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Carlos Fuentes, una biografía

Carlos Fuentes, una biografía

Como un sigiloso detective, con paciencia y meticulosidad, el periodista y escritor mexicano Raúl Pérez López-Portillo (1947) indagó durante poco más de veinte años en el entorno personal e íntimo, las amistades, las hemerotecas y todo aquello que tuviera relación con la vida de Carlos Fuentes (1928-2012), para construir lo que él mismo define como una “semblanza biográfica”, centrada sobre todo en los avatares de su existencia y pensando también en hacer un retrato más humano de uno de los escritores fundamentales de la literatura escrita en lengua española del siglo XX. El resultado es una obra titulada La República de Carlos Fuentes (Sílex), la primera gran biografía del autor de Aura. Cuenta Pérez López-Portillo que al principio de su empresa su intención era escribir sobre un personaje mientras viviera, para así poder entrevistarlo y rascar con él toda su trayectoria, sobre todo la personal, y que su obra quedara en lo posible en un segundo plano. Y la imagen de Fuentes, su trayectoria y su trabajo intelectual, valían de sobra ese esfuerzo, pues había muy poco escrito y publicado sobre su rica experiencia vivida. Así que en ese territorio Pérez López-Portillo encaminó sus pasos. El periodista asegura que nunca pretendió denominar a esta obra “biografía” en sentido estricto, porque mientras trabajaba en ella Fuentes aún estaba vivo y habría querido que él leyera el resultado final. De hecho, sostuvo varios encuentros con Fuentes, y al principio incluso pensó que podría beber de esas entrevistas. Así que lo persiguió durante varios años y cruzó correspondencia con él, pero temiendo que decidiera darle esquinazo, como finalmente ocurrió, decidió buscar por su cuenta y riesgo las fuentes y los contactos, antes de hablar con él por primera vez. Al principio de su persecución, recuerda, Fuentes parecía dispuesto a hablar de todo lo vivido, pero llegó un momento en que consideró que detrás de toda biografía quien es objeto de ella “escucha los pasos de la muerte”. Así que finalmente, un día de junio de 2007, Fuentes, quien por aquel entonces sopesaba la idea de escribir sus memorias, tomó la decisión de no hablar, porque en tal caso, le dijo al periodista, él sería el que acabaría haciendo el trabajo. La negativa de Fuentes tuvo dos efectos: que al fin Pérez López-Portillo dejó de buscarlo y que de una vez por todas pudo centrarse en la escritura de la obra, de la que a esas alturas había reunido ya una ingente cantidad de información. “Ambos nos liberamos”, dice. Fuentes ya no vería más su sombra pisándole los talones para ese fin, ni el investigador vería la de Fuentes, cuya vida se había colado hasta en sus sueños. Y ambos siguieron su camino. Hasta que la muerte intempestiva de Fuentes precipitó los planes, y hubo que poner punto final a la semblanza que, ahora sí, podía llamarse biografía. Más tarde, con la obra terminada, una serie de circunstancias ajenas al biógrafo mantuvieron el libro más de un lustro en el congelador, debido a que la editorial de Fuentes (Alfaguara), tras su muerte, había diseñado un plan de publicación de textos del propio autor que tenía en su poder. Y Pérez López-Portillo prefirió esperar a que se apaciguaran las aguas. Ahora, por fin, ve la luz esta gran biografía en la que surge, con toda la fuerza de su personalidad, la enorme figura del personaje, su humanidad, sus avatares vitales y todos aquellos detalles que hicieron de él el escritor que sus lectores siguen encontrando en sus obras. Salud, Raúl, por esta biografía.

ATAQUE AL LIBRO

"Para el presidente de México encuentros literarios como la FIL de Guadalajara, si no son un festival dedicado a loar las bonanzas y magnificencia de su persona y su gobierno, no son nada"

Luego de que en una de sus esperpénticas ruedas de prensa mañaneras el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador asegurara que las últimas Ferias del Libro de Guadalajara se han organizado “en contra de nosotros, porque traen a Vargas Llosa, Aguilar Camín y Krauze”, los organizadores de la FIL se han visto obligados a defender el encuentro de estos burdos y trasnochados ataques. Para ello, emitieron un comunicado en el que subrayan, para que al presidente no se le olvide, que la feria es una iniciativa «para fomentar, en un espíritu de debate plural, la cultura del libro y la lectura, la circulación de ideas y el diálogo razonado”. En dicho comunicado se enfatiza, además, que a lo largo de más de tres décadas por los pasillos de la Expo Guadalajara han pasado autores, pensadores y figuras públicas de todos los países, todas las corrientes ideológicas y todas las adscripciones políticas, entre ellos muchos de quienes él no considera sospechosos de ser sus enemigos, como Sabina Berman, Judith Butler, Ernesto Cardenal, Cuauhtémoc Cárdenas, Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, José Mujica, Porfirio Muñoz Ledo, Nicanor Parra, Jesús Ramírez Cuevas, José Saramago o Paco Ignacio Taibo II, entre otros. Lo que llama la atención, en cualquier caso, es la forma en que AMLO marcaregistrada, dijo sin ningún empacho: “Fíjense las ferias del libro, las últimas dedicadas a nosotros: traen a Vargas Llosa (Mario, Nobel de Literatura), a (Héctor) Aguilar Camín, a (Enrique) Krauze, pero me entero que en España le entregan un premio a la FIL (el Princesa de Asturias) y el que lo recibe es ni más ni menos que (Raúl) Padilla, es el que da el discurso, y me llamó muchísimo la atención un renglón sobre que se debe defender al libro del populismo. Pero es la decadencia, pero no sólo de México, de las universidades, de la intelectualidad, de los que otorgan estos premios”, aseguró el titular del Ejecutivo. Sí, amigos, para el presidente de México encuentros literarios como la FIL de Guadalajara, si no son un festival dedicado a loar las bonanzas y magnificencia de su persona y su gobierno, no son nada, sino meros convites decadentes. Y menos son un claro ejemplo del vigor y empuje de la cultura mexicana. ¿España reconoce la FIL? Bah, ese imperio…

LA HISTORIA SECRETA DE LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN EN MÉXICO

"Haghenbeck descorre el velo y juega con la presencia de Xipe Totec para hablar de miedos humanos a través de terrores paranormales"

En Sangre helada, la nueva novela del escritor Francisco Haghenbeck (1965) recientemente publicada por Océano, lo paranormal y el terror se mezclan con una historia que había permanecido oculta durante décadas: la de los campos de concentración creados durante la Segunda Guerra Mundial por el gobierno mexicano: uno en la fortaleza militar de Perote, en la provincia de Veracruz, a donde fue llevada buena parte de la población alemana que residía en México; y otro, un campo de concentración para japoneses en el estado de Morelos. Como ha dicho Haghenbeck —autor de obras como Trago amargoDeidades menores El libro secreto de Frida Kahlo— se trata de uno de los pasajes más oscuros de la historia moderna mexicana, porque habla del racismo y la discriminación que se han ejercido en México durante toda su historia, como ocurre hoy en día con los centroamericanos y como ha ocurrido siempre con los más pobres. En todo caso, con esta novela el autor quiere enmendar la historia edulcorada que se enseña a los jóvenes en México, donde la verdad oficial establece que durante la Segunda Guerra Mundial México jugó un papel menor y apenas le afectó, que fue un suceso lejano y que en su territorio no pasó nada. Así que Haghenbeck descorre el velo y juega con la presencia de Xipe Totec (el señor desollado, dios de vida, muerte y resurrección de la cultura mexica) para hablar de miedos humanos a través de terrores paranormales, y trata de hacer que el lector mire una serie de errores del pasado a través del espejo del horror como una metáfora. Y logra poner los pelos de punta.

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