Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Martes, 13 de octubre de 1936: ¿Y dónde estaban Josep Pla y Adi Enberg?
Josep Pla y Adi Enberg, en ese mes de octubre, se hallaban en Francia. Digamos que el papel de los intelectuales, como el de los civiles, una vez empezados los combates, perdió importancia. Quizá el careo de Unamuno con Millán-Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca fuese el último gesto simbólico, la última revuelta de la inteligencia contra la fuerza.
Los Alberti fueron la cabeza más visible, junto con Bergamín, de la Alianza de Intelectuales Antifascistas que desde el palacio de Spinola publicó lindezas sobre colegas como Sánchez Mazas, en esa sección del El Mono Azul, titulada con crudeza «A paseo». Alberti pasó del neopopulismo de Marinero en tierra, que le elogió Juan Ramón, con el que ganó el premio Nacional de Poesía, y el gongorismo de los años veinte, corriente que nunca gustó a Pla, a un tono político muy acorde con la época. Su Rubicón fue su viaje a Rusia. De él volvió convertido en furibundo comunista. Él, Miguel Hernández y Pablo Neruda fueron poetas emblemáticos del Frente Popular.
Adi y Josep Pla se habían marchado, ya dije, nada más producirse en alzamiento. Ambos partieron rumbo a Francia justo antes de que unos milicianos pasasen en camión a buscar a Pla en casa de su suegro, en Barcelona.
Tuvieron suerte.
En Marsella los esperaba Carlos Sentís, antiguo secretario de Cambó, para invitarlos a comer una bouillabaisse y contratarlos para su oficina de información: el Servicio de Información de la Frontera Nordeste de España. Él les ayudó a encontrar un piso en Cours Joseph Thierry, una calle corta, cerrada, no tan ajardinada como hoy, llena de hotelitos y comercios.
En Marsella, el conflicto español tenía movilizado al Partido Comunista, que se encargaba de asegurar las comunicaciones marítimas entre Europa y la Republica. Mientras llegaba la ayuda soviética, los republicanos compraban armas en el mercado negro europeo. Pero la vigilancia de los observadores de la No Intervención dificultaba su transporte.
Para ayudar a la No Intervención se creó el SIFNE, que recogía información en Marsella para los franquistas. Adi, con sus idiomas y nociones taquigráficas, se quedaba en la oficina, mientras Josep paseaba por cervecerías o restaurantes del puerto y escuchaba lo que se decía de barcos que aprovisionaban al Gobierno español.
Ese doce de octubre gente afín al bando republicano lo vio en el puerto, donde apuntaba entradas y salidas de embarcaciones que aparecían en la pizarra del puerto. La información era valiosa. Servía para hacer estadísticas y resúmenes sobre movimientos de armamento que luego enviaba al Estado Mayor de Mola.
Josep también se acercó a vigilar las esclusas del canal de Ródano, que enlaza La Haya con Marsella, y el canal del Mediodía, medio abandonado, que va de Sète a Toulouse, donde enlaza con el canal del Garona, que llega hasta Burdeos, en el Atlántico, dado que para evitar la vigilancia el transporte de material bélico se hacía en barcos de pequeño cabotaje por los canales.
Eso era, en definitiva, a lo que se dedicaba Pla durante aquel día otoñal del aciago 1936.


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