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Ladrones de cadáveres, de James Moores Ball

Ladrones de cadáveres, de James Moores Ball

Este estudio histórico desvela el tráfico de cadáveres que sostuvo la educación médica anglosajona del siglo XVIII al XIX. La obra documenta cómo anatomistas, cirujanos y profesores de medicina obtuvieron los cadáveres que la ley les prohibía acceder legalmente.

En Zenda ofrecemos un extracto de Ladrones de cadáveres: Una realidad aterradora (El Desvelo), de James Moores Ball.

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CAPÍTULO VII

ROBERT KNOX, EL ANATOMISTA, 1791-1862

Robert Knox, de gran, fuerte, notable y valerosa personalidad; fue el más elocuente, el más versátil y el más minucioso profesor de anatomía que Escocia, un país que durante mucho tiempo ha sido notable por la excelencia de su instrucción anatómica, haya producido jamás. Robert Knox —aquel que fue designado como «Knox, primus et incomparabilis»— vio su vida destrozada, arruinada y amargada por las circunstancias fortuitas que causaron que los asesinos Burke y Hare se cruzaran en su camino.

Qué lástima que un hombre que realizó muchas observaciones originales tanto en anatomía comparada como humana, un hombre dotado de un intelecto superior y poseedor de un ingenio inusual; un hombre que dictaba lecciones extramuros a clases más grandes que las de Monro tercero; un hombre que escribió Las razas humanas, un Manual de anatomía artística, grandes artistas y grandes anatomistas, y varias otras obras; un hombre que tradujo los escritos anatómicos de varios autores extranjeros: qué lástima que un hombre como Robert Knox, el anatomista, fuera arrastrado al abismo.

Robert fue el octavo hijo y el quinto varón de Robert y Mary Knox. A una edad temprana, el niño contrajo viruela de forma tan virulenta que le dejó con un ojo izquierdo cegado. A su debido tiempo, fue enviado a la famosa High School de Edimburgo, donde, al obtener una educación clásica, junto a los jóvenes más brillantes de la ciudad de Edimburgo y distritos adyacentes, se puso a la cabeza de cada clase y acabó como Medalla de Oro en 1810. Se unió a las clases médicas en noviembre del mismo año. En su primer examen para el grado de doctor en medicina, Knox fue reprobado por su anatomía. Y no es de extrañar —el profesor de Anatomía en la Universidad de Edimburgo era Alexander Monro tercero— por aquel que, el incompetente descendiente de un distinguido padre y abuelo del mismo nombre cuya enseñanza anatómica hizo famosa a la Universidad de Edimburgo en todo el mundo, repitiera las lecciones y experimentos de Alexander Monro primero, ¡haciéndolos pasar como propios!

Afortunadamente, fuera de los supuestos muros sagrados de la Universidad, había una famosa escuela privada de anatomía, dirigida por el doctor John Barclay (1760-1826). Si hubo necesidad de enseñanza extramuros en anatomía durante el mandato de Monro segundo, como John Bell había afirmado, esa necesidad ahora se incrementaba por la ineficiencia de Monro tercero. Barclay, quien había sido un predicador de la Iglesia escocesa y había pasado algunos años como tutor, fue atraído al estudio de la medicina. Tras su graduación en Edimburgo, donde había servido como asistente en anatomía de John Bell, Barclay fue a Londres y allí continuó sus estudios anatómicos. Regresó a Edimburgo, y comenzó a enseñar anatomía en 1797, con 37 años. Comenzó de una manera pequeña y modesta. Impartió sus lecciones con pocos especímenes, algunos de sus propias disecciones y otros comprados. Durante los primeros siete años (1797/1798-1803/1804) sus clases fueron pequeñas, debido a dos circunstancias: (1) no estaban reconocidas por una junta; y (2) Monro segundo enseñaba a un lado de la escuela de Barclay mientras los dos Bell —John y Charles— lo hacían en el otro. Después de que Charles Bell partiera hacia Londres, en el verano de 1804, quedó un campo despejado para Barclay, cuyas lecciones fueron reconocidas, el 19 de junio, por el Colegio de Cirujanos.

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Autor: James Moores Ball. Título: Ladrones de cadáveres: Una realidad aterradora. Traducción: Javier Fernández Rubí. Editorial: El Desvelo. Venta: Todostuslibros.

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