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La vuelta al mundo de un periodista

La vuelta al mundo de un periodista

“Mi mayor orgullo es haber sido y ser periodista. La pluma ha sido mi arma y mi trinchera la hoja del periódico”. Esto lo dejó escrito un periodista nacido en Madrid en 1883, director del diario El Norte de Castilla de Valladolid (nombrado en 1926), de cuya ciudad fue también alcalde, y de su Universidad profesor auxiliar de la Facultad de Derecho. Asimismo fue director del Ateneo durante la dictadura de Primo de Rivera.

Se llamaba Federico Santander Ruiz-Jiménez y fue fusilado en Paracuellos del Jarama el día 2 de diciembre de 1936 tras una saca de presos de la cárcel Modelo.

Pero no es esta lamentable noticia la que va a alimentar este artículo. Lo será una hazaña que este periodista acometió con éxito junto a tres amigos con espíritu aventurero semejante al de los protagonistas de la novela de Julio Verne La vuelta al mundo en 80 días.

La cosa consistía en dar la vuelta al mundo con espíritu periodístico y sin que hubiera por medio una apuesta de 20.000 libras con los miembros de su club. Esta expedición, ideológicamente verniana, era, no obstante, muy castellana, pues se fraguó y salió de Valladolid, a lo Phileas Fogg y su ayudante Passepartout (abro paréntesis para recordar que también era llamado Picaporte, ¿verdad, amigo Javier Pérez Andrés?, cosas mías).

"Viajaron por 21 países y visitaron 114 ciudades. Duró la prueba, del coche y del aguante humano, 286 días. Recorrieron 32.000 kilómetros"

Aunque puede haber concomitancias, el periodista Federico Santander, el empresario Ricardo Power, propietario del medio de transporte, un coche Ford, junto a Marcelo San José y Artemio Mazariegos salieron de Valladolid el 23 de octubre de 1932 y regresaron a España en barco, llegando a Bilbao el 1 de agosto de 1933 y a Valladolid, en su Ford, el 5 de agosto.

Viajaron por 21 países y visitaron 114 ciudades. Duró la prueba, del coche y del aguante humano, 286 días. Recorrieron 32.000 kilómetros. Asimismo cubrieron una distancia de 20.000 millas en barco por el Índico, el Pacífico y el Atlántico. Hacían una media de 300 kilómetros diarios turnándose en la conducción, todos menos Federico Santander, que no sabía conducir, y así recorrieron Francia, Italia, los Balcanes, Palestina, Líbano, Siria, Jordania, Irak, Afganistán, India, Singapur, Indochina, Hong Kong, Filipinas, China, Japón, Estados Unidos o Cuba.

Para hacer este viaje hacían falta dos cosas. Una, importante: un buen coche, resistente y con servicios mecánicos en todo el mundo, cosa imprecisa en aquel año; y otra cosa más importante todavía: una disposición dineraria copiosa. De los cuatro expedicionarios solamente tenemos noticias fidedignas del buen periodista y político y de Ricardo Power. De los dos, uno vivía de su trabajo cotidiano; el otro era rico y vivía de las rentas que le producían sus prósperos negocios de la industria del yute, la minería del hierro y las navieras. Los Power eran dos hermanos, Ricardo y José Power Zabala, empresarios vizcaínos de procedencia irlandesa que se instalaron en Renedo en 1919. Allí se hicieron construir una casa de campo trazada por el famoso arquitecto bilbaíno Manuel María Smith Ibarra, dotada con todas las comodidades propias del tiempo, incluso un teatrito para dar representaciones y espectáculos “alegres”. Tras el total abandono de la finca, la Diputación de Valladolid adquirió el edificio en el año 2006 para salvarlo de la ruina total y construir en él y sus inmediaciones un parque de ocio infantil llamado “Valle de los Seis Sentidos”.

"El 2 de diciembre de 1936 asaltaron la cárcel, llevándose entre otros a Federico Santander. Murió fusilado ese mismo día"

Se sabe que Julio Verne, también abogado y escritor, publicó su novela a medida que la iba escribiendo. Los capítulos se publicaban, por entregas, en el diario Le Temps durante el año 1872, y como libro salió a la venta al año siguiente, gracias al éxito logrado como folletín. Federico Santander quizá pensó que podía hacer lo mismo, contando con El Norte de Castilla o el ABC, pero decidió publicar su compartida aventura en forma de conferencias, ya que los periódicos pagaban mal a sus colaboradores y eran más rentables y cálidas las conferencias en teatros.

Federico Santander mantuvo una colaboración fructífera con el diario ABC como articulista de opinión. Una vez fijada su residencia en Madrid, sus conferencias y artículos a favor de la monarquía le llevan a ser detenido y encarcelado en la Modelo.

El 2 de diciembre de 1936 asaltaron la cárcel, llevándose entre otros a Federico Santander. Murió fusilado ese mismo día en Paracuellos del Jarama.

Su compañero en el periódico vallisoletano, y luego en el madrileño ABC, Francisco de Cossío, dijo de él: “Era lo que entonces se llamaba un escritor brillante y un elocuente orador; sus ideas monárquicas y aristocráticas estaban en él tan arraigadas que a ellas sacrificó su literatura, sus intereses y su propia vida”.

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