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Cadena de presos (I)

Foto de portada: Arboleda en Börnste, Kirchspiel, Dülmen, Renania del Norte-Westfalia, Alemania. Fotografía de Dietmar Rabich

1. Llegó junio y el prisionero se dio cuenta de que ya no echaba de menos ni a la calandria ni al ruiseñor. El joven ballestero también cantaba al amanecer y su voz era más dulce que la de cualquier avecilla.

2. Aquel pájaro carpintero era tan engreído que se hacía llamar pájaro ebanista.

3. El autillo va dando puntadas con su ulular y así cose la noche, con largos pespuntes.

4. Las almas de las modistillas se reencarnan en pinos y por eso el suelo del monte está lleno de las agujas que arrojan a los pies de sus amados.

5. Los bosques son los templos de las divinidades salvajes; los jardines, de los dioses domesticados.

6. Todos hemos sido niños y sabemos lo que es la esclavitud, el obedecer órdenes sin que nos las razonen, que apaguen la luz y te dejen abandonado en el país de los sueños como en mitad de un bosque tenebroso.

7. Los pájaros saben desde qué ramas se canta mejor. Hay árboles viejos que son majestuosos teatros de ópera en los que todas las noches se ofrece una función de gala.

8. Una orquesta sinfónica es un bosque encantado, lleno de cañas, ramas y maderas canoras. A veces, en mitad de la fronda, un ogro desafina.

9. Para construir un violonchelo se necesita la madera de un árbol que haya vivido, al menos, doscientos años. Todo lo que se toque con ese instrumento suena melancólico porque lleva el recuerdo de los nidos destruidos y de la vida talada.

10. Gustav Leonhardt, de joven, viajaba con el clave en su propio coche por las carreteras de Holanda y daba conciertos en blancas y desnudas iglesias luteranas. A veces, cuando sacaba el instrumento del maletero, había quien pensaba que portaba un ataúd. Él mismo, cuando levantaba la tapa, temía encontrar dentro un niño muerto, quizá un hijo momificado de Bach.

11. El piano, claramente, es un mamífero.

12. El arpa, cuando se viste con frac, se convierte en piano.

13. Mi primer piano tenía cosquillas y no había forma de tocarlo.

14. Hay pianos de porte tan vacuno que dan ganas de sacarlos en manada a pastar y, si son bravos, a correr los sanfermines.

15. Los bueyes, cuando cruzan un puente, se compadecen del pobre río, uncido por un yugo de piedra más pesado que el suyo. «Mi yugo es suave y ligera mi carga», mascullan entre dientes, y tiran del carro. Los bueyes, al menos, descansan en una cuadra cuando llega la noche, pero los ríos corren desnudos noche y día hasta la mar, que, por si fuera poco, es el morir.

16. Los ríos son espejos con prisa.

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