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Estado de ánimo colectivo

Estado de ánimo colectivo

Hace no mucho la editorial Lengua de Trapo emprendió un atractivo proyecto que ha continuado en colaboración con el madrileño Círculo de Bellas Artes. El título genérico de la colección, “Episodios nacionales”, alude a los propósitos declarados, continuar en nuestros días la saga galdosiana con la intención de presentar un “retrato coral y plural de lo que nos ha pasado estos últimos cuarenta años”. Se encargan de cumplir este empeño, que alcanza ya una treintena de títulos, autores de muy diversos estilos y con diferente trayectoria previa que, en el caso de que hoy me ocupo, supone una opera prima narrativa, la de Pablo Caldera (1997) Lo nunca visto.

Dentro del espíritu de la colección, el joven ensayista madrileño Pablo Caldera se aplica a observar la situación de nuestro país tras la traumática crisis financiera de 2008 en dos fechas deportivas en las que triunfó la selección española, el mundial de fútbol de 2010 y la Eurocopa de 2012. Estos acontecimientos de resonancia popular funcionan como pivotes de la estructura narrativa. El primero de ellos brinda una línea anecdótica. Dos jóvenes hermanos, Adrián y Beto, aprovechan la enajenación futbolera nacional para robar en un chalet y largarse con el botín antes de que acabe el partido. Para ello, le hurtan a su madre, Julia, el taxi con el que la mujer se gana la vida. El plan sale mal a esta pareja de chicos un tanto descerebrados y a raíz de su fracaso, desaparecen.

"La confluencia de realismo, invención y fantasía visionaria constituye el personal enfoque de Pablo Caldera en busca de un documento creativo que ilustre una situación colectiva"

El otro acontecimiento, la Eurocopa, proporciona el nexo argumental del segundo eje novelesco, una serie de episodios dispersos y en apariencia independientes del motivo anterior. En ellos, vemos a Julia haciendo un escrutinio mental de sus pasajeros habituales con alcance de diagnóstico de clases sociales y de observación de comportamientos de determinados grupos humanos. También la vemos en curiosas circunstancias: en una, recorre con mirada entre sentimental y sociológica el parque del Retiro; en otra, se permite el placer secreto de ser ella misma la clienta de un taxi, estableciendo con el taxista un afinado diálogo que, entre otros efectos, palía su gran padecimiento, la soledad que le atenaza desde la desaparición de sus hijos, de quienes aparenta haberse desentendido por completo.

Estos episodios responden a un código realista, pero otro de ellos hace saltar por los aires las notas costumbristas. Un misterioso señor llamado Brando se pone en contacto con Julia y le dice que él puede informarle sobre cómo localizar a sus hijos. El tal Brando se gana la vida de una forma rara: hace videoperitajes, o sea, describe el contenido de imágenes y las “traduce a texto”. En una de sus cintas guarda el chapucero atraco de los hijos y se lo quiere mostrar a la madre. De este modo comienza un trato amistoso de Julia y Brando, libre de señuelos eróticos, que da lugar a situaciones insólitas: por ejemplo, la visita a la palaciega residencia de una amiga de Brando donde se celebra un rito insólito, festejar una segunda Nochevieja a finales de julio. El ambiente festivo se aureola de tipos y gestos visionarios y más tarde Brando sumerge a Julia en una experiencia cibernética en la que ella pierde el control de las facultades racionales, cae en un alucinatorio viaje en el tiempo y en ese trance se produce el reencuentro con los hijos.

"Pablo Caldera ha querido recrear con Lo único visto un estado de ánimo colectivo en fechas señaladas del pasado reciente de nuestro país"

La confluencia de realismo, invención y fantasía visionaria constituye el personal enfoque de Pablo Caldera en busca de un documento creativo que ilustre una situación colectiva. En lugar de atenerse a un testimonio social, despliega las artes de la invención. Verdad y fábula conviven en la novela. De este modo, sortea el convencionalismo realista y representa el mundo en una dimensión más amplia. Frente al verismo tradicional, opta por una estética de fuerte carga expresionista. Para ello, gusta de crear personajes un tanto excéntricos o misteriosos, sin que les aplique criterios de corte psicologista. También se decanta por situaciones que unas veces recuerdan una farsa y otras resultan tributarias de la estética expresionista.

Estos planteamientos que indican una escritura regida por un aliento creativo se acompañan de variedad de recursos formales. Los pasajes descriptivos a la manera tradicional se alternan con otros exclusivamente dialogados y un tanto teatralizados a base de oraciones brevísimas y expeditivas. Además, Caldera impregna la novela de un prurito experimental. El breve capitulillo segundo, que recoge un informe de anónima autoría (después se sabe que se debe a Brando), recurre a tachar palabras del texto como si fuera un borrador (“El sujeto de mayor estatura avanza primero. No podemos aportar información operativa acerca de estas imágenes”).

Pablo Caldera ha querido recrear con Lo único visto un estado de ánimo colectivo en fechas señaladas del pasado reciente de nuestro país. La trama un tanto disparatada de la novela sirve para reflejar un periodo de desconcierto social, una época de dificultades materiales y de desaliento y falta de expectativas. Pero no ha caído en la rutina del testimonio crítico y ha optado por mostrar esa realidad desalentada por medio de una parábola tan triste como humorística. La voluntad del autor de eludir caminos literarios trillados invita a confiar en que esta curiosa fábula será el primer jalón de la interesante trayectoria de un escritor ni siquiera treintañero.

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Autor: Pablo Caldera. Título: Lo nunca visto. Editorial: Lengua de Trapo y Círculo de Bellas Artes. Venta: Todostuslibros.

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