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Un dedo menos: entre lo civilizado y lo salvaje

Un dedo menos: entre lo civilizado y lo salvaje

El cadáver de un hombre desfigurado y sin el dedo índice de la mano derecha aparece en el cementerio de Polloe, en San Sebastián. Se trata de un sin techo que duerme cada noche en un panteón. La subcomisaria de la Ertzaintza, Emilia Castro Urrutia, será la encargada de investigar un caso cada vez más complejo y que la llevará a diversos puntos de la geografía española, pues pronto aparecerán otros cadáveres con un desconcertante patrón: a todos les falta un dedo.

Luisa Etxenike —que firma esta novela bajo el heterónimo de Antonia Lassa— apunta en Zenda algunas de las claves de la escritura de Un dedo menos (Nocturna).

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Un dedo menos empieza con el hallazgo del cadáver de un hombre desfigurado, en el exterior de un pantéon del cementerio de Polloe, en San Sebastián. Se trata de un sin techo que ha instalado en el interior de esa tumba, vacía desde que sus propietarios adquirieron la concesión, un singular refugio para pasar las noches. La puerta del panteón es de hierro labrado, y deja, en palabras de la subcomisaria de la Ertzaintza, Emilia Castro Urrutia, encargada de la investigación del crimen, pasar la luz pero no la mirada. Por eso ese hombre podía dejar, durante el día, todas sus pertenencias bien ordenadas en el interior de la tumba. Ese orden es fundamental en la construcción de la novela, que se moverá, a lo largo de toda la trama, entre lo civilizado y lo salvaje. “Aquella víctima sin rostro reconocible parecía querer seguir dándole a su vida, incluso en aquella radical privación, una forma de calidad “civilizada”. Y sin embargo su muerte era salvaje”. Eso piensa la subcomisaria y ese fue, también para mí, uno de los pensamientos inaugurales de la novela.

Por eso Un dedo menos debía comenzar en el cementerio. Me gustan los cementerios, visito a menudo el de Polloe, donde está enterrado, entre otras personalidades, uno de mis maestros literarios: Luis Martín Santos. Y si tengo la oportunidad, visito los de las ciudades a las que viajo. Suelo decir que los cementerios son para mí como cuevas de Altamira, es decir, testimonios de civilización; porque enterrar y honrar a los muertos fue probablemente uno de los primeros rasgos, de los primeros despertares, de nuestra humanidad.

Estos son entonces, en mi cabeza, el primer escenario y la primera imagen de la novela: un hombre salvajemente asesinado delante de un pantéon/refugio.

"El móvil de los crímenes será entonces la venganza, y la firma del asesino, el degüello y la amputación del dedo de sus víctimas"

Además de degollarla, a la víctima el asesino le ha cortado, expertamente, el dedo índice de la mano derecha. La amputación de los dedos la decidí también muy pronto, así como el orden jerárquico en que los dedos de las sucesivas víctimas serían cortados. Porque en la novela iba a haber varios crímenes, motivados por el mismo acto inicial en el que habían participado, en menor o mayor medida, todas las víctimas. Y el asesino iba a cortar los dedos, siguiendo un orden ascendente, de menos a más responsabilidad de esos hombres en lo sucedido. Y es que no todos los dedos valen lo mismo (acudí a un traumatólogo amigo para documentarme sobre este punto). El primer dedo que el asesino corta es el índice, “el dedo más móvil —dice el forense Agustín Arriola—, el que más rota, el que nos permite finura y fuerza en la prensión… y sin embargo, paradójicamente, si tienes que perder uno, mejor que sea ése… porque si hay pérdida de un dedo, el cerebro la que más fácilmente asimila es la del índice, porque el dedo corazón se adapta a las funciones que se han perdido”.

Después vendrán el anular, el corazón, el meñique y, por último, el pulgar, “el más valioso de los dedos —afirma el forense—, el dedo capaz de oponerse a los demás, el que permite hacer la presa de objetos o de cualquier otra cosa; como quien dice, el rey de la mano”. Pero con el pulgar la cosa se complica y, en torno a él, se tensará al máximo el desarrollo de la intriga.

"Un dedo menos es también una novela de amor; y de duelos que algunos de los personajes no tienen que superar solos, porque a su lado hay alguien que les quiere, les respeta y les acompaña"

El móvil de los crímenes será entonces la venganza, y la firma del asesino el degüello y la amputación del dedo de sus víctimas. Se trata de marcas extremas sobre el cuerpo con las que busca reproducir otras marcas: las que dejó sobre otro cuerpo, años atrás, otro acto salvaje, del que son responsables, en mayor o menor medida, como decía hace un momento, sus actuales víctimas. En la venganza siempre hay dos tiempos: el de su nacimiento —cuando surge el deseo de vengarse— y el de su ejecución. Y decidí también muy pronto que la novela debía avanzar, trenzándolos; y además desde dos perspectivas distintas: la de la policía que investiga, pero también la del propio asesino. Y que escuchar su voz me permitiría desarrollar la segunda de las tensiones fundamentales de la novela: el movimiento entre la culpabilidad y la inocencia, que en Un dedo menos se balancea, interrogativamente, entre víctimas y verdugos. No se trata de exculpar al asesino, responsable, sin paliativos, de los crímenes, sino de introducir en su motivación una complejidad emocional que nos haga recorrer con él, en alerta, el perturbador camino que lleva a alguien “corriente” a convertirse en un asesino.

Y tampoco se trata, naturalmente, de inculpar a las víctimas de sus crímenes, sino de, al conocerlas más íntimamente a medida que avanza la investigación policial, descubrir en sus vidas zonas de sombra, comportamientos moralmente “dudosos”, a través de los cuales se retratan y retratan también la sociedad en la que viven, en la que vivimos. Y el escenario de esa sombra son las relaciones familiares. Un dedo menos es una novela que presenta, junto a crímenes truculentos, otros más “discretos” en su ejecución, pero que también producen estragos: toda una serie de traiciones, orfandades y abandonos privados, y de formas más o menos explícitas de dominación y violencia.

"Los espacios donde se desarrolla no son sólo escenarios de crimen sino también paisajes donde la belleza puede expresarse y afirmarse como una réplica al sufrimiento y la desesperanza"

Pero también supe enseguida que esa forma de oscuridad doméstica iba a contradecirla con trazos íntimos luminosos. Por eso Un dedo menos es también una novela de amor, y de duelos, que algunos de los personajes no tienen que superar solos, porque a su lado hay alguien que les quiere, les respeta y les acompaña. Es, en definitiva, una novela negra, por momentos “salvaje”, pero que le hace sitio también a una calidad civilizada en las relaciones humanas. Y por esos los espacios donde se desarrolla no son sólo escenarios de crimen sino también paisajes donde la belleza puede expresarse y afirmarse como una réplica al sufrimiento y la desesperanza.

La subcomisaria Emilia Castro Urrutia recorre una tarde, camino de su casa, el paseo que bordea la playa de La Concha de San Sebastián y piensa: “Crímenes y dolor, y sin embargo, delante de sus ojos se estaba haciendo, en la bahía, uno de esos anocheceres anaranjados, anunciadores de un tiempo espléndido para el día siguiente. ¿La naturaleza expresaba así su indiferencia hacia los seres humanos? ¿O por el contrario, era su manera de tenderles una mano? El consuelo de la belleza”. El consuelo y la fuerza de la belleza para cambiarlo todo.

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Autora: Antonia Lassa. Título: Un dedo menos. Editorial: Nocturna. Venta: Todos tus libros.

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