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Aníbal vuelve a las puertas (de tu biblioteca)

Aníbal vuelve a las puertas (de tu biblioteca)

Fiel a su compromiso con la divulgación científica y de calidad, la editorial Desperta Ferro ha reeditado la biografía de Aníbal Barca publicada en 1995 por Serge Lancel, uno de los mayores especialistas en la civilización cartaginesa de la segunda mitad del siglo XX, cuya traducción al castellano, publicada en 1997, lleva muchos años descatalogada. La reedición, cuya traducción ha sido revisada —y actualizada— por Óscar Gónzalez Camaño y Alberto Pérez Rubio a partir del original, cuenta con un nuevo repertorio cartográfico e iconográfico, así como una selección de planchas a color, acompañadas de una breve explicación. Aunque el Hannibal de Lancel, en buena medida deudor de otros autores que se adentraron en la figura del cartaginés, como Gavin de Beer, Charles Picard o Giovanni Brizzi, entre otros, fue publicado hace más de tres décadas, y por lo tanto algunos de los planteamientos que sostiene ha sido matizados —de lo que da cuenta el editor en unas oportunas notas al pie distribuidas a lo largo de la obra—, no es menos cierto que se trata de una de las introducciones más solventes y rigurosas que se han escrito acerca del general púnico. No en vano ha sido un punto de partida inexcusable, tanto para los historiadores de la Antigüedad como para los que han sido seducidos por este enigmático personaje. La palabra seducción no adquiere aquí un sentido banal, puesto que Aníbal, al que Lancel no tuvo reparos en calificar como más grande que Alejandro Magno —intuyo que influido por Charles de Saint-Évremond—, es una figura que continúa despertando intensas pasiones entre sus admiradores y detractores. El libro consta de nueve capítulos: los dos primeros, focalizados en los primeros años del biografiado, ahondan en la situación en la que se encontraba la república de Cartago tras su derrota en la Primera Guerra Púnica. La insurrección de los mercenarios repatriados al norte de África al término de la guerra, unida al descrédito de la aristocracia cartaginesa, precipitó una alianza entre dos personajes que tendrán una gran influencia sobre el joven Aníbal, su padre, Amílcar Barca, firmante del acuerdo de paz que puso fin a la contienda siciliana, y su cuñado, Asdrúbal el —mal llamado— Hermoso, oscuro individuo con gran predicamento entre las masas populares. Esta alianza permitió que se le encomendase a Amílcar la dirección de la guerra contra los insurgentes, así como la posterior conquista de la península ibérica. La Península tendrá una gran importancia para Aníbal, ya que, tras la muerte de su padre en campaña, Asdrúbal le nombrará su segundo al mando, convirtiéndose en su sucesor tras su asesinato a manos de un esclavo, siendo aquí donde comenzó a despuntar como militar, tanto en sus campañas en la Meseta, como en el asedio de Sagunto, casus belli de la Segunda Guerra Púnica. Entre los capítulos tercero y séptimo se analiza como evolucionó el conflicto en sus diferentes frentes, y en ellos reciben un especial interés episodios como el paso de los Pirineos o la batalla de Cannas, que contribuyeron a encumbrar a Aníbal, sin olvidar fracasos como su alianza con Filipo V, la pésima labor militar de su hermano Asdrúbal en Iberia o la batalla de Zama, en la que Publio Cornelio Escipión le desbancó. La segunda mitad del capítulo séptimo se dedica a la faceta quizá menos conocida por el gran público de Aníbal, la de estadista; es decir, su breve periodo como sufeta en Cartago, en el que adoptará una postura favorable a las clases populares, frente a la aristocracia, a la que el mismo pertenecía. El capítulo octavo aborda sus últimos años de vida en el exilio, periodo en el que sirvió como consejero, sin demasiado éxito, al seléucida Antíoco III, derrotado por los romanos en Magnesia del Sípílo, a Artaxias de Armenia, elaborando los planos de su nueva capital, y a Prusias de Bitinia, el cual le pagó haber sido el artífice de su victoria frente a la escuadra de Éumenes II de Pérgamo, pactando su entrega a los romanos, lo que condujo a Aníbal a acabar con su vida ingiriendo veneno. El noveno, y último, capítulo ofrece una panorámica, al estilo de Arnold Toynbee, acerca de la influencia que ha tenido Aníbal a lo largo de la historia. A pesar de que hay razones de sobra para leer —o releer— esta biografía, en opinión de quien escribe estas líneas, quizá sea suficiente aliciente ceder el testigo a su autor, para el que “hay sin duda una percepción equivocada de la personalidad de Aníbal, cuya imagen aparece un tanto prisionera de sus éxitos militares […]”.

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Autor: Serge Lancel. Título: Aníbal: Terror de Roma. Traducción: María Eugenia Aubet. Editorial: Desperta Ferro. Venta: Todos tus libros.

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