Eneas con el cuerpo a cuestas de su anciano padre huyendo de Troya en La Eneida de Virgilio; Ada Salas con el cuerpo a cuestas de su madre en los versos de Gramática locura (Pre-Textos, 2026). Un inefable dolor, que altera la gramática, recorre este nuevo libro de la poeta extremeña. El título nos remite a Extracción de la piedra de la locura, tanto a la pintura del Bosco, al que cita, como al poemario de Alejandra Pizarnik, en el que la argentina bordeaba las posibilidades del lenguaje para refractar la experiencia compleja de la locura y la alienación. Con este enlaza en ese deslizarse por los filos del lenguaje para abrir la sintaxis y la semántica, eviscerando la impotencia de ambas para expresar la experiencia de la demencia y la muerte materna.
Quizá por ello, uno de los aspectos más relevantes de este libro es la tensión y torsión del lenguaje en tanto reflejo no sólo de la comunicación alógica e incongruente con una madre que parece hablar únicamente con unos personajes que habitan en su memoria desorientada y su regresión infantil:
“communicare: lo que puede
hacerse en común. Ella mueve
su mano
derecha hacia algo hacia alguien que no vemos no oímos
no somos
nosotros.”
Pero también es reflejo de la incapacidad del lenguaje para evidenciar y confirmar una vivencia, como si las palabras y la sintaxis disfrazasen la realidad para hacerla soportable:
“-en qué
estaría pensando yo idiota yo creía el lenguaje
ordena el universo-”
O
“hablo bien la corrección
sintáctica. La sintaxis
consuela.”
Tampoco la poesía ni la escritura remedian la estrechez del aire que asfixia la palabra, cuestionando su fe en ellas:
“la poesía es lo libre hacemos
ese trato. Y aquí vienen
los peros quién dijo
las palabras son luz y la luz
no obedece las palabras
(…)
la ira de las musas calentando motores ves sí
frases hechas no quieres
pues te vas a tener que aguantar
me sale pues te jodes eso sí”
Ada Salas va más allá con este poemario en la medida en que quiebra abruptamente las reglas lingüísticas para reproducir la fractura entre el pensamiento y el habla, así como el mosaico imposible de una conversación materna. Los versos breves, los violentos encabalgamientos, las alteraciones sintácticas y las reiteraciones junto a la escasez de puntuación y mayúsculas y la ausencia de títulos, configuran un largo poema fragmentado, que rehúye las estructuras preestablecidas. Se trata de un libro que se aleja de las convenciones y donde el poema se encuentra entre el decir y cómo decir aquello que tampoco sabe cómo decirse, porque habita entre la vida y la muerte, un deterioro cognitivo, que, como un limbo, acoge un cuerpo suspendido en los límites del lenguaje, en clara sintonía con María García Zambrano y Su cuerpo habla. Porque Gramática locura deja tras de sí la constatación de la deuda cultural con la racionalidad y su expresión lingüística para configurar el mundo y sus vínculos y la propia identidad: “Me llevo esa palabra. La coloco / en el puzzle no ajusta/ con ninguna.”
El sufrimiento por y de la madre, muriéndose ya en el primer poema, se desplaza de lo cotidiano al verso para esbozar el fracaso del lenguaje. El libro se entrega así a una ambivalencia entre la ternura y el temblor, entre el amor y el agotamiento de la cuidadora, sostenida en una alternancia medida entre diminutivos (mamita, cuerpito, vasijita, lombricita), canciones infantiles (“aserrín/ aserrán / pasillito de sanjuán’), palabrotas (“hijoputa cabrón” “hasta el culo de muerte”), muletillas, refranes (“ojos que no ven corazón que no siente”) y frases hechas (“mi mamá no me mima”) que, como la sístole y la diástole del corazón materno, bombean el corazón de este libro. Estos recursos se anudan al léxico lingüístico (metáfora, sintaxis, perífrasis, deícticos, verbos irregulares, conjunción adversativa, sustantivos, adverbios, pronombres, atributo, sinónimo…), que germinan como un hiperónimo actuando de urdimbre sobre la que se da cuenta de su inutilidad para disolver tanto dolor, un campo semántico del que no puede liberarse:
“la cáscara
vacía
del lenguaje
no puedo
digerir
lo que me dices”
El uso de la cursiva sustenta y amplifica estos recursos, mientras intenta reproducir un diálogo imposibilitado, en ocasiones expresión del habla coloquial, perceptible por ejemplo, en estructuras que se repiten alterando la persona verbal, para distanciar e identificar a la voz poética y a la madre: “termina ya de veras no puedo respirar” y, en otro poema, “lechucita del tiempo termina ya de veras no puede respirar”. El lenguaje estúpido e incomprensible, de cuyas zarzas trata desesperadamente de desatarse, retorna poco a poco tras la muerte de la madre para volver a ajustarse, porque “un final puede ser / infinitivo”, y:
“hoy hace qué más da
que mi madre se ha muerto.
Madre mi muerta mi. Tenía
que escribirlo que mi madre
se ha muerto”.
El lenguaje se torna imprescindible para un despedirse que implica un haberse encontrado.
Este diálogo accidentado con la madre parece trasladarse, en cambio, a otro con poetas y escritores, en los que la poeta parece encontrar espejo y refugio: Jorge Manrique y su vita flumen, Cervantes, María Zambrano, Celan, Rimbaud, Machado, Lorca, Rosales. También Homero y su Ilíada a quien reta a que cante su cotidianeidad, su cansancio y su sufrimiento, una épica acaso mayor que la de Príamo al rescatar el cadáver de Héctor. Las referencias al mundo grecolatino no son pocas: Niké, Zeus, Orfeo, Escila y Caribdis, Saturno, estelas latinas… que nos evocan a su anterior Arqueologías (Pre-Textos, 2023) y nos recuerdan la perpetuidad del dolor ante la pérdida de los seres queridos.
En Gramática locura, Ada Salas sobrecoge con una poética híbrida en su estética que cimbrea entre la vanguardia y lo figurativo con la maestría de quien domeña el lenguaje para rozar lo que en el abismo del ser humano palpita. Este libro se sostiene en la paradoja de una escritura que hace visible su propia insuficiencia e incapacidad, desnudando su fragilidad y sus límites, revelando, a la vez, su necesaria existencia. Aunque el lenguaje no pueda recomponer la pérdida, a él se entrega en tanto la gramática puede ordenar el mundo. Ada Salas lleva a su madre en cada verso para salvar(la d)el derrumbe, como lo hizo Eneas al huir de Troya con su padre.
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Autora: Ada Salas. Título: Gramática locura. Editorial: Pre-Textos. Venta: Todos tus libros.


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