Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Jueves, 8 de octubre de 1936: El nuevo Palace
¿Es tanto el oro, camarada Koltsov?
Koltsov y Rosenberg estaban instalados en el bar del lujoso hotel Palace. Apenas unos meses atrás esa era, por su cercanía a la carrera de San Jerónimo, la base de cronistas parlamentarios y el termómetro de la actividad congresista. Siempre hubo movimientos en torno a lo que sucedía en las Cortes. Pero la fauna elegante había sido sustituida por milicianos y el edificio hoy servía de hospital de sangre, con combatientes heridos instalados en camas de campaña en el hall.
Pese a ello, el bar seguía acogiendo a los políticos de la retaguardia que necesitaban reunirse con periodistas. Allí camparon a sus anchas los embajadores de Italia, Portugal y Alemania, antes de trasladarse a Lisboa. En lo que llevaban de mes, la actividad diplomática la monopolizaba casi por completo Rosenberg. El embajador había trasladado al Palace los servicios de su embajada, y eso atraía a dirigentes comunistas como José Díaz y la Pasionaria.
Hoy quien se apalancaba en la barra, con el primer gin-tonic del día, era Koltsov. A su lado, serio y con americana clara, estaba Rosenberg. No había mucha más gente en el bar a esas horas tempraneras.
—Está apalabrado que el cargamento salga el día veinticinco de Cartagena. Negrín está conforme, embajador. Queda ahora convencer a Largo Caballero, que se resiste. Pero sabe que no hay opción. Creo que podemos comunicarle a nuestro querido camarada Iósif que esa parte de la operación está siendo un éxito.
—¿Y Francia no se opondrá? —frunció el ceño Rosenberg.
—¿Francia? ¿Dónde está su embajador? Desde San Juan de Luz es difícil hacer nada. Francia retendrá el oro en el Banco de Francia, en Mont de Marsan. Sobre el resto, poco pueden hacer. Y los restantes embajadores son cuatro monos que quedan en Madrid. No pintan nada… —dijo Mijaíl Koltsov, con desprecio—. La próxima reunión del Cuerpo Diplomático será en la embajada de México. ¿Piensa ir?
—Todavía no he recibido invitación, pero, si llega, asistiré. Me interesa saber de qué se habla. Quiero enterarme de quiénes son, exactamente, los refugiados que se esconden en sus embajadas.
—Otra buena noticia es que, cediendo a nuestros ruegos, al camarada Líster se le ha autorizado a formar las primeras Brigadas Mixtas. Largo Caballero ha decretado la integración de las milicias en ellas. Hoy se hace público. Esas Brigadas Mixtas integrarán tres batallones del Quinto Regimiento… Parece que por fin empezamos a tener un Ejército popular como es debido —concluyó Koltsov. Y apuró su copa de ginebra.


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