La narradora de este diario queda encerrada con dos amigos en un piso de la ciudad. Durante casi sesenta días registra de forma obsesiva y minuciosa cada gesto, cada comida, cada intento de hacer música, cada encuentro sexual… Así, mientras el mundo conocido se desdibuja, ella reflexiona sobre la propia escritura.
En este making of Emilia da Silva cuenta cómo escribió Quizá tenga forma de banana (Aristas Martínez).
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Me piden un texto sobre el proceso de escritura de la banana. Mi primer artículo en una revista. Hoy me pongo con ello, le digo a mi editora, y pienso que es extraño escribir sobre el proceso de una novela tan poco definitiva, contradictoria, desobediente y grotesca como es la banana. Es un buen libro, dice mi editora. Si no, no lo habría publicado.
Pero no me piden un texto sobre esa chica o sobre mí, sino uno sobre el proceso de escritura de la banana. De alguna forma, me piden que reconstruya ese pasado, me preguntan ¿cómo fue aquello? Tiempo atrás estudié un extraño y absurdo doctorado en física teórica, es decir, me encanta acumular información, fechas, versiones del texto, notas, montones de datos sobre el proceso. Sé, por ejemplo, que el título de la novela no se me ocurrió hasta el 6 de octubre de 2022 y que no me atreví a pronunciarlo en voz alta hasta una tarde de otoño junto a Víctor. Es un buen título, me dijo. Yo no puedo decirlo sin echarme a reír, contesté.
Disfruto de un mundo ordenado; pero, tristemente, no soy capaz de habitar ese mundo y quizás la banana surja de ahí. Del desgarro. Pudo surgir como este artículo, un texto que habla sobre otro y trata de emular su origen o su forma o significado. Y la palabra texto se parece tanto a la palabra sexo.
Diría que la banana comenzó a tomar forma una noche jodidamente fría de marzo en el pueblo jodidamente fascista en el que yo vivía entonces. Era un pueblo con sus gallinas, sus huertos, sus cabras, sus tiendas y una vecina que siempre me acompañó en la más absoluta y gélida soledad de ese porche, y ese almendro, y los calabacines que acabaron saliendo de su huerto. También había un hombre irrelevante y agresivo que no tiene por qué salir aquí. Y una piscina llena de ratones muertos. Una noche soñé que llovía, la piscina se llenaba de agua y flotaba un cadáver en la superficie. Yo miraba el cadáver flotar y continuaba con mis tareas domésticas, hacía frío, escribía la banana cuando todavía no tenía editora y Plan Z, mi primera novela, seguía inédita en un archivo de mi ordenador rechazada por al menos diez editoriales.
He recordado la piscina y los ratones porque tengo una nota en la que pone desarrollar la idea del cadáver que flota.
Estuve en ese pueblo ocho meses. En esa época empecé a impartir talleres de escritura. Tenía una moto negra, preciosa, enorme, siempre me cagué de miedo al subir en ella. La moto tenía forma de banana y yo también me volvía un poco banana en ella; al menos en mi cabeza era así.
Los datos: las primeras notas de mi segunda novela son del 2020, las primeras 20 páginas que Víctor revisó son de noviembre de ese mismo año, siguen dos años de trabajo, primero en el pueblo y después en una habitación pequeña de Vallecas, luego los comentarios de Víctor sobre el manuscrito completo, un parón de dos años, el sí editorial, las 10.000 palabras que conseguí quitar en Navidad y el trabajo con mi editora. Puedo asegurar que peleamos cada coma y que la banana no existiría sin ella.
Pero falta el momento más importante del proceso. Fue en ese parón de dos años. No recuerdo exactamente cuándo pero un amigo presentaba un libro y Víctor y yo estábamos sentados al fondo de la sala. Al acabar se me acercó una mujer. ¿Eres Emilia da Silva?, preguntó. Sí, respondí. Soy la editora de Aristas Martínez, quiero hablar contigo, me dijo, y me invitó a una cerveza y en una mesa llena de extraños dijo que lo que yo escribía era literatura y que Plan Z era una gran novela; aunque estoy segura de que no lo dijo así, ¿quién le pediría a un escritor fidelidad a lo sucedido?
De hecho, en Aristas Martínez hay otro editor, pero era más sencillo fundir sus figuras en un solo personaje. Hace unos días descubrí que este editor va siempre con un cuaderno de dibujos y que es una de las personas que mejor abraza de este mundo.
La chica del pelo largo acaba de escribirme. Dice que se ha acabado la banana y que quiere saber cuánto de mí hay en ella. También dice que le ha hecho reír.
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Autora: Emilia da Silva. Título: Quizás tenga forma de banana. Editorial: Aristas Martínez. Venta: Todos tus libros.


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