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Los vampiros no entran si no les dejas pasar

Los vampiros no entran si no les dejas pasar

Alicia y Tirso han fundado Las Manos Tendidas, editorial donde publican los libros que les gustan. Pronto descubren que el entusiasmo no basta. Cuando se reencuentran con una antigua amiga, Carlota, de familia rica, aceptan que entre en el negocio. Lo que empezó como el proyecto de dos amigos pronto se convierte en causa de disputas y resentimiento.

En este making of Recaredo Veredas explica cómo escribió Las tres verdades de Carlota (Sr. Scott).

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El escritor no teme a la muerte, sino a la desaparición. A que su nombre se pierda, a que nadie le edite, le compre ni le reseñe. Así le ocurre a uno de mis personajes, cuyo obituario se queda a medio camino entre los titulares y el olvido. Llevo casi treinta años en el mundo editorial y he visto desaparecer a cientos de autores y editores que, en su momento de gloria, creían ser inmortales. En aquellos años lejanos los editores fumaban Ducados, incluso Winston, y todo se decidía entre humo y whisky. Hoy mandan las reuniones por Teams, la inteligencia artificial escribe sinopsis y reseñas, y los autores van al gimnasio. Lo único que no ha cambiado es el afán, ese deseo loco de reconocimiento que sostiene negocios que casi nunca dan dinero.

Las tres verdades de Carlota es una novela de vampiros, aunque en ella no aparezca ningún colmillo. La abre una cita de Bram Stoker: Bienvenido a mi morada. Entre por su propia voluntad. La primera parte se titula Déjame entrar, porque los vampiros nunca cruzan un umbral si no se les invita. ¿Por qué permiten Alicia y Tirso que Carlota les muerda? Porque la opción que resta es la desaparición y nada hay peor, ni siquiera la muerte.

"Soy materialista y, sin embargo, no comparto las soluciones marxistas. Creo que la respuesta no existe y lo único que resta es la aceptación. El mundo es así, complejo e inexplicable"

Vayamos al contexto: Alicia, una joven de barrio que cree ciegamente en el poder redentor de la literatura, y Tirso, su socio, esteta y convencido de su genio, han fundado en Malasaña una editorial pequeña y prestigiosa, Las Manos Tendidas, que se hunde poco a poco. Entonces reaparece Carlota, una pija desnortada que vuelve de Nueva York tras casi una década, en busca de un propósito. Su familia fabrica armamento. Ellos le abren la puerta. Ella entra.

A partir de ahí, la novela es también un thriller empresarial, con algo de Succession: participaciones, notarios, asesores con traje oscuro, sociedades en Luxemburgo y una familia que enseña a Carlota a mandar. Se debate entre la fidelidad a los suyos y su vocación editorial. También sabe que su dinero salva el proyecto y, al mismo tiempo, lo devora. Alrededor giran Juana, una autora que escribe desde un psiquiátrico, y Newman, un viejo rottweiler, el único ser al que Carlota ama sin matices.

Siempre me han obsesionado las clases sociales: creo que el origen lo determina casi todo y que la clase se hereda. Soy materialista y, sin embargo, no comparto las soluciones marxistas. Creo que la respuesta no existe y lo único que resta es la aceptación. El mundo es así, complejo e inexplicable. Por eso entiendo los motivos de todos: los de Alicia, que también engaña cuando cree que la causa lo justifica; los de Tirso, que solo quiere ser inmortal; y los de Carlota, que termina asumiendo tres verdades. Que es insignificante. Que tender la mano a seres tan pequeños como ella es lo único que da sentido a la literatura. Y que, aunque se equivoque, debe defender lo suyo.

"Lógicamente, tengo mis referentes, aunque los auténticos son aquellos que el lector identifica, haya pensado o no yo en ellos"

El origen de todo fue mi tinnitus, que convertí en la respiración de una muerta que persigue a los vivos. No es la única presencia de lo inefable. También hay presagios, sueños compartidos y una llamada de madrugada que solo dice: «Os vamos a matar». Hay universos paralelos, como un viaje al Ártico que los personajes cancelan y que la novela cuenta igualmente, como si hubiera pasado. Quizá ocurrió. Y están las capas más profundas del subconsciente, esas a las que nunca tenemos acceso, donde guardamos lo que olvidamos y el odio que no confesamos.

Aprendí a escribir en la Escuela de Letras y después tuve que desaprender. Desde entonces busco una mezcla difícil: claridad y estilo. Que cada frase se entienda a la primera, pero que tenga música. Que la novela funcione como artefacto, entretenga y que el lector quiera pasar una página tras otra, sin renunciar a la ironía. Lógicamente, tengo mis referentes, aunque los auténticos son aquellos que el lector identifica, haya pensado o no yo en ellos. Bertold Brecht, Lars von Trier, Javier Marías, Vladimir Nabokov y Patricia Highsmith siempre me acompañan. También Houellebecq, aunque a veces se me indigesta.

Ojalá os guste. Y si os gusta, dejadla entrar y que os muerda en el cuello.

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Autor: Recaredo Veredas. Título: Las tres verdades de Carlota. Editorial: Sr. Scott. Venta: Todos tus libros.

5/5 (1 Reseña)
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