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Andalucía en la obra de Juan Eslava Galán

En las páginas del maestro se esconde un relicario de la memoria, una caja delicada de maderas aromadas y preciosas donde se guarda lo que acaso sea Andalucía. Un cofre literario donde los siglos se escapan con huidiza elegancia. Dentro de sus novelas suena el tiempo en el fondo de ánforas llenas de aceite de la Bética, en las fuentes de la Mezquita de Córdoba y en los surtidores de la Alhambra. La tinta de sus libros huele a paisajes de viñedos y olivares. Con él hemos paseado por un horizonte de castillos de frontera y torres-vigía pespunteados en los campos profundos de la Andalucía. Siguiendo el camino de sus páginas hemos contemplado esos atardeceres en los que se confunden las luces y se adivinan las sombras de antiguos soldados que recorren los caminos de guardia en los territorios fronterizos donde cristianos y musulmanes batallaron durante siglos. Su prosa nos ha recordado los versos del Romancero viejo con historias de reyes moros que perdían sus tierras y que lloraban desconsolados como en la canción del poeta Juan del Encina. Aunque nadie como él haya contado las tragedias de esta tierra como si fueran un tratado de exquisito humor e ironías. Con una mirada no exenta de crítica porque observa con la lucidez de la inteligencia y el dardo certero del sarcasmo.

"Juan Eslava Galán nos ha paseado entre juncos, tarajes, olivares y dehesas hasta descubrirnos el olor del mar, ese soplo de marea que ya se intuye en Sevilla"

Pocos como él nos han desvelado el hojaldre histórico que es la secreta metáfora de Andalucía: las distintas capas superpuestas del tiempo en las que van apareciendo mezquitas que antes fueron sinagogas y que después resultarían iglesias. Por eso, el bronce de las campanas a veces suena a canto de almuecín. Con él hemos recorrido el río color de aceite viejo desde que nace en la sierra de Cazorla, el bosque más denso del continente, y va a morir en el coto de Doñana, la mayor reserva de la biosfera de Europa. Porque él ha dedicado ensayos, libros de viajes, recreaciones históricas y múltiples fragmentos de novelas al Guadalquivir, arteria de Andalucía. Como el autor triestino Claudio Magris recorrió el Danubio y escribió un gran libro que indaga en las fronteras de varios géneros, Juan Eslava Galán ha dado prestigio a nuestro Guadalquivir convirtiéndolo no en el gran río de Europa, sino en uno de los cauces por donde navega el devenir del mundo.

Juan Eslava Galán nos ha paseado entre juncos, tarajes, olivares y dehesas hasta descubrirnos el olor del mar, ese soplo de marea que ya se intuye en Sevilla. Y en el camino de ese Guadalquivir, eje y encrucijada histórica de Andalucía, nos ha descubierto su naturaleza de río cultural, de paisaje de civilizaciones como Tartesos, de la mítica Atlántida, de la Bética, la Córdoba califal y así hasta convertirse en el río que nutrirá de oro y plata al imperio español siendo la puerta del Nuevo Mundo.

"Juan Eslava Galán es el escritor que mejor ha narrado el prestigio histórico de Andalucía. Es nuestro gran valedor frente a tanto hartazgo de novela de Madrid o Barcelona con ese localismo que venden como universal y cosmopolita"

La extensísima obra de Juan Eslava Galán es uno de los grandes edificios arquitectónicos de nuestra literatura. A su manera ha hecho unos grandes Episodios Nacionales como los de Galdós, pero abriendo el abanico de los siglos, porque sus novelas no se centran en un siglo sino que se remontan a tiempos muy antiguos. En sus libros hallamos recuerdos de los íberos y fenicios, de la Bética romana y Al Andalus, de las batallas de la reconquista y la gloriosa Castilla Nueva que se adentra en el primer Renacimiento, de los litorales andaluces de los que parten las naves a las Indias, de las ciudades de perfiles barrocos y gloriosos y así hasta adentrarse en la época contemporánea para contarnos la gran tragedia de la Guerra Civil para que no le guste a nadie, es decir, como hay que contarla: sin buenos ni malos, con sus contrasombras, con rigurosidad y valentía.

Juan Eslava Galán es el escritor que mejor ha narrado el prestigio histórico de Andalucía. Es nuestro gran valedor frente a tanto hartazgo de novela de Madrid o Barcelona con ese localismo que venden como universal y cosmopolita. Porque en los libros de Eslava Galán siempre hay una referencia a Andalucía, un personaje andaluz, un episodio sucedido en el Sur. Y no sólo porque es andaluz. Él no fuerza los argumentos históricos. Le salen así porque aquí, en el Mediodía español, es por donde han pasado verdaderos episodios estelares de la humanidad, como diría Stefan Zweig.

"El paseo incluye los enclaves romanos, pero también los prerromanos, es decir, la Andalucía romana e ibérica. Las verdaderas raíces de Andalucía que, como argumenta Eslava, son más romanas que árabes"

¿Por cuál de las Andalucías de Eslava Galán podemos comenzar? Cualquiera de sus libros escogido al azar nos adentra en paisajes históricos andaluces. Elijamos, por ejemplo, uno de sus libros de viaje: Las ciudades de la Bética. Colección Ciudades Andaluzas en la Historia (Fundación José Manuel Lara, 2012). En esta obra presenta a dos amigos aficionados a la arqueología que recorren la antigua Bética. Esta técnica narrativa del paseo, de la divagación, del viaje, del road-book es muy habitual en sus libros. Se convierten así en obras en marcha, amenos peregrinajes literarios. Precisamente, con su buen amigo el también escritor Paco Núñez Roldán escribió el libro Andalucía. Notas de andar y ver, lleno de jugosos vagabundeos, de paseos y reflexiones para componer una experiencia vital y literaria. Casi una autobiografía a través del paisaje.

Pero volvamos a Las Ciudades de la Bética. Eslava Galán nos lleva en este libro por Hispalis (Sevilla), Itálica, Baelo Claudia (Bolonia), Acipino (Ronda la Vieja), Carmo (Carmona), Astigi (Écija), Urso (Osuna), Malaca (Málaga), Gadir (Cádiz), Cástulo, Carteia o la capital de la Bética, Corduba (Córdoba). El paseo incluye los enclaves romanos, pero también los prerromanos, es decir, la Andalucía romana e ibérica. Las verdaderas raíces de Andalucía que, como argumenta Eslava, son más romanas que árabes.

"Porque esa es otra de las marcas de la casa: Eslava Galán es un gran conocedor del pasado, pero no cuenta la Historia como un divertimento de aventuras de falsete. Escribe sobre el ayer para entender el presente"

En el libro repasa la historia y el arte y también las costumbres sin olvidar la gastronomía y, por supuesto, los escenarios de la vida cotidiana, todo ese fresco que hace tan vivísimo cualquier relato del maestro. Nos lleva de tiendas por Itálica, asistimos a banquetes romanos regados con óleum de la Bética, entramos en pícaros lupanares, contemplamos peleas de gladiadores en anfiteatros de los que ya sólo quedan piedras, polvo y silencio. Y siempre con el guiño inteligente y cómplice al lector actual como cuando los paseantes por la Bética hacen irónicas referencias a la actualidad en la que creen ver síntomas de decadencia. Porque esa es otra de las marcas de la casa: Eslava Galán es un gran conocedor del pasado, pero no cuenta la Historia como un divertimento de aventuras de falsete. Escribe sobre el ayer para entender el presente. Rescato una de sus frases: «Creo que el secreto para que la historia llegue a la gente está en contar las cosas que ocurrieron hace 2.000 años como si hubieran ocurrido ayer y, viceversa, contar lo que ocurrió ayer como si hubieran pasado 2.000 años; al menos, es lo que suelo hacer cuando escribo de la antigüedad o de la historia reciente».

Hay en este libro —Las ciudades de la Bética— algunos pasajes tan divertidos como memorables. Y algunas teorías sobre el espíritu andaluz y español verdaderamente impagables, una contrateoría sobre cómo han sido otros los que han forjado nuestra identidad y, por lo tanto, la han falseado torpe y ridículamente. Porque hemos sido víctimas de la mirada del otro. Dice uno de los personajes, Bonoso, a su amigo escocés Angus, paseantes de este libro: “Debo decir que la culpa de que se nos haya asimilado tanto a los moros a los españoles en general y a los andaluces en particular procede de compatriotas tuyos, los viajeros románticos, que se empeñaron en buscar a Oriente en España y, nada más pasar por la frontera de Irún, en cuanto le echaban el ojo a una aldeana vasca, aunque fuera hombruna y malencarada, ya estaban alabando el embrujo moruno de las miradas del harem y otras tonterías semejantes. Algunos majaderos de acá, que hay muchos, y algunos hasta con balcones a la calle, dieron luego en acatar y hasta ampliar esos topicazos y pretendieron fundamentar la esencia de Andalucía y sus señas de identidad, como se dice ahora, en lo moruno antes que en lo romano y cristiano. Quede, pues, claro que somos romanos y pertenecientes a la civilización cristiana occidental”.

"Lo que tenemos aquí es un verdadero maestro de la novela histórica, un maestro a seguir, un referente que sigue resistiendo la viga del género"

Pero sigamos desgranando las artes literarias de este maestro y la Andalucía que se esconde en sus libros. Comencemos por su novela más célebre, ya que este curso se titula “Juan Eslava Galán: el unicornio encontrado” en referencia a la novela que cambió la suerte de la novela histórica en nuestro país y también el destino del escritor. De En busca del unicornio (Planeta, 1987) me deslumbró esa sagaz mirada de historiador que conoce los entresijos de la época, los resortes sociales y económicos, la historia de las mentalidades. Todo ese bagaje que debe llevar encima quien se atreve a escribir novela histórica, este género tan maltratado por los que se agarran al carro del éxito editorial y muestran con asombrosa ignorancia una visión superficial y simple de la Historia. Todos esos aficionados que ni saben de literatura ni de verdadero conocimiento histórico, pero que están destrozando el género con tanto malo thriller histórico, tan burdo como absurdo, lleno de anacronismos y encima con la peor y más mala literatura, falsa y postiza.

Lo que tenemos aquí es un verdadero maestro de la novela histórica, un maestro a seguir, un referente que sigue resistiendo la viga del género porque escribe basándose en una rigurosa documentación histórica, narrada además con la excelencia de la literatura.

"El lector sabe de qué aventura se trata, pero el protagonista de la novela no. Ha perdido el curso de la Historia. Su mundo ha desaparecido"

En la novela En busca del unicornio el protagonista —Juan de Olid— partía de una España medieval, la del reinado de Enrique IV, aún aposentada en los viejos usos. Pero regresa a la España de los Reyes Católicos donde ya se adivina nuestro mundo moderno. Llega a Portugal y por fin a Castilla pasando por Ayamonte y llegando a Palos, donde están a punto de partir las naves de Colón. Este momento es fascinante porque el lector sabe de qué aventura se trata, pero el protagonista de la novela no. Ha perdido el curso de la Historia. Su mundo ha desaparecido. El rey Enrique IV para quien partió en busca del cuerno de unicornio que aliviara su impotencia ha muerto. Escuchamos la voz del protagonista de esta gran epopeya para descubrir la España moderna a la que llega quien partió de una España medieval. “Y aún finalmente supe los otros cambios del reino en mi ausencia y cómo ya Granada era tomada por la reina de Castilla y no había más lindes ni fronteras ni guerra con los moros sino paz e industria y mucho concierto en los caminos del reino. Y aunque el prior no me lo dijo, yo vine a saber que no había en Castilla lugar para caballeros pobres y mucho menos mancos porque el tiempo de la caballería era pasado y ahora vivíamos en el tiempo de los mercaderes y de los que por sus manos hacen rico al Rey y de los que comercian con industria y perseverante trabajo”.

Pero como en esta conferencia nos estamos centrando en la presencia de Andalucía en su obra, descubramos nuestro paisaje meridional en esta novela.

En el Unicornio aparecen las tierras de Jaén cuando llega Juan de Olid de la corte de Segovia, donde ha recibido el encargo de conseguir el cuerno de un unicornio. Juan de Olid es el escudero del condestable Lucas de Iranzo, alcaide de Alcalá la Real, Andújar y Jaén y corregidor de Úbeda y Baeza. Un noble que estuvo al servicio de Enrique IV y que fue uno de los tres validos del rey junto con Beltrán de la Cueva y Juan Pacheco. El condestable fue asesinado en la catedral de Jaén, otro lugar preferido de nuestro autor, pero en el que nos detendremos más adelante.

"Otro pasaje notable de la novela es la exquisita recreación de la corte del condestable que recuerda las villas señoriales de la Italia del Renacimiento"

Veamos cómo nos describe la llegada a Andalucía siempre con su ritmo narrativo de novela de viaje. Recorre el camino porque ésta es una gran novela de aventuras, de caminos por tierra y luego por mares. “Y dimos vista a la sierra Morena, alta y azul a partes gris, y a su falda vimos, tendida como blanca sábana al alegre sol mañanero, la ciudad de Andújar que es de las más ricas, hermosas y principales desta tierra”.

Así llega por fin Jaén: “Y a los tres días, pasado el Guadalquivir por la Puente Quebrada, llegamos a Jaén, guarda y defendimiento de Castilla, donde mi señor el Condestable y los demás de su casa estaban esperándonos. Y como un heraldo hubiera salido el día de antes avisando de nuestra llegada, él salió a buscarnos al sitio que dicen el Puente de Tabla, cabe al Guadalbullón, con mucho y muy lucido acompañamiento de músicas y corredores”.

Luego sigue por postales históricas de la ciudad de Jaén: “Y en subiendo por el lugar de la Carrera, entramos en la ciudad por las puertas de Santa María, cabe a la Iglesia Mayor, y luego de seguir la calle de las Campanas, torcimos a diestra y tomamos la rúa Maestra y la gente se había asomado a las ventanas y subido a los tejados y azoteas y todos saludaban con pañizuelos y daban vivas, y parecía que había fiesta y algazara por un suceso grande”.

Otro pasaje notable de la novela es la exquisita recreación de la corte del condestable que recuerda las villas señoriales de la Italia del Renacimiento. Nuestro autor se recrea en el banquete de manjares y exquisitas músicas que se da en el palacio del condestable mostrándonos un delicioso fresco de la vida cotidiana en costumbres de yantar, beber bailar, vestir y fornicar. Esa intrahistoria que es otra de las marcas de la casa.

"Otra de las historias fabulosas es la del aviador alemán que bombardea Jaén en 1937 desde un Junkers y que regresa como turista años después"

Seguimos en Jaén con la que para mí es una de sus mejores novelas: Catedral (Planeta, 1991). Catedral es un soberbio ejercicio literario en el que nos propone un viaje por la historia del templo a través de personajes reales e imaginarios: la momia del obispo insepulto, desvelada por la visita de doña Carmen Polo de Franco, que vaga por los lóbregos corredores y aposentos ignorando si está viva o muerta; el fantasma del Condestable —precisamente el del Unicornio— asesinado frente al altar mayor; Homero Akrites, el griego que fabricó la reliquia del rostro de Cristo; el aviador alemán que se enamoró de los tejados de la Catedral mientras bombardeaba la ciudad; los esculpidos apóstoles que cotorrean en las bóvedas; el obispo que voló a lomos del diablo; maestros de obras y arcángeles, canteros y místicos, ciegos y suicidas, santos y pecadores… Y al fondo una ciudad provinciana, el Jaén en la época de posguerra recreada con infinitos matices de blancos, negros y grises de la época.

Detengámonos en la momia del obispo insepulto, Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, que hizo la puente de Baeza y le impuso un portazgo de oración, y que estuvo 481 años insepulto en la catedral de Jaén dentro de una cajonera. Eslava Galán lo presenta en primera persona en un fluir de conciencia: “Enterraron mi cuerpo sobre el corazón de la Cava tal y como yo había dispuesto, en el centro de la capilla Mayor. Pero ciento catorce años después demolieron mi capilla y levantaron mi cuerpo de su sueño. Desperté y ya no he vuelto a dormir. A veces consigo amodorrarme en mi caja de hoja de lata; pero dormir, lo que se dice dormir, nunca. Doy solitarios paseos por la Catedral, subo a la logia o a los tejados para contemplar el campo a la puesta de sol, recorro los tejados, miro el campo, medito, leo, pocas cosas más. Llevó una existencia apacible, de jubilado, de fantasma”.

"Y seguimos en la tierra natal del autor rescatada en otra de sus novelas: Rey lobo, una excepcional recreación del mundo íbero al que ha dedicado no pocos ensayos y artículos"

Otra de las historias fabulosas es la del aviador alemán que bombardea Jaén en 1937 desde un Junkers y que regresa como turista años después. Así se describe el ataque aéreo en una cruel y hermosa postal: “Cinco angelitos rubios, cinco ángeles alemanes de Durero o de Cranach o de Grünewald, cinco ángeles de acanalado cabello ronronean por encima de las nubes de algodón como en un retablito de la Anunciación, como en un Belén navideño. Cinco angelitos en formación. Ángeles de aceite y biela, con olor a gasolina y a orines rancios, van dejando por el cielo un olor a goma quemada y a monóxido de carbono. Pasan las tierras de pan que ya van encañando en verde, pasan los plateados olivares, las jugosas viñas, pasan el río tendido al sol como un espejo roto (o como un alfanje roto), pasan aceñas y molinos, choperas, arboledas, huertas, cerros pedregosos, canteras de yeso, caminos, rebaños de ovejitas con su pastor liado en una manta, pasan los angelitos rubios como sobre un Belén. Ven la Catedral desde arriba, señalan con el dedo los tubos del órgano que están en los tejados, se ríen en alemán, señalan con sus dedos como salchichas, angelitos bien nutridos, bromean por la radio, aprietan el botón, bajan con un temblor de peonza, temblando y coleando en el aire como si no pesaran, vertiginosamente bajan, como verticales golondrinas, como vencejos osados, baja el estampido, la pólvora y la metralla y la muerte. Por la ciudad blanca y roja se van abriendo rosas, fugaces como todas las rosas, y sube el humo. Banderillas de fuego sobre el lomo negro de la ciudad. Rejón de muerte. Los ángeles ronronean. Se han quitado un peso de encima y regresan a sus bases Guadalquivir abajo, vía Sevilla, donde los espera una cerveza bien fresquita, que se la tienen merecida, y una morena de larga y sedosa mata de pelo abierta de piernas sobre sábana de hilo en el hotel Colón”.

Y luego la mirada del piloto que regresa como turista: “Yo me acuerdo de una ciudad blanca y roja, en medio de la mancha parda del campo y me acuerdo del verdor de los patios con palmeras y de un dedo de humo que se elevaba del horno de un tejar y de unas sábanas tendidas al sol de una azotea que, movidas por el viento, parecía que nos saludaban, pero sobre todo me acuerdo de la Catedral desde arriba. Parecía un cofre de oro guarnecido de torres y cúpulas, cuadrada, cerrada como un secreto. Sin ver nada, me dije que tenía que ser bella y que cuando pasara la guerra vendría a verla”.

Y seguimos en la tierra natal del autor rescatada en otra de sus novelas: Rey lobo (Planeta, 2009), una excepcional recreación del mundo íbero al que ha dedicado no pocos ensayos y artículos. La novela cuenta la historia de un ibero que se alista como mercenario persa para luchar contra los griegos y que tras cumplir con una venganza deserta y regresa a su poblado.

Rey Lobo es una novela donde la fabulosa imaginación literaria de su autor llena los huecos que nos dejan las investigaciones arqueológicas. Es otra de las novelas que dedica a su tierra en tiempos iberos pues con Zumel, el protagonista, recorremos el río Baitis (el Guadalquivir), Kastul (Linares), Zubion, (Puente Tablas), Auri (Jaén) o la ciudad natal de Eslava, Urgaba, es decir, Arjona.

"Ya saben, el humor, la ironía, la crítica sarcástica, la doble lectura y los juegos de palabras son otras de las marcas de la casa"

Es una novela de gran rigurosidad histórica, pues pocos están tan al día de las novedades arqueológicas iberas como nuestro escritor. Sin embargo, introduce jugosas licencias literarias que podríamos considerar embromados anacronismos fruto de su inevitable y bendito sentido del humor. Se trata de una broma dedicada a la gente de su tierra, ya que algunos personajes de la novela utilizan la coletilla «ni po» en algunas frases. Ésta es una expresión popular de Jaén que significa “ni pollas” y que en su versión educada sería «ni po». Así que si los iberos de la novela son gentes de poblados ibéricos del Alto Guadalquivir y que existieron ¿por qué no plantear ese anacronismo? Ya saben, el humor, la ironía, la crítica sarcástica, la doble lectura y los juegos de palabras son otras de las marcas de la casa. ¿Cómo no aparecer en esta novela de íberos?

Recuerdo que con motivo de la presentación de esta novela nos invitaron a un grupo de periodistas a recorrer las huellas iberas de Jaén con un guía excepcional: el propio Juan. Con él visitamos el Museo Íbero (genial explicación de las esculturas ibéricas aparecidas en el Cerrillo Blanco, cerca de Porcuna: el guerrero ibérico).

"Este libro es uno de esos ensayos que arrancan como una novela: imaginando cómo debió de ser la matanza de Orisia, la ciudad ibera que fue arrasada por los romanos en la Segunda Guerra Púnica"

Precisamente un tema que desarrolla en otro de esos magistrales y amenos libros de ensayo divulgativo —“Los iberos. Los españoles como fuimos” (Martínez Roca, 2004). En este libro nos vuelve a pasear por varios yacimientos iberos: el Collado de los Jardines en Sierra Morena, el santuario de Castella de Santisteban, la cámara sepulcral de Toya, el lugar del hallazgo de la Dama de Baza, el “oppidum” del Puente de Tablas o las esculturas de Obulco en el Cerrillo Blanco cerca de Porcuna, que ahora están en el Museo de Jaén. Por cierto, en este mismo ensayo nos describe una de esas esculturas, la del masturbador. Y aquí aparece esa marca de la casa pero en su versión sicalíptica: el humor verderón, la anécdota procaz, la picardía lujuriosa, la ironía de naturaleza rijosa. Les leo el apartado dedicado a esta escultura: “En el Museo de Jaén, la escultura del masturbador, una de las cumbres de la estatuaria ibérica, el héroe o dios que empuña el falo más rotundo del arte español, por otra parte tan pacato y monjil, está casi relegada al anonimato, en un rincón mal iluminado de la sala, para evitar que los visitantes se escandalicen. No es nuestra intención enmendarle la plana a nadie, pero a nuestro juicio debería situarse en un lugar más prominente, siquiera sea por respeto a su carácter religioso. Lo que ocurre es que la masturbación arrastra muy mala prensa en estas generaciones nuestras, educadas en los prejuicios y en el oscurantismo de los piadosos colegios del franquismo nacional-católico. Ya va siendo hora de eliminar los prejuicios y sacar la masturbación del armario, porque, como decía mi admirada Antoñita Colomé, la gran actriz de los años treinta y cuarenta del pasado siglo y mujer desinhibida y libre de prejuicios: “Chingar está bien, no digo yo que no, pero lo mejor de todo es el gustito que se da uno mismo”.

Este libro es uno de esos ensayos que arrancan como una novela: imaginando cómo debió de ser la matanza de Orisia, la ciudad ibera que fue arrasada por los romanos en la Segunda Guerra Púnica. Y después de este inicio de novela nos arrastra hasta el hoy a través del viajero que busca las ruinas de aquella ciudad: “Esto ocurrió noventa años antes de Cristo. Conocemos el desastrado final de Orisia porque el historiador romano Plutarco lo consignó en sus “Vidas paralelas”. Veintiún siglos después, un automovilista lee la historia y decide conocer el lugar. Toma la carretera de Linares, entre olivares, y se acerca a las ruinas de Orisia”.

"Probablemente en pocas ocasiones se habrá contado de una forma tan sincera, clara, amena y hermosa la tan desconocida historia de los iberos"

Y es entonces cuando comienza el viaje en el tiempo, la intuición de los pasajes del pasado partiendo de las huellas históricas, pero a través de la mirada literaria: “El visitante pasea su melancólica mirada por el yermo azotado por los vientos. Aquí yace Orisia. Aquí están las calles, las casas, los hornos, los lagares, las vasijas, las chimeneas, los establos, las plazas, los talleres, los almacenes, las alcobas. La ciudad sepultada y cubierta de malezas es un libro cerrado, que contiene la vida pasada y que está esperando que los arqueólogos lo abran y lo descifren”. Mientras, para adivinar la vida ahí tenemos la mirada del escritor. Probablemente en pocas ocasiones se habrá contado de una forma tan sincera, clara, amena y hermosa la tan desconocida historia de los iberos.

El visitante de las ruinas de Orisia contempla en el extremo del cerro de Giribaile un castillo almohade que vigiló la vecina plaza fuerte de Vilches, avanzada de Castilla tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Otro de los periodos preferidos de nuestro autor, pues por algo es un reputado medievalista.

"Con esta novela el viajero-lector se llevará en la memoria una galería de castillos roqueros, torreones, baluartes, almenas y castillos sobre risco recortando su silueta recia y rotunda"

Precisamente el trasfondo de esta batalla aparece en otra de sus novelas Últimas pasiones del caballero Almafiera (Planeta, 2012). La acción se sitúa en el año 1212. Almafiera, un caballero de oscuro pasado, regresa de las cruzadas para reclamar el feudo que le han confiscado. En España se enamora de doña Eliabel, la esposa de su mayor enemigo. Enrolados en la expedición contra los moros, que culmina en la batalla de las Navas de Tolosa, Almafiera y doña Eliabel vivirán una ardorosa historia de amor y sensualidad entre reyes y arzobispos, trovadores y pícaros, ballesteros y mesnadas.

Otra novela de nuestro autor, Guadalquivir, también sucede con el trasfondo del asalto castellano al Valle del Guadalquivir y la ruina del imperio almohade, pero visto desde el lado andalusí. Y además, introduciendo un tema predilecto de nuestro autor: el Espejo de Salomón.

Pero volvamos al caballero Almafiera. Con esta novela el viajero-lector se llevará en la memoria una galería de castillos roqueros, torreones, baluartes, almenas y castillos sobre risco recortando su silueta recia y rotunda. Es una novela histórica perfectamente documentada y de amena erudición donde se citan la novela de aventuras y de acción, las pasiones, el poder y la guerra. Todos los ingredientes necesarios pero hilados de buena literatura, eso que falta en tantos escribidores de novela histórica.

"En este libro consigue Eslava un tono de época semejante al de En busca del unicornio, una música en el fraseo de la prosa conseguido no como un ejercicio de impostura o de artificio postizo para reproducir construcciones gramaticales, sintácticas y léxicas del pasado"

En Últimas pasiones del caballero Almafiera aparece de fondo la batalla de las Navas, pero ésta no es una novela de guerra y muerte sino una novela de vida, adobada con deliciosas estampas de costumbres, desde los usos eróticos a los gastronómicos. Placeres en tiempos de guerra. He aquí uno de esos fragmentos dedicados al buen yantar que tanto gustan a nuestro autor: “A una señal del maestresala empiezan a venir de las cocinas los manjares en su orden, primero los delgados y sutiles, como el hojaldre de Bizancio, pasta rellena de viento en sutiles laminillas, y luego los espesos y duros. Ved las bandejas y los potajes, las carnes cochas, sobrecocidas antes de asadas, las ensaladas y las tartas, los hojaldres, las jarras de vino y las cestas de pan blanco candeal que huele a espliego y laurel”.

En este libro consigue Eslava un tono de época semejante al de En busca del unicornio, una música en el fraseo de la prosa conseguido no como un ejercicio de impostura o de artificio postizo para reproducir construcciones gramaticales, sintácticas y léxicas del pasado. Es el resultado de las tareas previas de documentación, del mucho leer textos de la época y, por supuesto, fruto del trabajo de un escritor con buen oído. Así ocurre en la narración de la batalla de las Navas de Tolosa, también sucedida en estas tierras que, como pocas, son encrucijadas de la Historia.

"Y esa habilidad narrativa para llevarnos al corazón de la Historia de forma tal que creemos estar allí mismo, en el campo de batalla, que debemos recordar que tuvo lugar en el mes de julio de 1212"

En el relato de las Navas, Eslava reproduce el tono de las crónicas de la época, el aire de los romances fronterizos, la música de los poemas épicos como si realmente nos estuviera contando ese devenir bélico un juglar o trovador del tiempo. Les leo la descripción del hermoso paisaje que se convertirá en mapa de la batalla sucedida tan cerca de donde estamos: “Mirad los mirantes, los que por gracia de Santa María tenéis luz en los ojos. Mirad las cumbres dentelladas de la Sierra Morena, asomaos a los precipicios y hondones entre rocas grises pintadas de líquenes amarillos y bermejos, que se elevan como torres. Ésa es la barrera que corta las Españas del levante al poniente, cien leguas de cerros trabajosos de andar, hendidos de hondos barrancos, tierra de fieras y lobos donde no habita nadie, cristiano ni moro, sino remontados y malsines como Martín Halaja que viven fuera de las gentes, con la cabeza pregonada”. (el pastor de las Navas que guio a las tropas de Alfonso VIII por paso seguro)

Y esa habilidad narrativa para llevarnos al corazón de la Historia de forma tal que creemos estar allí mismo, en el campo de batalla, que debemos recordar que tuvo lugar en el mes de julio de 1212: “Pesan los yelmos. Va a hacer calor. Los pajes y el chusmerío tienen prevenidas muchas calabazas de vinagrillo, como llamamos al agua avinagrada con un poco de sal. Eso aplaca la sed de los guerreros que tanto sudan debajo de sus hierros y perpuntes”.

"Este libro no es sólo una novela sino mucho más. Es una recreación literaria de divulgación histórica en la que se acompaña de mapas, glosario y censo de personajes"

O el terrible paisaje tras la batalla: “Muestra la guerra su cosecha de finados. La tierra, antes parda, se nutre de roja sangre. Cadáveres como piedras en majano, tendidos en todas las posturas, unos sobre otros en montones que estorban el paso a los caballos. Un sembrado de miembros cercenados, de huesos tronzados, de astas quebradas, de escudos deshechos que sólo eran unas tablas mal encoladas a un lienzo, ved los yelmos abollados, las lorigas falsadas, abiertas a lanzadas. Los caballos despanzurrados, las entrañas humeantes abiertas al sol”.

Y también los famosos despojos del campo, esa cicatriz que dejan por muchos años en el paisaje las grandes y terribles batallas: “Bulle el cerrete del corral como una olla hirviendo. ¿Qué os puedo contar de aquel lugar aciago? Imaginad la matanza. Después de tantos años pasados, las huesas secas y descoloridas por el sol blanquean en la distancia como si en aquellas navas hubiera nevado”.

Y el post scriptum como epílogo de una verdadera crónica general, porque este libro no es sólo una novela sino mucho más. Es una recreación literaria de divulgación histórica en la que se acompaña de mapas, glosario y censo de personajes. Y hasta un dibujo del autor de la crónica: el mismísimo Maese Johannes Eslava.

En esta novela hace otro delicioso guiño anacrónico citando a sus amigos, los caballeros Arturo Pérez Reverter y Fito de Cózar: “En la costanera diestra, don Fito de Cózar, hijodalgo nacido en Marruecos y ganado por la afición al mosto para la religión verdadera, mira sin aprensión la muchedumbre de moros que como nube negra se derrama campo adelante. —Va a correr mucha sangre —observa con gran pensamiento”.

Precisamente con Fito Cózar vivió no pocas aventuras en Sevilla, ciudad a la que ahora nos trasladamos y en la que nuestro escritor residió muchos años, además de situar allí algunas de sus mejores novelas recreándola desde el siglo XVI a la Guerra Civil.

"El comedido hidalgo es un paseo por la Sevilla de la época. El narrador nos invita a recorrer esa ciudad como si pudiéramos asomarnos a través de una ventana que diera al siglo XVI"

Comencemos por El comedido hidalgo (Premio Ateneo de Sevilla, 1991), una de sus novelas cervantinas, ya que el protagonista, Alonso de Quesada es un “escritor manco que luchó en la batalla de Lepanto, y cuyas circunstancias biográficas coinciden con las de Miguel de Cervantes”. Esta circunstancia le permite la ficción —siempre verosímil históricamente— de fabular con una de las estancias del escritor en Sevilla, ciudad fabulosa y terrible, donde latía el corazón del mundo y donde Cervantes encontró lo mejor y lo peor de la condición humana. Todo ese mundo inspirador que se plasmaría en alguna de sus novelas ejemplares como Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros, La española inglesa, El celoso extremeño o El rufián dichoso «por ser lugar tan acomodado a hallar aventuras», según adivinaba el caballero de la Triste Figura.

El comedido hidalgo es un paseo por la Sevilla de la época. El narrador nos invita a recorrer esa ciudad como si pudiéramos asomarnos a través de una ventana que diera al siglo XVI. Y todo gracias al artificio de una evocación literaria construida con un sólido edificio de rigurosidad histórica. Es aquí donde aparece otra marca de la casa: el oficio de historiador, pero un historiador amenísimo y divulgativo.

Las descripciones de Sevilla se narran como si estuviéramos viendo uno de esos clásicos grabados de Vistas de ciudades. Quizás el de Hoefnagel en su obra Civitates orbis terrarum en 1593.

“Quería caer el sol cuando, al doblar de una punta, pareció descubierta y patente a los ojos de nuestro caminante la ciudad de Sevilla y él hizo un alto y se entretuvo gran pieza catando la mucha belleza que ante sí parecía y holgando la mirada por las extendidas murallas y los tejados pardos, las casas blancas y los huertos verdes que sobre las tapias alegremente asomaban, con sus palmeras y cipreses y otro género de árboles menores que apacible sombra y dulces frutos dan; y sobre todo ello divisó las espadañas de los conventos y las levantadas torres de las iglesias cada cual con su traza, a cual más acabada; y reinando en medio de todas ellas la que llaman Giralda”.

"Eslava Galán, bien documentado en el submundo de la germanía, nos describe toda la galería del noviciado picaresco"

Se nota este conocimiento del callejero de época de Sevilla como si realmente el autor se hubiera criado en la ciudad de esos tiempos. Con él paseamos en la novela cervantina visitando la Alcaicería de los paños, la famosa mancebía y las collaciones y mesones y otras casas de gula. La Cárcel Real con sus muros altos pintados de negro y las puertas del Oro, la del Hierro y la de Plata o la del Infierno, donde estaban los reos según los dineros que tuvieran. Caminamos por ese lugar “donde toda incomodidad tiene su asiento, y todo triste ruido hace su habitación” y en el que vemos cómo nuestro autor se basa en documentos históricos como la Relación de la Cárcel de Sevilla de 1585 de Cristóbal de Chaves o el Compendio del padre Pedro de León.

Y por el paisaje humano de pícaros, valentones, bravos y guapos de germanía (coimas y rufos, padres y cotarreras, traineles y pagotes, murcios y birladores en el gran Corral de los Olmos, do está la jacarandina). Escuela de jaques y maleantes, de los magos de la truhanería. La ciudad fascinante y miserable habitada por la flor y nata de la matonería andante.

Eslava Galán, bien documentado en el submundo de la germanía, nos describe toda la galería del noviciado picaresco: “Los de la cicatería, los del bajamano, los del Garcisobaco, los comendadores de la bola; los cicateros, que cortan bolsas; los prendadores, que llevan ropas ajenas; los duendes, que hurtan al descuido; los alcatiferos, que hurtan en tiendas; los devotos, que sonsacan los cepos de las iglesias y desnudan altares y acopían velas y candelicas; los dacianos, que raptan niños…”

"La historia de las mentalidades es otra de las claves de bóveda del gran edificio arquitectónico que es la catedral de su obra"

Y tampoco falta en esta estupenda novela histórica uno de esos deslumbrantes episodios dedicados a la gastronomía. Detengámonos otra vez en la lección de este verdadero chef histórico y no lo que hay por ahí. Sucede con un banquete de bodas que se celebra en una alquería en los jardines del Aljarafe y en el que hace un guiño a otro gran gastrónomo histórico: el también escritor Néstor Luján. “Fue aquélla la última vez que se preparó el nombrado relleno imperial ahovado según la fórmula del afamado cocinero maese Néstor, la fórmula, como se sabe, consiste en meter una almendra en una aceituna deshuesada, y ésta dentro de un huevo duro, que a su vez se mete dentro de un zorzal, el cual va estofado en el vientre de una perdiz, y ésta dentro de una gallina que se mete dentro de un pavo, y éste dentro de un cordero, el cual va dentro de un cerdo, y éste en la panza vacía de un buey, todo bien cosido y frotado por dentro y por fuera con sus justas especias y yerbas y bañado en caldos aromáticos y luego puesto en espetón, que un herrero de las atarazanas había fabricado ex profeso, lo asaron lentísimamente con adición de sus jugos y yerbas”.

Ya sabemos que nuestro comedido hidalgo Eslava Galán es un gran conocedor de la Historia con sus sombras y contrasombras, de ahí su mirada irónica y sarcástica ante la historia oficial. Ese mirar escéptico, esa sospecha ante las verdaderas mantenidas. Pero sin duda, además de ese rigor histórico, del puro devenir de la Historia, está el escritor que además se adentra en todos los pliegues del pasado, en el conocimiento de la historia de las mentalidades. La historia de las mentalidades es otra de las claves de bóveda del gran edificio arquitectónico que es la catedral de su obra.

"Y eso es justo lo que hace el maestro: un riguroso ejercicio de historia de las mentalidades y una excelente recreación de atmósferas, de indagación en la historia de la vida cotidiana haciendo real el espacio íntimo de sus personajes de ficción"

Un novelista histórico debe ser una especie de historiador que mira por encima del tiempo para comprender el pasado, sumergiéndose en la historia de las mentalidades. Debemos entender la época que queremos novelar. Si un escritor tiene que dar voz a un personaje de otra época, debe introducirse en su cabeza. Saber qué concepto de la religión se tenía en ese tiempo, cómo era la idea de la muerte, de la familia, del amor. El trabajo previo de documentación de una novela histórica requiere un proceso de reflexión y de investigación de la época de forma que sepamos cómo pensaría alguien del pasado.

Se trata de equilibrar la realidad histórica y la ficción con gran equilibrio. Debe inventar de acuerdo con la atmósfera de la época, no como actuaríamos ahora, no caer en el dichoso presentismo que analiza el pasado con los ojos de hoy descontextualizándolo de su época e interpretándola con los ojos de ahora, olvidando la historia de las mentalidades del pasado. Como escribía Marguerite Yourcenar, otra gran maestra de la novela histórica, en el epílogo de Memorias de Adriano: «Tratar de leer un texto del siglo II con los ojos, el alma y los sentimientos del siglo II; bañarlo en esa agua-madre que son los hechos contemporáneos; separar, si es posible, todas las ideas, todos los sentimientos acumulados en estratos sucesivos entre aquellas gentes y nosotros”.

"Hay un título del que recuerdo especialmente la recreación del espacio, del lugar, de lo meridional, de la metáfora del Sur. Se trata de Señorita, con la que además obtuvo el Premio Fernando Lara en 1998"

Y eso es justo lo que hace el maestro: un riguroso ejercicio de historia de las mentalidades y una excelente recreación de atmósferas, de indagación en la historia de la vida cotidiana haciendo real el espacio íntimo de sus personajes de ficción. Entrar en aposentos de verdad donde huele como debía de oler en el pasado y pasear por las calles sucias de antaño manchándonos de fango y bostas de caballo. En sus novelas está ese espacio del tiempo —el pasado narrado de verdad y no como una impostura, un atrezo falso— y el espacio geográfico. Y ahí está el tema de nuestra conferencia: la Andalucía que aparece en sus novelas.

En ese sentido, hay un título del que recuerdo especialmente la recreación del espacio, del lugar, de lo meridional, de la metáfora del Sur. Se trata de Señorita (Planeta), con la que además obtuvo el Premio Fernando Lara en 1998. Una novela que transcurre en Sevilla durante la Guerra Civil, una historia de amor, guerra y espionaje. Por entonces Eslava vivía en Sevilla, en una casa de la Alameda que por cierto aparece en Señorita. Un edificio de la calle Leonor Dávalos, donde estaba un antiguo cabaret, el Zapico. En esta novela nos cuenta cómo fue la Guerra Civil en la ciudad, las batallas de los primeros días, la victoria de las tropas nacionales y finalmente la conversión en capital del Sur del ejército sublevado y lugar frecuentado por los soldados alemanes e italianos. Como digo es una historia de espionaje protagonizada por Carmen, una joven sevillana transformada por el horror de la guerra en espía del Servicio Secreto Soviético que desea apoderarse del arma que Hitler está experimentando en la contienda española.

"Porque es cierto que Eslava es muy berlanguiano, con esa capacidad de mostrar una tragedia desmitificada por el humor y lo cotidiano. Y al mismo tiempo un documento profundamente serio y trascendente"

Lo que me gustaría destacar de esta novela es la descripción de los espacios cotidianos del Sur. Por ejemplo, las típicas viviendas populares, los corrales de vecinos y cómo debía de ser la vida en el fatídico verano de 1936 en Andalucía. “El corral de la Higuera es de los más antiguos de Sevilla, en el corazón de Triana. Es un gran edificio rectangular, construido en torno a un espacioso patio empedrado en cuyo centro se levanta la fuente, el cobertizo del lavadero y una fila de retretes públicos.  El empedrado del Corral de la Higuera, cuando está recién regado, se muestra oscuro y brillante en contraste con la cal azulada de los muros y el verde y el rojo de los geranios, de las gitanillas, de los jazmines, de las damas de noche. Las puertas de las viviendas, todas modestos pisos de dos habitaciones, tres a lo sumo, se abren a dos galerías sostenidas por pilastrillas de madera pintadas de azulete que recorren todo el contorno del patio. La gente cocina en hornillos portátiles de chapa y yeso que sacan a la galería para evitar que la vivienda se impregne de los olores del guiso. Los niños corretean por todas partes: los ancianos se reúnen en el patio, cada cual arrastrando su silla, y allí hacen corros y tertulias. Al Corral de la Higuera no le faltan ni sus salamanquesas sobre la pared encalada, cerca de la farola”.

La Guerra Civil ha sido otro de los grandes temas de Eslava Galán. Ahí está su oportunísimo ensayo Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie o la novela La mula (Planeta, 2003) que también se desarrolla en Andalucía, en los frentes de Córdoba y de Jaén. Esta novela —de la que se hizo una película— es puro Eslava Galán, una visión insólita y desmitificadora de la guerra civil. De la estirpe de La vaquilla de Berlanga. Porque es cierto que Eslava es muy berlanguiano, con esa capacidad de mostrar una tragedia desmitificada por el humor y lo cotidiano. Y al mismo tiempo un documento profundamente serio y trascendente.

"En todas y cada una de las páginas de sus novelas, ensayos y libros de viajes late la memoria de Andalucía"

Podríamos hablar de muchos más Episodios Andaluces en Eslava Galán, pero creo que sería interminable, infinita como su obra. Podríamos hablar de El mercenario de Granada (Planeta, 2007), donde recrea la gran aventura de la Reconquista con la guerra del último bastión del reino andalusí. La divertidísima Statio Orbis (Planeta, 1997), situada en la Sevilla que recibe la visita del papa, sus ensayos dedicados a Tartesos, la Ruta de los Olivos en Andalucía, las recetas andaluzas de Tumbaollas y hambrientos, las Historias de la Inquisición (donde Andalucía tiene desgraciadamente un importante protagonismo), los Santos y pecadores de esta tierra de María Santísima o ese libro lleno de tantos episodios autobiográficos: La muerte de la abuela.

En todas y cada una de las páginas de sus novelas, ensayos y libros de viajes late la memoria de Andalucía. Gracias a Juan Eslava Galán, el maestro de la novela histórica, podemos asegurar que si alguna vez desapareciera Andalucía, podríamos reconstruirla a través de sus libros. Ha narrado el sueño de Al Andalus, el olor de los paisajes iberos, la silueta recia de los castillos fronterizos, el mármol blanquísimo de la Bética, el vino de los banquetes con los que se celebraban las batallas, los aposentos de la Castilla nueva que fue Andalucía, el aroma de la plata llegando en los galeones a Sanlúcar y luego a Sevilla. Es la enciclopedia viviente de Andalucía y al mismo tiempo el alma escrita de lo que acaso podamos llamar Andalucía.

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7 ddís hace

Muy bueno este artículo sobre uno de nuestros mejores autores de ficción y de no ficción. Merece un homenaje por su obra, como se lo hacen a otros autores, con menos merecimientos, que son presencia sartriana habitual de los medios del buenismo. Porque me admira su posicionamiento crítico, su escepticismo, su distanciamiento, políticamente incorrecto, de una persona que adivino de la izquierda social y no de la izquierda progre. Impagable es sumergirse entre las líneas de sus libros. Jiennense de pro, que describe también su tierra de forma impecable («Un jardín entre olivos», libro que es necesario leer), una de las mejores tierras de España aunque la tengamos olvidada entre nuestros «no lugares». Conmino a visitarla, empapándose de su historia y de sus paisajes, despacio y con calma, la misma con la que todo viajero debe de tomarse una buena cerveza con aceitunas machacadas a la sombra de la Catedral en un atardecer con luna llena. Impagable la experiencia.