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Bienvenidos a la poscensura

Facha, rojo, podemita, falangista, machista, feminazi, catalufo, batasuno… son palabras que se han incrustado en nuestro cerebro a base de verlas por todos los lados en cualquier red social.

Hablar de internet y de redes sociales siempre es un ejercicio complicado. Sociología, inteligencia colectiva, estupidez organizada, opiniones libres y una cantidad apabullante de individuos “opinadores” cubiertos por un manto de anonimato casi infranqueable, hacen que el posible debate no llegue siquiera a comenzar.

La llegada de internet al mundo fue considerada como el nacimiento de un manantial de conocimiento y libertad para la totalidad de los mortales que se podían permitir el acceso. En 2016, existían más de 600 millones de europeos con acceso a red, la mitad de ellos usuarios de Facebook. Internet proporcionó un nuevo poder de reprobación masiva debido fundamentalmente a que la gente solo consume noticias que reafirman sus prejuicios. Con la crisis, la ira social no hizo sino aumentar y ahí, en medio de la libertad, nació el fenómeno de la poscensura.

"Batidas de caza con antorchas virtuales en las que un grupo de personas atacan a otra con tuits y hashtags en una sociedad digital en la que todo el mundo interpreta el papel de policía, juez y verdugo"

Este fenómeno intuyo que se nutre de la propia naturaleza humana. La historia nos ha enseñado que el ser humano tiene una tendencia increíble a autojustificarse. Nos entregamos a las mentiras que acarician nuestro ego o nos alejan del riesgo, haciendo que veamos el mundo de una manera convenientemente deformada. Colocamos nuestras prioridades en un orden disfuncional para justificar las motivaciones que nos hacen intentar alcanzar nuestros fines: si te adelanto en la carretera, es porque necesito llegar cuanto antes, pero si lo haces tú, eres un conductor temerario. Si te grito al hablar es porque me estás provocando, pero si lo haces tú, eres violento. Mis conductas reprobables nacen de mis circunstancias, mientras que las tuyas nacen de tus defectos personales. Si llevamos esta premisa a las redes sociales y entendemos cómo afecta ahí el sesgo de confirmación y la disonancia cognitiva explicada por Jon Ronson, entendemos por qué el resultado es tan devastador.

Esta es la idea central que se sublima para el comportamiento de masas en el libro de Juan Soto Ivars Arden las redes (Debate), un ensayo sobre el comportamiento en las redes sociales en el cual hace un estudio detallado de algunos de los casos más flagrantes de linchamiento público y descontrolado al que se ha sometido nunca a una persona en el mundo digital.

“Si el miedo a la censura proviene del poder oficial, la «poscensura» se refiere al miedo a la crítica de gente anónima que, de forma desorganizada muestra su rechazo a la opinión de otro, en lo que puede convertirse en una vorágine de cientos de tuits y posts en Facebook, que terminan convirtiendo la crítica en viral.”

Batidas de caza con antorchas virtuales en las que un grupo de personas atacan a otra con tuits y hashtags en una sociedad digital en la que todo el mundo interpreta el papel de policía, juez y verdugo que el mundo necesita para no caer en la ignominia moral.

Arden las redes es un libro que da gusto leer. Un libro muy bien escrito, precisa e ingentemente documentado, dispone en sus apéndices de todas las fuentes y referencias anotadas. Un texto que no deja ni una sola rendija para la acusación de oportunismo o partidismo. Un libro que te deja toda la información para que (tal y como el autor invita) cada uno saque sus propias conclusiones. Un ensayo de verbo preciso y asequible, divertido y alejado de pretensiones aleccionadoras con la única intención de hacerte pensar.

Creo que de lo mejor que tiene el libro de Soto Ivars es que te brinda perspectiva. Te enseña a contar hasta diez antes de lanzarte al agua por una u otra causa. A guardar la compostura, a ser prudente. A darte cuenta de que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. O, dicho de otra forma, es mejor estar callado y parecer idiota que abrir la boca y demostrarlo.

“La poscensura no es vertical, no necesita el concurso del poder tradicional. Es horizontal, no amordaza pero produce miedo a expresar ciertas ideas. Procede de gente que desde las múltiples posibilidades que proporciona internet vigila sus propias convicciones o las de su grupo”

Juan Soto Ivars comienza con un repaso histórico de la censura franquista, la democrática, y cómo ha desembocado en la poscensura gracias a la llegada de la tecnología. Tras esta introducción, el autor analiza los mecanismos de esta nueva forma de censura y hace una descripción de los casos reales de linchamiento en la web que han llevado a un clima asfixiante y a situaciones intolerables que creíamos de otra época como le ocurrió a María Frisa, Emiliano Zapata o Nacho Vigalondo.

Lejos de equiparar las censuras de las dictaduras totalitarias con la poscensura, lo que hace es compararlas y extraer los elementos que se mantienen intactos en la poscensura contemporánea. Así nos explica que en las redes se nos premia por nuestra jactancia y se nos puede criticar por manifestar dudas.

“Cuando la ley queda escrita, el creador aprende a burlarla (…). Sin embargo, en una censura que no se apoya en las leyes, que no está regida por una autoridad concreta, nos va a ser muy difícil prever a qué nos estamos arriesgando cuando queramos expresar determinadas ideas. Además, si la vigilancia no la ejerce un funcionario, sino que proviene de personas anónimas que dedican toda su atención paranoica a vigilar cualquier mensaje dañino desde las redes sociales, la amenaza de la censura se multiplica por mucho que las leyes garanticen la libertad de expresión”.

Uno de los conceptos que a mí más me fascinan es el de Guerra Cultural, y es imposible explicarlo sin parafrasear a Ivars.

"Arden las redes es un texto brillante. Un ensayo ligero, completo, documentado y muy ameno que cambiará por completo la manera en que se verán las redes sociales"

«En este momento la sociedad está fracturada. El esquema moral de un podemita y el de un católico fervoroso no pueden ser más antagónicos«, añade. Lo que para uno es sagrado, para el otro es blasfemia. Donde uno ve libertad, el otro ve represión. «Mira si no aquello de la misa de La 2: ¿qué daño le hace realmente a un podemita esa misa? Ninguno. ¿Y qué daño le hace a un católico la actuación del drag queen en Canarias? Ninguno«. Pero unos y otros ven agresiones en la libertad de expresión de los otros. «El problema es que, en las redes, los sectarios de cualquier causa hacen callar al resto con el viejo método de «te quito el carné y lo pisoteo delante de todo el mundo». En las redes tiene más futuro Torquemada que Juan XIII». Guerra cultural pura y dura. Me parece sencillamente brillante. Ivars está explicando y etiquetando lo que está ocurriendo en la era digital con una precisión absoluta.

Podría seguir citando o extrayendo fragmentos, pero creo que lo mejor es que vayáis directamente a la fuente. Al autor le digo que me hubiera gustado aclarar un par de dudas antes de escribir estas líneas, pero no tuve la suerte de que viera mis tuits. Quien sabe, quizá un día de estos…  Y al lector le digo que Arden las redes es un texto brillante. Un ensayo ligero, completo, documentado y muy ameno que cambiará por completo la manera en que se verán las redes sociales. Creo que es uno de esos “imprescindibles” que hay que leer si queremos imaginarnos qué es lo que se nos viene.

Disfrutad de la lectura y ya nos veremos.  O como diría el autor: nos seguimos vigilando.

Sed buenos.

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