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La Loquesea de Nolan: Dejen en paz a Homero

La Loquesea de Nolan: Dejen en paz a Homero

Me temo que con este artículo me van a llover de todos lados: a mí, plim. Me he ganado el derecho a expresarme con absoluta libertad en esta Cueva del Fauno, mi hogar en Zenda y de cuantos me honran con su visita. Así que pónganse cómodos.

Antes de nada, he de confesar (absolve me a peccatis meis, pater) que no soy nada cinéfilo, que mis conocimientos del séptimo arte rozan el muy deficiente, que no tengo ni pajolera idea de lo que es un plano americano ni si un trávelin empobrece o enriquece una escena. De cine sé muy pero que muy poco. En Homero y su mundo creo estar sobradamente preparado: desde los 9 años (acabo de llegar a los 60) Grecia, Roma y sus culturas se han convertido en mi Ítaca, mi patria añorada, mi meta vital. He consagrado mi existencia a su estudio y a su difusión, luchando contra viento y marea, ciscándome en aquellos ovejos que menosprecian su legado y quieren dejarnos huérfanos tras arrinconarnos en guetos.

La semana pasada peregriné a un cine en la creencia de que iba a honrar a mi idolatrado Homero a través de la revisión de sus historias que un tal Nolan había hecho en lo que tuvo la desvergüenza de llamar La Odisea. La Odisea de Nolan… No me toques las palmas, que me inrito. A poco de empezar me di cuenta, excoriado, de que aquello era un truño, un tocomocho, un onanismo mental de un cineasta que se las da de profundo y ha conseguido embaucar a miles de incautos.

"No soy un fanático purista con los acercamientos cinematográficos al maravilloso mundo que Homero nos desveló tres milenios atrás"

No soy un fanático purista con los acercamientos cinematográficos al maravilloso mundo que Homero nos desveló tres milenios atrás. He disfrutado y usado en mis clases la película Troya, que en 2004 estrenara Wolfgang Petersen. Los personajes encarnados por Brad Pitt, Eric Bana, Diane Kruger, Orlando Bloom o Peter O’Toole me transmitían emociones. Algunos (los que representaban a Héctor o a su padre, Príamo) llegaban a conmoverme hasta las lágrimas a pesar de haberla visto una docena de veces. Lo mismo les sucedía a muchos de mis pupilos: usé la cinta para que compararan lo que la mitología nos transmitía con la versión que había adoptado Petersen. Al finalizar, todas las clases aplaudían. Hubo veces en que niñas que no me habían prestado ni un ápice de su atención a lo largo del curso me pidieron que repitiera la escena en la que Paris da muerte a Aquiles. Quien tenga trato con las generaciones que actualmente huellan las aulas de enseñanza sabrán lo dificilísimo que es captar su atención y, mucho más, despertar sus emociones.

Por supuesto que les hacía ver las incongruencias que guionistas y director metieron en el filme: que Patroclo y Aquiles fueran primos (será por lo de que cuanto más primo, más te la arrimo) con una diferencia de edad tan grande, que mataran a Menelao y Áyax a las primeras de cambio, que Aquiles estuviera dentro del caballo (cuando llevaba muerto al menos un año), que el tontolaba del guaperas del Paris (muerto también a esas alturas) se escapara con la pendona de Helena, que el hijo y la esposa de Héctor huyeran sanos y salvos de la devastación…

El mismo actor que hacía de Odiseo, Sean Bean, a pesar de su escasísima presencia en el metraje, me llegaba más que el pestiñazo del Odiseo nolaniano, representado por un tal Matt Damon.

"Lo que sea que el tal Nolan haya querido decir con su último engendro no tiene nombre. Da la sensación de que se ha ido a los almacenes de baratillo donde los de Hollywood guardan los desechos"

En 1997 se estrenó una miniserie para televisión también llamada La Odisea, dirigida por Andrei Konchalovsky y protagonizada entre otros por Armand Assante, Greta Scacchi, Isabella Rossellini e Irene Papas. Con las licencias que sus autores quisieron tomarse, narraron de forma honesta lo que Homero nos cantó en sus epopeyas. La trama, los personajes, la ambientación lograban llegar al corazón del espectador. Así lo comprobé a lo largo de los años con mis pupilos adolescentes: un público exigente y difícil de conquistar.

Lo que sea que el tal Nolan haya querido decir con su último engendro no tiene nombre. Da la sensación de que se ha ido a los almacenes de baratillo donde los de Hollywood guardan los desechos de tienta de otras películas ya amortizadas y haya comprado allí vestuarios, atrezzo y personajes para montar con ellos su criatura. Así, de la saga de El Señor de los Anillos, de sus orcos y trolls en concreto, ha comprado a lo que se supone que es el cíclope Polifemo y, sin haberse rebajado a leer el canto donde Odiseo narra el episodio, le ha dicho al esperpento: “Cómete a unos cuantos y yastá“. Eso sí, usando animatrónica (sea lo que sea eso), para orgasmo colectivo de sus devotos.

De la saga Vikingos ha adquirido tres barcos de los más cutres y los ha hecho pasar por las embarcaciones de negras proas en las que bogaban los aqueos. A los de filmes de hechicería tan emblemáticos como Willow o El séptimo hijo les ha robado el patético personaje de Circe, a la que sólo le falta la banda sonora de “Unchained Melody” para que nos recuerde a Demi Moore amasando barro antes de cepillarse a su maromo en Ghost. Salvo que la Circe nolaniana amasa tiarrones para convertirlos en marranos, mientras saliva pensando en los buenos perniles que de ellos va a sacar.

Del film Excalibur Nolan robó las armaduras con las que vistió a los lestrigones, gigantes antropófagos que en la Odisea acabaron con casi todos los itacenses. Por cierto, vaya pifia de escena. Como la inmensa mayoría de las que conforman este incomprensible puzle.

"Lo de meter a una Helena negra, a una Atenea mestiza y a un oriental entre los compañeros de Odiseo supongo que se debe a la insufrible exigencia de corrección política"

Leo que el tal Nolan dirigió una serie de películas sobre el pelele de cartón piedra y gustos nocturnos al que llaman Batman. Ahora lo comprendo todo: con el personaje de Agamenón, llevado por la hybris, la soberbia, que tarde o temprano castigan los dioses, inmisericordes, quiso rendirse homenaje a sí mismo. Con el pijama y capa y armadura hipermusculada del murciélago vistió al rey de reyes, con un traje de los que venden a 50 céntimos los chinos del barrio. Uno no sabía si estaba viendo un Madelman disfrazado de Batman, con un casco con rastas. Subyugado por este espíritu marvelero, puso a Spiderman-Tom Holland a hacer de Telémaco, pero sin pijama y sin escupir telarañas.

Porque esa es otra: vaya despiporre que se ha marcado el Nolan con el reparto. Lo de meter a una Helena negra, a una Atenea mestiza y a un oriental entre los compañeros de Odiseo supongo que se debe a la insufrible exigencia de corrección política que se ha adueñado de las producciones yanquis. Yo eso me lo creeré cuando saquen a alguno de sus tótems como Abraham Lincoln encarnado por un negro del Bronx, a un George Washington representado por un nativo arapahoe o hagan una película apocalíptica intentando explicar cómo la supuesta civilización más avanzada de Occidente eligió como presidente a un esperpento como Trump, siendo el actor que haga de él un hispano homosexual con más plumas que el tocado de Toro Sentado.

En la serie Troya: La caída de una ciudad (2018), Aquiles y Patroclo son dos negracos de los de gimnasio. Se lían entre ellos e, incluso, hacen un trío con su esclava Briseida. Zeus es negro y su hija Atenea también. Puedo respetar eso, aunque al principio chirríe: los autores son fieles al espíritu homérico y se han ganado tomarse esas licencias.

"Si el susodicho rapero hubiera recitado un rap con temática homérica puede que hasta lo hubiera aplaudido"

Pero, ¿qué aporta Lupita Nyong’o en su doble papel como Helena y Clitemnestra, aparte de ser reclamo en el cartel para atraer a incautos a los que les importa un comino Homero y sus cosas griegas? ¿A qué viene la tal Zendaya como Atenea si en ningún momento del metraje puede lucir su legendaria, dicen, belleza? ¿La han puesto ahí porque está liada con el Spiderman-Telémaco, aparte de tener millones de seguidores en redes? Leo de un colega de Zenda, en un artículo que sube a los altares la última creación del director, que la tal Atenea en realidad era una sacerdotisa troyana a la que los hombres de Odiseo decapitan en las escenas finales, donde se rememora la devastación de Troya. Habrá que hacer caso a los expertos: a mí me pareció tan penosa la actuación de la susodicha (como la del resto del reparto) que me eran indiferentes sus vicisitudes.

Por este mismo artículo descubro que el moreno con rastas que en varias escenas aporrea con un palo la mesa en los banquetes, mientras parece recitar el rosario, es un rapero famoso. Resulta (átate los machos, Camachos) un homenaje a los aedos, esos cantores que amenizaban las veladas en tiempos homéricos cantando las gestas de los héroes. Si el susodicho rapero hubiera recitado un rap con temática homérica puede que hasta lo hubiera aplaudido (mis zagales me han enseñado vídeos de jóvenes rapeando a Homero o a Virgilio y les he alabado su técnica), pero el aedo de Nolan soltaba una letanía al modo beata aburrida, aporreando sin ritmo la mesa. Si yo hubiera sido uno de los pretendientes, le habría quitado el bastón y lo habría echado a garrotazos.

La Calipso que retiene a Odiseo a base de flores de loto y moluscos que no se mencionan, en una isla a la que le faltan las palmeras para que parezca el escenario de un anuncio de los limones del Caribe, da la sensación de querer librarse de él después de haberle aguantado durante siete eternos años la matraca de héroe destrozado. Si no, no se entiende que le proporcione una “barca” sin vela, hecha con cuatro palos y cañas. A ver si el plasta se ahoga de una puñetera vez.

"El Odiseo nolaniano se pasa toda la película con cara de estreñido, estreñimiento que parece que va a reventarlo en el cochambroso pasaje de las sirenas"

En una de las escenas, que se suponía que habría de ser de las más emotivas, el perro Argos, que durante 20 años aguardó el retorno de su dueño, maltratado por los pretendientes y forzado a vivir en un montón de inmundicias, reconoce a su señor, aun travestido de mendigo, y muere de la impresión antes de poder lamer sus manos de nuevo. El Argos de Nolan no muestra ninguna emoción ante el retorno de su amo. Ni hace esfuerzos por levantarse. Lo mira con pena como diciendo: “¡Córcholis! Por esto he aguantao yo tantas penalidades. ¿Qué has hecho con mi Odiseo, Clodoveo o lo que pijo seas ahora?”. Y decide estirar la pata sin más. “Pa lo que hay que ver, mejor espicharla”.

Y es que el Damon-Odiseo me deja totalmente indiferente. Cuando en la pésimamente rodada y editada escena de la matanza de los pretendientes da la impresión de que el rey, atravesado por varias flechas, va a morir, ¡por fin!, me dieron ganas de levantarme y pedir para el director las dos orejas y el rabo por liberarnos de una vez de tan insufrible personaje.

El Odiseo nolaniano se pasa toda la película con cara de estreñido, estreñimiento que parece que va a reventarlo en el cochambroso pasaje de las sirenas. Los espectadores estaban por interrumpir el rodaje y purgar al desdichado para que evacuara de una vez. Ni una sola de sus escenas ni de las de su parienta Penélope me ha conmovido lo más mínimo.

"Los que fuimos timados y acudimos a una pantalla normal tuvimos que tragarnos el tocomocho sin rechistar"

Al poco de comenzar la proyección me vi tentado a subir a hablar con el proyeccionista para que limpiara la lente del proyector: la película estaba sucia, nebulosa. Luego me dijeron que era otra decisión del director: un nuevo botón de muestra de su presunto genio, a lo que hay que añadir que las escenas parecían todas mutiladas. Se ve que el ilustre rodó en un formato que sólo se puede disfrutar en plenitud en una cuarentena de cines en todo el mundo. Los que fuimos timados y acudimos a una pantalla normal tuvimos que tragarnos el tocomocho sin rechistar. Y aún leo a decenas de culturetas aplaudiendo con las orejas.

Descubro que el ganador de varios premios pasó algunos años de su vida en Londres. Supongo que el haber soportado el asfixiante smog, el espeso “caldo de guisantes” que acompaña los días de los londinenses gran parte del año, hizo que el cineasta pensara que también los griegos sufrían a diario tal ambiente. Se ve que de Grecia sólo conocía su yogur, en el mejor de los casos. Lo de la luz mediterránea, su mar turquesa, la luminosidad no exenta de tinieblas de sus habitantes, como buen yanquibritánico, le era indiferente.

Dicen que lo que Nolan quería reflejar en su último filme era la asolación que produce la guerra en quienes en ella combaten. Debería haber sido más humilde: antes y mejor que él ya tocaron el tema directores más dotados, con héroes traumatizados en películas como Taxi Driver, Rambo, El cazador, Nacido el 4 de julioDebería haber dejado en paz a Homero y a sus héroes y reconocerse indigno de ellos.

"Exijo que deje de llamarse La Odisea y sea conocida como La Loquesea, sea lo que sea este pestiñazo"

Si lo que pretendía era retratar a un Odiseo destrozado por sus crímenes, eso ya lo hizo mucho mejor un italiano dos años antes: en 2024 Uberto Pasolini firmó una superproducción europea a la que llamó El retorno de Ulises. En ella un solvente Ralph Fiennes le da sopas con honda al estreñido de Matt Damon, encarnando convincentemente a un Odiseo atormentado. Pero claro: esta película, por mucho que su principal bandera sea británica, es europea, y ya sabemos lo que el amigo yanqui piensa de nosotros, más si en la producción y reparto hay italianos y españoles. Por eso esta creación, mucho más honesta, no tan pretenciosa como la nolaniana, infinitamente mejor que aquella, pasó desapercibida.

Visto el truño, el fiasco, la caca como una vaca que ha parido Nolan, que, creyéndose un elegido de Dios, ha querido homenajearse a sí mismo y a su “arte”, rodar una marvelada con un Batman Agamenón, un tostón sobre un Oppenheimer revivido ahora en Odiseo, exijo que deje de llamarse La Odisea y sea conocida como La Loquesea, sea lo que sea este pestiñazo.

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Mario Raimundo Caimacán
Mario Raimundo Caimacán
9 horas hace

Felicitaciones al columnista por su demolera crítica cinematográfica. Tenía tiempo que no me reía tanto con una columna de opinión: Desplumó a Nolan y a su malísima adaptación de La Odisea de Homero, que llamo “La Anti-Odisea de Nolan”, quien probó que era pura propaganda engañosa su supuesta “profundidad como cineasta”, que su fuerte es el cine de superhéroes infantiles para el público infantil y el público infantilizado de nuestra época, que su adefesio podrá recaudar todos los millones en taquilla y seguirá siendo una adaptación detestable, una obra fallida y nunca una “obra maestra” ni “obra de arte” como creen los ignorantes de Homero, quienes tienen sus mentes amoldadas a Batman y demás exponentes de la caterva de películas de superhéroes de historietas, de los fastidiosos muertos vivientes caníbales desatados y de las películas de glorificación de los delincuentes, las tres franquicias que predominan en Hollywood desde hace años. Si Nolan en verdad fuera un cineasta con inquietudes filosóficas (como la propaganda lo ensalza) habría explorado las causas del rechazo de Odiseo a la inmortalidad ofrecida por Calipso y quizás optaría entre dos opciones: La Odisea, como obra que expresa la mentalidad de su tiempo, es profundamente reaccionaria, no cree en la libertad humana, solo en la fatalidad del destino y el hombre debe conformarse con ser solo hombre y no aspirar a ser como los Dioses, lo que concuerda con el verdadero Odiseo homérico, un héroe patriarcal que es egoísta, guerrero, esclavista, calculador, mujeriego, mentiroso, “Destructor de Troya y asolador de ciudades”; o decide apartarse de Homero, no con tantos disparates, absurdos y pruebas de crasa ignorancia, sino con la decisión lógica en un hombre con el egoísmo de Odiseo: Aceptando la inmortalidad y juventud eterna ofrecida por Calipso, una posibilidad que contaba con varios ejemplos en la mitología griega. Apartarse de Homero para plantear una rebeldía metafísica tiene mayor mérito que apartarse de Homero para cambiar a Odiseo por un traumado “Rambo” necesitado de terapia psicoanalítica.

david
david
5 horas hace

¡Por fin sentido común!

SuperJ
SuperJ
4 horas hace

Quien vaya al cine esperando ver La Odisea escrita por Homero, pues acabará completamente decepcionado. Más allá de aspectos formales (los barcos vikingos, la armadura de Menelao, Helena negra…), la película no es fiel al espíritu de los poemas homéricos. Así que por ese lado, completamente de acuerdo con el autor del artículo. Dicho lo cual, eso no significa que la película sea un mal producto. Y aún reconociendo las ínfulas intelectuales del director y la falta de respeto por los espectadores, y todo lo dicho por el autor, la película me gustó, y no me importaría volverla a ver. Me parece una interpretación interesante de la figura de Ulises, la interpretación que hace Nolan, y por eso hay que recalcar que es DE NOLAN. Y algo que creo que debería ser muy importante para los que aman la cultur clásica, está generando un debate y un interés por la obra de Homero sin igual ( por ejemplo, mis propios hijos se han puesto a leerlo para comprobar las grandes diferencias entre los poemas y la película). Como de profundo y duradero sea este interés está por ver, pero aprovechemos lo mientras dure.