Una posible espía de la corona francesa. Una dama de la corte que se disfrazó de oso bailarín para ver a su amado. Una erudita clave en la vida cultural francesa. Una mujer que se disfrazó de hombre para escapar de prisión. Una condesa casi perdida en la historia que promovió la cultura con su propio salón literario. La primera escritora de La Bella y la Bestia. Una institutriz que se salvó de la ruina económica y encontró su propio final feliz.
Algunas fueron condenadas al olvido, a ese famoso «anónimo era una mujer» de Virginia Woolf; a otras se les robaron sus cuentos, que aparecieron en compilaciones de cuentos de autores como Hans Christian Andersen. Ahora, las conteuses vuelven poco a poco al lugar que la historia les ha robado y sus voces, a pesar de los siglos, conversan con las problemáticas del siglo XXI.
Las vidas de Madame D’ Aulnoy, Mademoiselle de la Force, Marie-Jeanne l’Hertier de Villandon y las demás conteuses que se recogen en esta obra se pueden transformar fácilmente en cuentos plagados de monstruos que, aunque no tengan escamas o colmillos, son igual de amenazadores. Maridos abusivos, familias carceleras, hombres traidores y mentirosos, esos son los personajes a los que estas mujeres se enfrentaron y, en ocasiones, vencieron.
Todos los cuentos recopilados son testimonios de sus preocupaciones y de sus propias vivencias, solo que transportadas a un mundo de fantasía donde entretener, maravillar y, con un poco de suerte, influir en la realidad a través de los cuentos de hadas.
Es posible que al escuchar el término «cuentos de hadas» pensemos en más cuentos en los que estas nunca aparecen que en los que sí, pero para las conteuses eran personajes casi imprescindibles. Las hadas actúan «por encima del bien y del mal en una sociedad dominada por los hombres», casi como diosas paganas y libres para bendecir o maldecir según sus propios deseos. Es una figura femenina poderosa, capaz de cambiar el destino de los seres humanos a su voluntad, de ahí que las conteuses sean conocidas también como «las hadas modernas».
Claro que estas hadas no siempre apoyan a sus protagonistas, pero lo importante de su papel no es ese, sino que son capaces de imponerse a la voluntad de los hombres. En esta compilación, un hada condena a una princesa a un futuro desdichado; o la salva para reunirse con su amado. Otras veces concede todos los deseos a su protegida sin saber a qué destino la condena; o pone a prueba el amor de unos amantes solo para descubrir que en realidad ha beneficiado a todo un reino.
Todos estos actos, estas aventuras y desventuras, desvelan las preocupaciones, e incluso las historias, de las conteuses. En La gata blanca, se ruega a los padres que protejan a sus hijos y no los entreguen a la ligera; en Marmoisan o el engaño inocente se diluyen los roles de género; en Verde y Azul se lucha porque una mujer pueda elegir libremente a su esposo.
Todo nace de familias que no las cuidaron como debían, familias que les arrebataron a sus seres queridos, maridos que casi las arrastraron a la pobreza y un largo etcétera de injusticias que dejaron heridas que sanaron a través de estos cuentos. Leerlos implica, no solo entretenerse o recordar una infancia dominada por la fantasía, sino también dialogar con unas mujeres inteligentes, críticas y luchadoras. Sus moralejas, o más bien los mensajes que quieren transmitir con sus narraciones, no son para adoctrinar: son para revolucionar el pensamiento.
«Tus padres deben cuidarte». «Debes poder elegir libremente». «Mereces que te sean fiel».
Las otras hadas son historias que gritan para que ninguna otra mujer se vea obligada a sortear unos obstáculos que atentan contra su libre albedrío. Las conteuses son narradoras que nos recuerdan que no hay que retroceder ni un paso, que siempre hay que luchar, ya sea con historias, ya sea con disfraces de osos danzarines, ya sea como hadas ingobernables.
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Autora: Gemma Solsona y Marta Ponce. Título: Las otras hadas. Traductora: Blandine Boffet. Editorial: Apache. Venta: Todos tus libros.


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