos sabido mejor lo que vivían nuestros jóvenes cada vez que cruzaban las aguas del Estrecho en uno de esos cascarones de nuez que llamamos nuestra flota y veían los cerros y las casas de Ceuta columpiándose sobre las olas!


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