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Antonio Penadés, viajero y helenófilo impenitente

Antonio Penadés, viajero y helenófilo impenitente

Cuando contaba con 17 años una repentina tormenta, en plena vorágine de los exámenes finales, obligó a Antonio Penadés a buscar refugio de las inclemencias en una biblioteca de su Valencia natal. Agazapado entre sus estantes, un libro, desconocido y menospreciado por la mayoría, aguardaba a aquel adolescente para cambiarle la vida dejando una impronta indeleble en su alma. Se trataba de las Historias, de Heródoto, un griego de Halicarnaso, actual Turquía, que en el siglo V a.C., contemporáneamente con la época áurea de Atenas bajo la regencia de Pericles, puso en marcha el género literario de la Historia: como a padre de la tal se le honra. Esa primera incursión en las páginas de un autor del que apenas tenía conocimiento, pues en los temarios escolares era despreciado, le dejaron con ganas de ahondar en su lectura. Una vez superados los finales, aquel verano pudo dedicarse por entero al disfrute de los nueve libros de las Historias, consagrado cada uno de ellos a las nueve musas desde época alejandrina.

Aquella lectura acabó por transformar al mozalbete que era. Penadés comenzó estudiando Ciencias de la Información y Derecho y ganándose la vida en estos ámbitos, pero llevaba dentro, muy hondo, el gusanillo de lo heleno, que aquel griego olvidado le había inoculado. Ya bien entrado en la treintena consigue el Diploma de Estudios Avanzados en Historia de la Antigüedad por la Universidad de Valencia, con un trabajo titulado El pensamiento de Heródoto a través de su obra.

"Lo que Heródoto le contagió a aquel adolescente ávido de lecturas hizo que comenzara a albergar en sus entrañas la idea de escribir una crónica de viajes siguiendo sus huellas"

Entregado como estoy a los estudios griegos (y latinos, sus herederos) desde los nueve años, tras haber obtenido la licenciatura en Filología Clásica y ejercido durante 36 cursos como docente de secundaria, me fascinan aquellas personas que, sin ser filólogos clásicos, rezuman amor por Grecia y su legado y se convierten en sus paladines. Dos de ellos son Mario Agudo y el mencionado Antonio Penadés: a su obra dediqué años ha un artículo en esta misma casa.

Penadés publicó en 2005 con Edhasa El hombre de Esparta: La tragedia de Isómaco de Atenas, fascinante novela histórica, ambientada en los prolegómenos de las funestas Guerras del Peloponeso, descritas excepcionalmente por el heredero de Heródoto en la historiografía, el ateniense Tucídides.

El autor dedicó su vida al ejercicio profesional de lo que había estudiado en Periodismo y Derecho, pero lo que Heródoto le contagió a aquel adolescente ávido de lecturas hizo que comenzara a albergar en sus entrañas la idea de escribir una crónica de viajes siguiendo las huellas de Heródoto desde su Halicarnaso natal hasta los lugares que inmortalizó con sus vivencias. El proyecto era muy ambicioso y no cabía en un solo libro: a día de hoy conforma ya una trilogía. Aprovechando sus periodos vacacionales dedicó dos semanas de los mismos a recorrer la costa turca, otrora cuna de colonias griegas jónicas, siguiendo la estela que el padre de la historia dejó, así como el recorrido que las tropas de Jerjes tomaron para la invasión de Grecia en la Segunda Guerra Médica. Con estos mimbres, en 2015 alumbró en Almuzara Tras las huellas de Heródoto: Crónicas de un viaje histórico por Asia Menor. El itinerario parte de Halicarnaso (actual Bodrum, ciudad natal de Heródoto) y pasa por Mileto y Priene, la isla de Samos, Éfeso, Afrodisias, Hierápolis, Sardes, Esmirna y Focea, Pérgamo, Assos y Troya y Bizancio (Estambul) como punto final.

"Penadés recupera la obra del irlandés, aún no traducida al español según mis noticias, y acompañado de su hija adolescente, emprende un viaje iniciático desde Tesalia hasta Atenas"

Cinco años después continuó su magna obra con Viaje a la Grecia clásica: De Monte Athos a Termópilas (Almuzara, 2020). En ella recorre los senderos hollados por el colosal ejército persa en 480 a.C., demorándose en vívidas descripciones de la Grecia actual (sin esquivar la grave crisis de refugiados que afronta el país balcánico) y en reflexiones acerca de filósofos como Aristóteles, Demócrito o Protágoras en los lugares que aquellos frecuentaron.

Este 2026 ha visto la luz la última obra de la, hasta ahora, trilogía: Acrópolis: Desde Tesalia hasta Atenas, un viaje por la Grecia central con Jerjes y Edward Dodwell, también en Almuzara, dentro de su colección Sotavento. En esta ocasión, aparte de Heródoto, que sigue siendo faro, el testigo como cicerone lo toma, además, Edward Dodwell (1767-1832), escritor, pintor y viajero inglés, quien entre 1801 y 1806 viajó por Grecia junto con el arquitecto e ilustrador romano Simone Pomardi. En 1819 Dodwell publicó A Classical and Topographical Tour through Greece during the Years 1801, 1805, and 1806, con ilustraciones propias y de Pomardi.

Penadés recupera la obra del irlandés, aún no traducida al español según mis noticias, y acompañado de su hija adolescente, emprende un viaje iniciático desde Tesalia hasta Atenas. Dado que Dodwell y Pomardi llegaron a Grecia a bordo de un mercante que había partido de Sicilia y hacía escala en Corfú, su puerto de entrada a la Hélade, Penadés y su hija se dirigen desde Tesalónica hacia la costa jónica occidental. Antes el autor nos describe vivamente el valle del Tempe, las llanuras de Tesalia y los monasterios enriscados de Meteora. Al llegar a Ioánnina, capital del Epiro, hermosa población enclavada a orillas de un lago glaciar, nos descubre a un personaje cuanto menos siniestro: Alí Pachá. Nacido en el seno de una familia musulmana albanesa en 1750, fue escalando peldaños en el escalafón del funcionariado otomano. En 1788, apoyado en un ejército de bandidos, se rebela contra el sultán y le arrebata el Epiro y gran parte de la Grecia continental, sembrando en toda la región, sobre todo entre la población helena sometida a los turcos, un régimen de terror y abusos. En 1821 el sultán envió un ejército que supuso el fin del conocido como el León de Ioánnina, que fue decapitado en una isla existente en el medio del lago.

"El valenciano es un narrador hábil, muy versado, capaz de enhebrar pasado con presente como quien teje historias en un telar ensartando tramas sobre otras sin dejar puntada sin hilo"

En la época en la que Dodwell realizó sus viajes, entre 1801 y 1806, la Hélade está ocupada por los otomanos, quien tratan con desprecio a sus súbditos, lo cual convierte a su población en depauperada, ignorante y servil. A este respecto el irlandés, traducido por Penadés, nos ofrece suculentas anécdotas del trato tanto con la élite turca como con la sometida población griega.

Penadés, como si fuéramos su hija quinceañera, nos lleva de la mano para saborear las ruinas de Dodona, uno de los oráculos más sagrados de la antigüedad, las marismas del río Aqueronte y la laguna Estigia, entradas al mundo de los muertos según Homero, el golfo de Ambracia, escenario de la batalla de Accio, en la que Octavio (luego Augusto) derrotó a las tropas de Marco Antonio y Cleopatra. Nos guía por los restos de Nicópolis, mandada construir en el mismo cerro desde el que Octavio asistió a la batalla naval que acabaría convirtiéndolo en el primer emperador. Aprovecha la visita a este recinto arqueológico para hablarnos del filósofo Epícteto, uno de los puntales del estoicismo, que fundó escuela y falleció allí.

El valenciano es un narrador hábil, muy versado, capaz de enhebrar pasado con presente como quien teje historias en un telar ensartando tramas sobre otras sin dejar puntada sin hilo. Su prosa ágil, su estilo sencillo, sin alambiques, nos guía por la isla de Léucade, desde cuyo extremo sur según Ovidio la célebre Safo se arrojó tras un amor desgraciado. Lo acompañamos a Porto Skrofa, testigo de la legendaria Batalla de Lepanto, en la que resultó herido Cervantes y la llamó “la más alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”.

"Penadés toma partido y reclama la devolución de estos mármoles al Museo de la Acrópolis, en cuyo último piso aguardan el regreso de los hijos rapiñados"

Su itinerario lo conduce por Mesolongi (donde exhaló su último aliento Lord Byron), los imponentes vestigios de Pleurón, Patras, Naupactos… En Delfos vuelve a tomar contacto con los persas enviados por Jerjes para asolar la Hélade que no se le sometiera. Bajo su guía revivimos los escenarios de batallas cruciales en la Historia Antigua: Maratón, Salamina, Platea. En Queronea conocemos a uno de sus más célebres vecinos, el también historiador Plutarco.

Penadés concluye su viaje en Atenas. Asistimos a la devastación de la misma por orden de Jerjes para vengar la humillación de su padre en la derrota de Maratón. Descubrimos otra asolación más sangrante: el saqueo de los mármoles del Partenón y de otros edificios de la Acrópolis por mandato de Lord Elgin, embajador del Reino Unido e Irlanda ante la corte otomana. Dodwell se enfrentó con el dignatario e intentó poner freno al expolio. En vano: falsificando incluso documentos, el embajador se llevó los frisos y metopas surgidos del taller de Fidias para decorar su mansión. Penadés toma partido y reclama la devolución de estos mármoles al Museo de la Acrópolis, en cuyo último piso aguardan el regreso de los hijos rapiñados.

Es, en definitiva, Acrópolis un libro apasionante, cuajado de mitología, historia, arte, filosofía y crónica de viajes. Una adictiva guía con la que recorrer, bien en vivo bien a través de sus páginas, la Hélade que no sale en las guías turísticas. Un homenaje a personajes, helenos (Heródoto, Homero, Plutarco, Epicteto, Fidias…) y no (Octavio, Safo, Dodwell, Cervantes, Byron…) que hollaron las tierras de las que el valenciano nos da testimonio y con su vida y ejemplo intentaron dejarnos un mundo más bello. Todo perfectamente engarzado, muy bien sazonado, lo que lo convierte en una lectura apasionante, una declaración de amor a Grecia y a su maravilloso legado.

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