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Bicho malo nunca muere, el regreso de Falcó

Bicho malo nunca muere, el regreso de Falcó

El que sufra la misma enfermedad lo entenderá. Para el que no haya tenido el gusto de entrar en mi casa, además de atesorar una buena reserva de cervezas en el frigorífico, tengo una caja de madera donde guardo todos aquellos libros que he comprado para no leer ahora. Navegando por la web he descubierto que existe, incluso, una palabra japonesa que define la acción de comprar libros para luego no leerlos, o hacerlo más tarde: tsundoku. Pero esta gente tienen salidas para todo y eso es tema aparte.

El caso es que Falcó llevaba en el purgatorio de las novelas por leer más de seis meses. Hay libros que simplemente disfruto de tener en la biblioteca, puede que de vez en cuando haya mirado su lomo como a una mujer deseada, que haya acariciado su portada, olido sus páginas o leído algunos párrafos al azar. Como si estuviese preparándome para su lectura. Luego lo dejaba ahí, en la caja de madera, con el resto de libros en la sala de espera.

No sabría explicar cómo, pero el momento oportuno para la lectura de estas obras termina llegando. Quizá, lo que me haya impulsado a decidirme por zambullirme en sus páginas haya sido el próximo lanzamiento de Eva, el regreso de Falcó.

"Me apunto buenos recuerdos de su lectura. Tales como el detalle de pedir para comer un par de huevos, cuando hacen falta. O la fraternidad que se respira en las páginas donde aparece Leandro, el barman."

No soy ningún maestro de historia, además he vivido muy poco y la Guerra Civil Española me queda algo lejos, por lo que intentaré esquivar el tema del marco histórico de la novela. Nunca he sido de hablar sobre temas que no domino. La hipocresía suelo dejarla para los que posan en las fotografías con la mano en la barbilla. Sin embargo, para el gusto de algunos y la desazón de otros, soy Sargento de Infantería de Marina y conozco de primera mano muchas de las escenas que se narran en esta historia. Nos encontramos frente a un protagonista infiltrado en territorio enemigo, por decirlo de alguna manera, y de forma continua vamos a disfrutar del camuflaje con el entorno, del exceso de celo y de las conversaciones veladas (no, no es nada fácil escribir este tipo de diálogos). Con su lectura vamos a ser testigos del funcionamiento de todo este tipo de operaciones encubiertas desde una cercanía casi real. Vamos a vivir en primera persona la suciedad pegada a nuestro cuerpo después de pasar días en el raso, la humedad de la ropa, los escalofríos de la oscuridad de la noche, la aspereza de la arena mojada en la piel, la tensión de la bala en la recámara. Las voces cautelosas. Apaga ese cigarro, gilipollas, ¿o quieres que nos vean a cientos de metros de distancia? El silencio del que espera, los sonidos de la noche. El rostro imaginado del compañero en la negrura de la madrugada. Además, las órdenes están para cumplirse, coño. Las cosas son así.

Da la sensación de que su autor también ha estado metido en mierda, sin contar con la que ya puede encontrarse en el mundo de las letras.

Además de todo ello, me apunto buenos recuerdos de su lectura. Tales como el detalle de pedir para comer un par de huevos, cuando hacen falta. O la fraternidad que se respira en las páginas donde aparece Leandro, el barman. Un personaje segundón, para el que así quiera verlo. Estos encuentros en la barra del bar eran como un descanso, transmitían ese bienestar que suele acompañar la charla con un buen amigo. Cada vez que el camarero se ponía a preparar un hupa-hupa, me evocaba la imagen de alguien muy cercano a Zenda con un chaleco de hostelería agitando la coctelera.

"Al cerrar la tapa del libro a uno le entran ganas de seguir disfrutando de las gabardinas, las pitilleras de Carey, las cafiaspirinas y los Players."

Vemos a un Arturo Pérez-Reverte en estado puro. Un protagonista echado a perder, podrido por dentro pero de buenas impresiones, mujeriego e impecable en su trabajo. Un auténtico galán de cine clásico. Un hombre sin fe, que parece respirar por el simple hecho de tener que sobrevivir. Mañana Dios dirá, si es que tiene algo que decir. Un hombre impenetrable que aparenta haber nacido sin remordimientos. Pero todo eso son apariencias, características que hacen más duro a un personaje. Quizá por ello haya disfrutado tanto del final de la obra. De la oda a la lealtad, a pesar de todo.

Al cerrar la tapa del libro a uno le entran ganas de seguir disfrutando de las gabardinas, las pitilleras de Carey, las cafiaspirinas y los Players. Todo apunta a que su segunda parte no esperará tanto tiempo en la caja de los libros comprados sin leer. Aunque sería una lástima que no volviésemos a verle la cara al barman de marras.

Nadie como él prepara los hupa-hupa.

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Autor: Arturo Pérez-Reverte. Título: Falcó. Editorial: Alfaguara. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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