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A propósito de Alice Kellen

A propósito de Alice Kellen

La idea para esta breve nota surgió de la lectura de un artículo de Begoña Gómez Urzaiz —autora, además, del fabuloso ensayo Las abandonadoras—.

En dicho artículo, Gómez Urzaiz reflexionaba acerca del hecho de que autoras híper-ventas —como Elísabet Benavent, Luz Gabás, Joana Marcús o Megan Maxwell, aparte de la propia Kellen— apenas tuvieran impacto en los medios de comunicación o, al menos, en los medios supuestamente respetados y sofisticados (léase «suplementos culturales»).

En otras palabras, el texto de la autora de Las abandonadoras volvía a incidir en la ya clásica querelle entre ficción literaria (o «literatura literaria», una denominación abominable y extraña donde las haya) y la literatura comercial, como si de dos universos imposibles de comunicar se tratase; como si ventas y calidad no pudieran ir nunca de la mano, lo cual no es ni mucho menos verdad.

"Cabe señalar que Alice Kellen es el pseudónimo una autora valenciana que ha cautivado a más de un millón de lectores"

Entre otras cosas, me llamó la atención una cita de Lola Gulías, editora de ficción de Planeta: «El día que vea una reseña de una autora romántica en un suplemento cultural, alucinaré».

En ese momento se me encendió la bombilla; me dije que sería divertido, por una parte, reflexionar sobre una «autora romántica» en un entorno sofisticado y libre de prejuicios, como es esta casa y, por otra, recordar —parafraseando el título del clásico de Luis Sepúlveda— que somos muchos los viejos que leemos novelas de amor.

Para quien no haya oído hablar de ella, algo ya tremendamente improbable, cabe señalar que Alice Kellen es el pseudónimo una autora valenciana que ha cautivado a más de un millón de lectores. Aunque el género que cultiva suele englobarse dentro de la novela romántica, creo que sería más ajustado señalar que su obra está más relacionada con la «novela de sentimientos». Por supuesto que hay romance en sus trabajos, pero resultaría injusto y desacertado limitar sus aportaciones a este enfoque.

Admito que llegué a Kellen por casualidad.

Su nombre surgió por segunda vez en el transcurso de una conversación informal con editores. Resulta, y era un dato que yo desconocía, que tanto ella como yo habíamos publicado en la misma editorial antes de saltar a nuestro actual grupo editorial (también el mismo).

"Mi primera toma de contacto con su obra fue El mapa de los anhelos… y ahí llegó la sorpresa"

La primera vez que había oído hablar de ella fue días antes de esa conversación, cuando un buen amigo y compañero escritor me comentó que ella también formaba parte del catálogo de representados por su agente literario.

Así que, fiel a la idea de que el azar no existe, y porque me sentía un poco culpable por no conocer a una autora que estaba en boca de todos, decidí investigar sobre la escritora de la que había oído hablar dos veces con apenas unos días de diferencia y a la cual yo aún no conocía.

Sentí un poco de alivio al descubrir que mi desconocimiento, no intento disculparlo, se debía a que Kellen cultivaba un género que, a priori, no era mi tipo de lectura. Mi primera toma de contacto con su obra fue El mapa de los anhelos… y ahí llegó la sorpresa.

Descubrí a una autora con una sensibilidad extraordinaria; referencias cultas; un manejo de la narrativa fabuloso y un potente diseño de personajes… En resumen, entendí que me encontraba ante una narradora de primera división bajo un envoltorio de literatura cercana y accesible.

"No tengo el menor reparo en admitir que sus novelas consiguen emocionarme más que muchas otras propuestas de las «vacas sagradas» del panorama literario"

Como autor, no me cansaré de insistir en lo difícil que resulta conectar con lectores de amplio espectro, por lo que sólo puedo aplaudir la labor de Kellen (y sentir un poco de sana envidia).

Después de El mapa de los anhelos llegaron otras lecturas, como El día que dejó de nevar en Alaska, El chico que dibujaba constelaciones, etc. Más allá del elemento romántico —que, dicho sea de paso, resulta adorable—, pude constatar la fuerza de sus letras y la impresión de hallarme ante una escritora hábil y refinada, que domina a la perfección el mundo de los sentimientos.

No tengo el menor reparo en admitir que sus novelas consiguen emocionarme más que muchas otras propuestas de las «vacas sagradas» del panorama literario. También pienso que resulta muy saludable acercarse a los libros de manera des-prejuiciada y poder disfrutar de infinitos planteamientos y estilos.

Ahora que llega a las librerías la nueva novela de Alice Kellen, La teoría de los archipiélagos (Planeta), una obra sobre el amor y el paso del tiempo, creo que el mayor homenaje que se le puede rendir es invitar a todos a su lectura. Y también recordar de paso que, en general, sin corbata se respira mejor.

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