El fútbol español ha entrado en una guerra impuesta para dirimir la contienda contra marroquíes (sobre todo muchachos) que desde hace más de un mes invadieron Ceuta buscando sustento. Los chicos no han encontrado trabajo o vida, pero se hallaron ante un país hosco, o por lo menos difícil, cuya actitud ha sido una puerta que ahora es también una especie de cárcel cerca de Marruecos.
Todo ello ha concitado una nueva guerra: la que el fútbol le ha brindado a los que prefieren que los extranjeros de Marruecos (y de otras procedencias) se vayan por donde vinieron. Algunos vinieron por mar, nadando, y más de cien perdieron la vida; otros vinieron por medios variados. La población ha ido creciendo su pasión por verlos partir y eso ha terminado siendo una llamada a la discordia.


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