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El ser querido de Rodrigo Sorogoyen: cuando los sentimientos son llevados al límite

El ser querido de Rodrigo Sorogoyen: cuando los sentimientos son llevados al límite

Resulta bien difícil que el cine actual consiga arrancar al público sensaciones profundas y que, a su vez, lo experimentado ante la pantalla deje su poso durante un tiempo. A pesar de su breve trayectoria, Rodrigo Sorogoyen ha encontrado una voz con la que lo ha conseguido con creces. Su penúltimo filme, As bestas, hizo ya posible ese milagro profano con una intensa historia, una dirección impoluta y unas interpretaciones sobresalientes. El verismo de lo contado provoca en quien lo recibe una especie de hipnosis, olvidándose durante el tiempo de duración de la película que lo que está viendo es un artificio, una ficción. No resulta necesaria una historia compleja que hacer digerible al receptor, sino más bien lo contrario: basta tratar un tema aparentemente sencillo para demostrar en realidad su profundidad.

El ser querido parte de una historia que puede llegarnos a resultar familiar porque, en el fondo, el ser humano no deja de ser un animal pleno de contradicciones y difícil de domesticar. Bajo su capa civilizada se esconden trazas umbrías e irracionales. En este sentido, posee ecos de la anterior historia de Sorogoyen pero va más allá en su sofisticación, pues explora de forma más sutil las capas del individuo. Más que pasiones, sobre lo que se pone el foco ahora es en los sentimientos y en cómo estos pueden quebrarse o hacerse poderosos si son llevados al límite.

"Luengo equilibra a su pareja interpretativa con una puesta en escena digna de las mejores introspecciones psicológicas del séptimo arte"

Esteban Martínez (Javier Bardem) es un cineasta prestigioso que, tras su fama labrada en el extranjero, decide retornar a su España natal para rodar en ella una historia que tiene mucho que ver con su país. No solo por su argumento, que nos traslada a la colonia española en el Sáhara durante los años treinta, sino por el reparto, que incluye a su hija Emilia Vera (Victoria Luengo). Los propios medios de comunicación desconocían que el director tuviese una hija y que, además, fuese una actriz en ciernes. Emilia, que ha adoptado el primer apellido de su madre, es la primera sorprendida cuando su padre le ofrece el papel protagónico, según él para ayudarla en su carrera. La realidad es que Esteban apenas ha estado presente en la vida de su hija, y ahora, casado y con dos hijos pequeños, busca de algún modo tender puentes con Emilia, que guarda dentro de sí el dolor del progenitor ausente.

Con estos elementos, la tensión dramática está servida. Ya desde su primera y magistral escena sabemos que nos encontramos ante un conflicto que va a ir desarrollándose poco a poco y desde la capacidad de Sorogoyen para tratarlo desde el intimismo de los personajes. Bardem interpreta con un naturalismo y fuerza inimitables a este personaje poliédrico, vulnerable pero también cargado de cierta violencia contenida. Por su parte, Luengo equilibra a su pareja interpretativa con una puesta en escena digna de las mejores introspecciones psicológicas del séptimo arte. Completa el reparto principal Raúl Arévalo, siempre sólido y capaz de tornar de lo dramático a lo cómico de forma absolutamente orgánica.

"Como una película dentro de otra película, El ser querido sí posee en ocasiones distintos avisos estéticos de lo ficcional, jugando con la imagen y su estética"

El guion, escrito a cuatro manos por el director e Isabel Peña —su guionista de cabecera—, consigue trasladar con absoluto hiperrealismo la fragilidad de los personajes —sus dudas, afectos, temores y también sus iras o carácteres defensivos—, a punto siempre de desbaratar cualquier contención. Los diálogos fluyen logrando la naturalidad pero sin renunciar al ritmo y a su potencialidad tan atrapante.

Como una película dentro de otra película, El ser querido sí posee en ocasiones distintos avisos estéticos de lo ficcional, jugando con la imagen y su estética —del color y sus ajustes durante el rodaje al blanco y negro—, así como con el sonido —pasando del ruido al mute o a un fondo sonoro que en ocasiones puede resultar desincronizado—. La misma banda sonora tiene un momento propio de afinación orquestal previa a la interpretación que sorprende por lo bien que se ajusta a la descripción de las imágenes que estamos viendo. Por lo demás, Olivier Arson compone una partitura a la altura de las bandas sonoras sinfónicas más melódicas y expresivas, siendo capaz de trasladar los sentimientos que evoca de las imágenes filmadas durante el rodaje dentro de la película a la propia historia narrada desde fuera.

Sin duda, El ser querido dará mucho que hablar en lo que queda de este 2026 y en adelante, como una película brillante capaz de explorar las profundidades humanas y de llevarnos, como a los sentimientos que trata, también al límite.

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