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Ahora se entiende

Ahora se entiende
 
Buena noticia cuando en una novela ambientada en el territorio alemán donde se libró la Segunda Guerra mundial y donde se conjuga la historia con la fantasía verosímil no aparece ningún campo de concentración ni hay asomo de personajes secundarios en los que se cifren las esperanzas de los represaliados: ni camareras, ni fotógrafos, ni falsificadores, ni niños con pijamas de rayas, ni bibliotecarias… La guerra, en suma, que no es poco. Walter Kempowski (Rostock, 1929-2007) dejó listo un año antes de morir este testamento literario que, más allá del éxito de ventas que supuso en su país de origen, ha acabado convertido en uno de los más elegantes ajustes de cuentas que los alemanes emprendieron al mirarse al espejo deformante de su historia reciente. Se vieron así, deformados por el rencor, la vergüenza y el orgullo herido, pero en algunos casos, como el que nos ocupa, han tratado de reparar aquel azogue herrumbroso con la pátina de la entereza y la serenidad que acompaña a las tragedias ya amainadas, diluidas en los contornos y azuladas por la distancia con los hechos ocurridos.

 

"Se dice que a menudo una novela cuenta mejor que varios libros de historia lo que verdaderamente acontece"

La historia de los últimos días de la mansión Georgenhof, en la Prusia Oriental, durante los momentos que iban a servir de canto de cisne del Régimen nazi, se convierte en muestrario de las distintas formas que adopta el pueblo alemán ante lo que empezaba a ser un secreto a voces: Alemania estaba a punto de ser —nuevamente— derrotada y represaliada por las fuerzas aliadas que combatían contra todo lo que había supuesto el Tercer Reich. En la hacienda, convertida en uno más de los personajes principales desde el inicio mismo de la historia, conviven Katharina von Globig, su hijo Peter y Helen Harnish (la tiíta), una tía lejana que hace las veces de ama de llaves y tutela el devenir diario de la finca, situada muy cerca de Mitkau. Además de dos criadas ucranianas y un hosco peón polaco, también subsiste el recuerdo de Elfie, la hermana pequeña de Peter, fallecida dos años atrás. Por lo que respecta a Eberhard von Globig, el dueño de Georgenhof, estaba destinado al frente italiano, pero ni en la guerra había perdido su condición de noble funcionario guillermino que adquiriera desde 1905. Ahora la casa ya había vivido una Primera Guerra Mundial y estaba viviendo la Segunda. No diremos padeciendo, puesto que los rigores marciales de las refriegas entre nazis y aliados (rusos sobre todo, que avanzaban por el Este) llegaban a la mansión como un eco, o más bien como el sonido amortiguado que harían los vecinos en una mudanza varios tabiques más allá, sin riesgo pero con curiosidad por la novedad que llega al barrio.

Corre enero de 1945, y a la mansión tan pronto llegan como se van —siempre en retirada— algunos personajes que trasladan su visión de los acontecimientos, desde la joven violinista nazi, pasando por el aristócrata báltico, un economista, así como visitas cotidianas de los lugareños con mayores o menores cargos de responsabilidad en la comunidad. Pero lo que precipitará los acontecimientos es la llegada de Erwin Hirsch, un judío que lleva cuatro años prófugo evitando la deportación y desde luego la muerte. Entre todos tejen un tapiz de sensaciones, opiniones, emociones y testimonios alrededor del conflicto bélico que está teniendo lugar a medio palmo de sus narices. El relato avanza de un modo objetivo, por el simple peso de la vida que se cruza tras los muros de la casa familiar de los Goblig, tan ajenos como muchos otros de sus compatriotas alemanes de provincias sobre el verdadero transcurrir de la guerra, sin apenas vislumbrar el derrumbe que se avecina a todas luces. Es la misma mirada con la que el pequeño Peter contempla los acontecimientos, con una curiosidad infantil que guarda en su inocencia lo que más tarde será recuerdo dramático de por vida.

"Kempowski diluye el dolor personal y entrega con Todo en vano una novela que explica como pocas el gesto de cobardía y falsa ilusión del pueblo alemán"

Se dice que a menudo una novela cuenta mejor que varios libros de historia lo que verdaderamente acontece. Bien lo sabemos por Galdós y Balzac. A ellos se une el relato de Walter Kempowski, que ya había convertido en crónica novelada y rescatado en forma de monumental compilación (diez volúmenes) los testimonios orales y escritos sobre la Segunda Guerra Mundial en las respectivas Deutsche Chronik y Das Echolot. A pesar de haber pasado algo más de ocho años en las cárceles de la RDA acusado por los rusos de espionaje, Kempowski diluye el dolor personal y entrega con Todo en vano una novela que explica como pocas el gesto de cobardía y falsa ilusión del pueblo alemán, seducido por el aparato propagandístico de Joseph Goebbels y alucinado por el populismo nacionalista del desquiciado Führer, con el consiguiente traspaso comunitario de su propia paranoia a sus fieles seguidores, fanáticos en toda regla, como mandan los cánones. Es entonces cuando la inconsciencia premeditada pasa a convertirse en horror generalizado. El sentimiento de que el esfuerzo ha sido para nada, de que el deseo no ha pasado de ser mera esperanza sin materialización, en fin, de que todo ha sido en vano, dota de sentido al testamento literario de Walter Kempowski. Ahora todo se entiende un poco mejor.

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Autor: Walter Kempowski. Título: Todo en vano. Traductor: Carlos Fortea. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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