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A propósito de Strindberg

Hace casi 40 años los restos del rey Alfonso XIII fueron recibidos en Cartagena por más de diez mil personas según explicaba en el diario La Verdad el historiador Luis Miguel Pérez Adán. En 1912 más de 50.000 personas despidieron a August Strindberg en Suecia (el entierro más multitudinario que se recuerda en el país). Nunca ganó el Premio Nobel de Literatura, aunque en el año de su deceso la sociedad de su país le otorgó un «Nobel popular».

Se cumplen hoy, 14 de mayo, 105 años del fallecimiento del escritor (conocido principalmente por su trabajo dramático) a causa de un cáncer de estómago. Aprovechamos esta efeméride para repasar su trayectoria.

Además de tener una formación discontinua en la Universidad de Upsala, August realizó diversos trabajos en su juventud: maestro, actor, telegrafista, periodista o bibliotecario (en la Biblioteca Nacional de Estocolmo).

Desde sus primeros años las crisis nerviosas y psíquicas marcaron su biografía que llenó con varias relaciones matrimoniales tormentosas (con las actrices Siri von Essen  y Harriet Bose y la periodista Frida Uhl) y contradicciones morales aupadas por la duda. Fruto de esas contradicciones se alza por un lado su marcada misoginia que convirtió a la mujer de todas sus obras en “la mala de la película”, y por otro, su amor y respeto hacia las féminas, que nunca hasta ese momento en la obra de ningún otro dramaturgo habían sido construidas tan bellas, inteligentes y poderosas.

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Se podría decir que su producción teatral nace como afrenta contra el romanticismo de la época y lo hace apostando por obras de tinte mucho más naturalista. Aunque se confesó en muchas ocasiones como alumno de Ibsen, pronto se desmarcó de la influencia de su maestro, y le desbancó en el pódium como mejor dramaturgo sueco.

Sus primeras obras, La cámara roja (sátira de la sociedad de la época), El padre (obra que resalta la crueldad que habita el concepto de matrimonio) y La señorita Julia (un texto en el que se desborda la sexualidad entre clases sociales y con la que se inicia el teatro moderno europeo), están marcadas por un tono realista.

Sufrió en París a finales del siglo XIX un periodo de dos años en los que el desengaño amoroso (dos divorcios consecutivos) y la enfermedad protagonizaron su cimbreante trayectoria personal. Tras estos meses publicó una autobiografía, Infierno, en la que relató los años en que estuvo mentalmente incapacitado.

Con el cambio de siglo Strindberg va dejando atrás el realismo y bebe de las vanguardias literarias (simbolismo, expresionismo) y de un carácter religioso. El sueño y Espectros, además de obtener un gran éxito en aquel momento, abren paso hacia una vanguardia escenográfica que olvida las convenciones de tiempo, espacio y acción y que se concretará en el teatro del absurdo. Con La danza de la muerte el autor vuelve temporalmente al realismo para dar cuenta de la cruenta historia de un matrimonio abandonado a su suerte en una isla.

Es innegable la huella strindbergiana en la obra de autores como Pirandello, Ionesco, O’Neill, Harold Pinter o Peter Weiss.

Las obras de Strindberg han gozado siempre de buena salud en nuestro país. El padre se llevó a escena en 1894 y posteriormente en 1978. La señorita Julia se representa con alta periodicidad desde 1909.

La noche de las tribadas 

Daniel-Perez-Prada-Miriam-Montilla-Jesús-Noguero-Manuela-Paso©-Vanessa-Rabade-p-750x664

La noche de las tribadas, una obra de Per Olov Enquist, es un drama protagonizado por Strindberg. La trama aborda un ensayo de uno de sus textos (La más fuerte) en teatro. La noche de las tribadas es la obra teatral sueca más traducida y representada en el siglo XX.

En noviembre de 2016 se llevó a la escena española una nueva versión de esta obra en el Teatro Kamikaze interpretada por Jesús Noguero, Manuela Paso, Miriam Montilla y Daniel Pérez Prada.

La obra discurre en unas horas de ensayo de la obra La más fuerte. Strindberg ha escrito esta obra (protagonizada por su mujer, Siri, de la que está en proceso de separación) con la intención de ganar algo de dinero y de recuperar a su mujer, permitiéndole este nuevo debut teatral, profesión que ella abandonó al casarse.

Siri, actual directora del Teatro Dagmar, interpretada por una espléndida Manuela Paso, ha elegido a Marie, Miriam Montilla, como coprotagonista muda de la obra. August, al ver a Marie sobre las tablas, estalla, pues es ella la causa de su divorcio. Lesbiana y alcohólica, como ella misma confirma durante la obra, sedujo a su mujer en la casa en la que los tres convivían. No se habían vuelto a reunir los tres desde la noche de las tribadas, una noche de celebración orquestada por August para despedir a Marie, que ya había comenzado a ser señalada en el pueblo por el pecado de ser libre sexual y emocionalmente.

Todo estalló en la noche de las tribadas y la tensión vuelve a despuntar en este último ensayo de la obra de Strindberg, que no es más que la puesta en escena de esa cesión del poder del hombre.

En aquella noche y en este ensayo, August cede el protagonismo, a su pesar, a dos mujeres que desean vivir emancipadas y libres.

Testigo de esta escena, como el espectador en su butaca, Vigo Sivi, en la piel de Daniel Pérez Prada, actor contratado como director del espectáculo, que se pondrá sin dudarlo, del lado del misógino dramaturgo cada vez que su virilidad es cuestionada.

Imágenes:

Retrato de Strindberg e imagen promocional de La noche de las tribadasDaniel Pérez Prada-Miriam Montilla-Jesús Noguero-Manuela Paso © Vanessa Rabade )

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