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Un personaje formidable

Alicia Giménez Bartlett comenzó a escribir la serie sobre Petra Delicado en 1996 con una novela, Ritos de muerte, que ya demostraba la maestría de una autora en la plenitud de su oficio. Treinta años después publica Bajo el cielo infernal (2026), la decimoquinta entrega de una obra extraordinaria, fundamentada en el atractivo de un personaje que cae muy bien a los lectores. Petra Delicado se ha hecho querer por su coherencia mantenida en el tiempo, porque nunca se traiciona a sí misma y por generar una familiaridad que, sin embargo, nunca cae en la rutina. A pesar de su carácter áspero, tiene capacidad de autocrítica, siente compasión por los débiles y siempre es leal con los suyos.

En principio, Bajo el cielo infernal sigue la estructura habitual del relato de misterio: ante un horrible asesinato, la investigación comienza por el círculo familiar y, si no encuentra nada convincente, indaga en el entorno social o profesional. Pero Alicia Giménez Bartlett tiene demasiado talento y sabiduría como para no advertir el riesgo de la repetición y enseguida pone en boca de la misma Petra Delicado una reflexión que parece más metaliteraria que policial: “Estoy harta de emplear siempre la misma dinámica: visita, pregunta, contestación, no encontramos pruebas y, por lo tanto, adiós. Tengo ganas de divertirme un poco”. Y unas páginas más adelante ocurre un hecho inesperado que le da un nuevo vuelo a la novela.

"La novela ilustra muy bien los problemas de los adolescentes conflictivos, en esa edad confusa en que ya no son niños y no se les exige la misma responsabilidad que a los adultos, aunque tengan la misma capacidad de hacer daño"

En esta ocasión, la muerte a puñaladas de un jesuita enfoca la investigación en el mundo eclesiástico, una comunidad hermética que se rige por sus propios códigos y leyes. Como afirma un sacerdote, “las cosas de la Iglesia se quedan dentro de la Iglesia, [cuya] muralla de silencio [ha] sido ejercitada y perfeccionada durante siglos”.

Aunque el tema de religiosos muertos no ha sido muy frecuentado en la novela negra, puesto que casi era un tabú que el asesino o la víctima fuera un sacerdote, tampoco es nuevo. Ya está presente en una de las pioneras novelas policiales italianas, la estupenda El sombrero del cura (1887), de Emilio de Marchi.

Pero ahora ya, en pleno siglo XXI, el can­dor del padre Brown ha quedado muy atrás y no faltan obras actuales en las que un sacerdote está inculpado de algún modo, sin contar los monjes asesinos de Umberto Eco y Lorenzo G. Acebedo en El nombre de la rosa y La taberna de Silos. En la novela corta La muerte del fotógrafo, de Henning Mankell, un pastor protestante mata al amante de su mujer y Wallander afirma: «¿Por qué no? Los pastores son pas­tores, pero convendrás conmigo en que no son más que personas». Y nada menos que Ricardo Piglia, Olga Tokarczuk y Benjamin Black también han implicado a religiosos en un crimen. La propia Giménez Bartlett ya había incursionado en este ambiente en El silencio de los claustros (2009).

"No deja de ser curioso que, en una novela policial, donde el tema de la muerte es sustantivo, se hable de los grupos de duelo para paliar el dolor que genera"

Además de este espinoso tema, la novela ilustra muy bien los problemas de los adolescentes conflictivos, en esa edad confusa en que ya no son niños y no se les exige la misma responsabilidad que a los adultos, aunque tengan la misma capacidad de hacer daño. Petra Delicado se mueve entre ellos haciendo equilibrios, observa sus problemas en un entorno familiar y social penoso (todo el amor que habían recibido “cabía en un dedal”) y exclama para sí: “¡Qué clarividencia la mía al decidir que mi estirpe acabara en mí!”.

Del mismo modo, no deja de ser curioso que en una novela policial, donde el tema de la muerte es sustantivo, se hable de los grupos de duelo para paliar el dolor que genera. De ahí surgen páginas excelentes centradas en la propia Petra: ella, que ha visto tantas muertes desde fuera, ahora tiene que enfrentarse al dolor desde dentro (presente a otro nivel en la dedicatoria inicial, tan serena, tan emotiva y elocuente). Y que conste que no estoy haciendo spoiler, puesto que en la primera frase de Bajo el cielo infernal se cuenta que ha muerto su marido, Marcos, dejándola en un estado de profunda desolación.

Como personaje, Petra Delicado crece en esta situación terrible, que abre una nueva dimensión para ella. Tan racionalista en su trabajo y tan implacable ante el delito, se ve inerme ante la irrupción de la tragedia personal. La tenacidad y el sentido común que aplica en sus investigaciones no le sirven contra el duelo íntimo. En las dos primeras y en las dos últimas páginas de la novela se aprecian con toda nitidez su humanidad y su fragilidad, que ella trata de ocultar con su permanente ironía.

"Todo está narrado con un ritmo muy ágil, lleno de diálogos, entre los cuales se insertan de vez en cuando las interpretaciones de Petra sobre lo que oye y ve, siempre oportunas y bien encajadas en la trama"

Y sin embargo, su aflicción no impide que Petra se entregue con toda su capacidad a esclarecer el asesinato del jesuita y que escuche con atención cada palabra de los sospechosos, todos perfilados con gran nitidez: un cura parecido al dómine Cabra, un moderno joven religioso con pendientes en las orejas, unos adolescentes desconcertados, un psicólogo insistente, un empresario implacable y hasta un campesino cavernícola. Las declaraciones pueden ser infinitamente banales o infinitamente relevantes, pero, como en toda buena historia policial, ninguna resulta indiferente. Aunque embebida en la depresión, su ayudante, Fermín Garzón, sabe que la mejor terapia para ella es el trabajo y la obliga a levantar la cabeza y mirar hacia el mundo, de modo que ambos se ponen a indagar con el tesón de siempre, observando cómo las pasiones, los deseos, llevan a los personajes a la destrucción mientras su Dios permanece ajeno en las profundidades del cielo.

Y todo está narrado con un ritmo muy ágil, lleno de diálogos, entre los cuales se insertan de vez en cuando las interpretaciones de Petra sobre lo que oye y ve, siempre oportunas y bien encajadas en la trama.

Al elegir el nombre de sus protagonistas, Alicia Giménez Bartlett había demostrado querencia por el oxímoron. En el nombre de Petra Delicado se armonizan dos significados contrarios: la dureza de la piedra convive con una oculta ternura. El mismo recurso aparece en el nombre de su compañero, colega y amigo Fermín Garzón. Fermín es a Petra tanto como Garzón es a Delicado.

En esta última novela, el oxímoron reaparece ocasionalmente en el texto (“actividad inactiva”). Y también brilla en el estupendo título: Bajo el cielo infernal.

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Autora: Alicia Giménez Bartlett. Título: Bajo el cielo invernal. Editorial: Destino. Venta: Todos tus libros.

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