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Adaptaciones europeas setenteras (XIII): Los duelistas

Adaptaciones europeas setenteras (XIII): Los duelistas

En esta serie de artículos reseño algunas de las películas más representativas, adaptaciones europeas de los años setenta. Traslaciones al cine de obras literarias de autores como L. P. Hartley, Arthur Conan Doyle o Anthony Burgess. Por supuesto, cada selección es subjetiva y arbitraria. No obstante, con ella, trato de dibujar un panorama amplio en el que se ve cómo escritores de épocas, estilos y ámbitos lingüísticos muy distintos han sido adaptados al cine de formas tan diversas como incluso antagónicas, en función de las poderosas personalidades de los cineastas que los han adaptado (en la mayor parte de casos siendo directores-guionistas): Losey, Wilder, Kubrick, Hitchcock, Mankiewicz o Fassbinder.

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Los duelistas

(The Duellists, 1977)

Se podría escribir un nutrido ensayo sobre las múltiples adaptaciones al cine de la magnífica obra literaria de Konrad Korzeniowski, rebautizado para los lectores ingleses como Joseph Conrad (1857-1924), de quien Borges decía había escrito el mejor relato de la historia de la literatura, El corazón de las tinieblas (1902) —prodigiosa novela corta que inspiró a Coppola Apocalypse Now (1976-79)—. Pienso en las más célebres novelas de Conrad, El agente secreto (1907), de la que hay dos versiones fílmicas, una muy inspirada de Hitchcock, Sabotaje (Sabotage, 1936), y otra algo arrítmica de Christopher Hampton de 1996; Desterrado de las islas (Outcast of the Islands, 1952) en la que Carol Reed adapta un relato de Conrad poco conocido; Lord Jim (1900), llevada al cine de manera desigual por Richard Brooks en 1965; o The Rover, de quien Terence Young rodará una versión crepuscular en 1966, El aventurero (L’avventuriero / The Rover). No me olvido de las adaptaciones irrealizadas. Para su debut en cine Orson Welles escribió en 1939 un guión de El corazón de las tinieblas, pero no llegaría a rodarse, pese a que el genio ya tenía creadas las maquetas de los decorados.  Nostromo (1904) fue el proyecto frustrado de David Lean, pues en 1986 encargó a Robert Bolt y Christopher Hampton un guión que tras innumerables correcciones concluyeron en 1991, año de la muerte del cineasta. 

"El interés de Conrad por la época napoleónica le viene de familia: un tío abuelo suyo fue subteniente en el ejército de Napoleón"

Queriendo emular a otros cineastas ingleses de prestigio, el realizador publicitario Ridley Scott decidió debutar en el cine con Los duelistas, una adaptación de un relato de Conrad de apenas cien páginas, El duelo (1907). Scott siempre se ha confesado admirador de Conrad (como homenaje al escritor la nave espacial de Alien se llama Nostromo) y el resultado aquí es muy satisfactorio. Conrad, de origen polaco (aunque nació en una localidad que por entonces formaba parte del Imperio Ruso y que actualmente es territorio ucraniano) se hizo marino mercante, nacionalizándose británico. Su aliento aventurero es propio de las historias marinas que le tocó vivir, empero en el caso de El duelo, ambientada en la Francia de 1800, la fuente es otra. Su interés por la época napoleónica le viene de familia: un tío abuelo suyo fue subteniente en el ejército de Napoleón. Contaba Conrad que la idea del relato le sobrevino cuando leyó en un diario de la Francia meridional que dos tenientes de húsares se batían en duelo constantemente, en medio de las guerras napoleónicas, por una trivialidad que devino en obsesión.

"Scott lo filma con una estilizada fotografía, cambiando sistemáticamente las direcciones de la luz en la misma secuencia, jugando con el contraluz"

Scott narra del mejor modo la denodada rivalidad entre los húsares D’Hubert (Keith Carradine) y el obsesivo Feraud (Harvey Keitel), motivada por un desliz estúpido, cómo se prolonga en el tiempo y en el espacio, con duelos a espada clandestinos, a campo abierto, al margen de las batallas (Napoleón había prohibido los duelos en su ejército). Scott lo filma con una estilizada fotografía, cambiando sistemáticamente las direcciones de la luz en la misma secuencia, jugando con el contraluz —véase el duelo a caballo, por ejemplo— y aislando a los dos personajes en unos planos cerrados, agobiantes, casi herméticos, logrando transmitir la enorme soledad que embarga a ambos húsares. El duelo final en lo alto de la colina, con el meandro del río de fondo, la luz solar declinando y silueteando a los duelistas sables en alto, es uno de los planos-secuencia más bellos y complejos de la historia del cine. 

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Dirección: Ridley Scott (South Shields, Tyne and Wear, Inglaterra, 1937). Guión: Gerald Vaughan-Hughes, a partir de la novela The Duel, de Joseph Conrad. Fotografía: Frank Tidy. Música: Howard Blake. Dirección Artística: Bryan Graves. Diseño de producción: Peter J. Hampton Montaje: Pamela Power. Producción: David Puttnam. Intérpretes: Keith Carradine, Harvey Keitel, Albert Finney, Edward Fox, Cristina Raines, Robert Stephens, Tom Conti, John McEnery, Diana Quick, Alun Armstrong, Maurice Colbourne, Gay Hamilton, Meg Wynn Owen, Jenny Runacre, Alan Webb, Arthur Dignam, Matthew Guinness, Dave Hill, Neville Jason, Timothy Penrose, William Morgan Sheppard. Nacionalidad: Reino Unido. Duración: 100 minutos. Color.

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