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14 de mayo de 1936: Carta de Azaña a Cipriano Rivas Cherif

14 de mayo de 1936: Carta de Azaña a Cipriano Rivas Cherif

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Carta de Azaña a Cipriano Rivas Cherif: Quinta del Pardo, 14 de mayo de 1936

Querido Cipriano:

Supongo que habrás recibido mi larguísima carta. La envié certificada al teatro de Bellas Artes, porque aún no habías salido de La Habana, e ignoraba tu paradero en Méjico. Creo que terminaba con la destitución de don Niceto, que salió muy bien. Como era de suponer, él lo lleva fatal, pero con su estilo propio, inelegante, rencoroso. Se ha sumido en el silencio, y solamente me llegan anécdotas de su mal humor, que además paga con personas de su antigua amistad.

El pobre Alcalá-Zamora no creía que nos atreveríamos. Pasadas unas semanas, y acercándose las elecciones anuladas de Granada, hizo gestiones oficiosas para que se le admitiera en la candidatura de minorías. Un diputado progresista fue a visitar a Otero, el socialista que manda en Granada, y tanteó el asunto. Otero se lo dijo a Fernando de los Ríos, Fernando a Bernardo Giner de los Ríos, y Bernardo a mí.

Contesté que don Niceto tenía derecho a presentarse a diputado, pero que lo hiciese de cara y públicamente, y sin apoyo del Frente Popular. Como te imaginas, eso frustró el proyecto. Después reunió en casa a los representantes de los partidos e hizo público una nota diciendo que rompía sus relaciones personales con mi Gobierno y conmigo.

Ha anunciado que volverá a la vida política para rescatar la República y restablecer la convivencia. Quiere dar a entender que él es el único presidente legítimamente elegido y que tiene por nulo el acuerdo de su destitución. A la gente le da mucha risa. Ya dicen los periódicos que don Niceto funda el Partido Legitimista.

Lo que ha sucedido llevo pensándolo desde hace mucho, y ya el verano pasado, antes de formarse el Frente y disolverse las Cortes, al ver la oleada del azañismo, dije, y muchos me oyeron, que yo no podía ser más que el presidente de la República, no por mi comodidad, sino porque es el único modo de que el azañismo rinda todo lo que puede dar de sí, en vez de estrellarlo en la presidencia del Consejo. Vista la composición de las Cortes y la situación del Bloque y partidos, la cosa hoy no ofrece dudas.

Dejando aparte el placer estético de la operación, que no es pequeño, si, tal como yo deseaba, el gobierno de aquel diecinueve de febrero en su día lo hubiera formado otro, nadie habría puesto reparos a mi elección como presidente. Pero como no pude eludir ser presidente del Gobierno, la gente no quiso que abandonase el puesto.

Inconvenientes de mi buen éxito en las Cortes, que nunca fue igual al de esta temporada. ¡Mi último discurso, a las tres de la madrugada, alcanzó la unanimidad! Lástima que el instrumento esté tan estropeado por dentro, como se verá en cuanto lo toque otro.

No tardes en regresar, querido, que te necesito.

Tu Manolo

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