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Carranque de Ríos, revistado

Para la niña Elia,
futura editora.

Resulta difícil describir con un adjetivo preciso la situación en la sociedad literaria del poeta y narrador Andrés Carranque de Ríos (1902-1936). En parte le conviene el calificativo de «olvidado» que se les aplica a aquellos escritores que han ido a parar al ingente foso del desconocimiento de la historia literaria. Pero el autor madrileño no ha sido un postergado de las letras en la medida de otros cuyo nombre ya no se recuerda en absoluto y no logran ni una nota a pie de página en las historias de la literatura. Carranque, que tuvo en su día su punto de notoriedad, casi una limitada fama, desapareció de la lista de conocidos tras la guerra. Corrió la misma suerte que muchos de los exilados, de los silenciados por el franquismo y de los escritores de la literatura social que floreció en tiempos de la II República: no se le tenía en cuenta. Su caso, sin embargo, ofrece aristas peculiares.

En efecto, desde mediados de los años sesenta su breve obra narrativa encontró apoyo editorial y crítico. Dos hitos fundamentales marcaron este renacimiento. Uno, en el ámbito académico, el que Eugenio de Nora le dedicara en 1963 positiva atención y puntual análisis en su panorama histórico de referencia, La novela española contemporánea. Otro, en el ámbito de la difusión, el que Joaquín de Entrambasaguas incluyera al año siguiente su último libro, Cinematógrafo, en una lujosa colección de la comercial Planeta de incitador rótulo, “Las mejores novelas contemporáneas”. Era, al entender del catedrático en la Central, una de las cinco mejores que ocupaban el tomo acotado por las publicadas en el quinquenio 1935-1939. Llamaba mucho la atención que el belicoso franquista Entrambasaguas le concediera tal distinción, por tratarse el autor de un señalado revolucionario. Pero el antólogo apreciaba en ella méritos literarios notables, al margen de la ideología de Carranque, como para seleccionarla y ponerla en el mismo saco que a los otros cuatro autores de significación política en las antípodas (Urabayen, Ledesma Miranda, Ros y Foxá), con lo cual les hacía un flaco favor a estos escritores próximos a él, pues se apreciaba la inferioridad artística de sus respectivas novelas —salvo la valleinclanesca Madrid de corte a cheka— al contrastarlas con la de Carranque.

"Nada que ver el madrileño con la literatura blandengue de la burguesía de entreguerras, sino que escribe desde una conciencia de clase"

Algunos datos circunstanciales o anecdóticos ayudaron a la recuperación de Carranque. Así el que Baroja hubiera puesto un prologuillo de compromiso pero a la postre alentador a su primera novela, Uno. También el que se fueran conociendo datos biográficos que lo aureolaban de personaje aventurero: hombre de vida extraordinaria (“ebanista, albañil, poeta, anarquistas, artista de la pantalla y novelista”, destacaba algún texto de la época), libertario condenado a prisión, periodista batallador y ocasional actor cinematográfico. Su misma temprana muerte por enfermedad al poco de comenzar la guerra civil añadía la incógnita de un irresoluble interrogante: qué porvenir honroso no le habría alcanzado a un autor cuya breve existencia solo le había permitido sacar tres interesantes novelas y a ritmo regular, las dos citadas y La vida difícil.

Como sea, Carranque de Ríos tuvo desde finales del franquismo bastante suerte editorial. Su obra fue difundida por sellos de calidad: Turner, Helios o Viamonte. Figura en la colección de clásicos Letras Hispánicas de Cátedra. Los libreros de lance eligieron en 2018 para su grata y selecta edición facsímil La vida difícil. Y en 1998 Ediciones del Imán recogió su Obra completa.

El mercado está, pues, bien surtido de “carranques”. Sin embargo, la modesta, valiente y cuidadosa editorial Libros Corrientes ha repescado en tomos independientes de su colección de significativo título, “De lo social”, las tres novelas del madrileño: Uno, La vida difícil y Cinematógrafo. No sería reseñable la publicación si no se tratara de un rescate explícitamente intencionado, que es lo que aquí importa destacar. El propio editor explica en una infrecuente nota preliminar su intención: la literatura de Carranque ha sufrido un proceso de desideologización; no ofrece un vago ejercicio de “humanismo biempensante”; es un perfecto ejemplo de literatura obrerista y abiertamente política. En la misma dirección redunda el largo artículo de la profesora Raquel Arias que encabeza La vida difícil. Insiste esta estudiosa en reivindicar el carácter político de estas novelas, hijas de una nueva cultura revolucionaria; novelas sociales de clase. Las veces que Arias utiliza como criterio de autoridad al dogmático Julio Rodríguez Puértolas habla por sí solo. Protesta enardecida la prologuista frente a la lectura mayoritaria de Carranque como autor de “denuncia más o menos humanitaria contra las injusticias sociales”. Al contrario, proclama, sin utilizar el término, que responden a una escritura de agitprop. Nada que ver el madrileño con la literatura blandengue de la burguesía de entreguerras, sino que escribe desde una conciencia de clase.

"Aparte este discutible rescate dirigido de Carranque, un mérito incuestionable tienen los tres tomos que vengo anotando"

Carranque habría concebido, además, una forma nueva y propia para trasladar a la literatura su punto de vista. Precisa Arias que “la estructura partida en escenas, la utilización de narradores diversos, la inclusión de discursos de diferente naturaleza evita la explicación unívoca del mundo que propone la burguesía”. Bien está apreciar esta sensibilidad técnica y formal en Carranque, algo que comparten buena parte de los narradores sociales de antaño, pero no aporta nada específico de una literatura de avanzada. Esos recursos no surgieron de un aliento literario obrerista sino que su fuente fueron las mil y una innovaciones y rupturas del vanguardismo, de los burgueses vanguardistas de los años veinte y treinta. Las “Noticias adicionales”, un listado disperso de personajes y situaciones que abre La vida difícil, es un recurso propio de la literatura “deshumanizada”, por la que tanto fervor sintieron buena parte de los autores sociales de preguerra. Y las estampas de época que contienen las tres novelas recogen la herencia yacente del poco revolucionario Pío Baroja, el maestro más visible de Carranque.

Aparte este discutible rescate dirigido de Carranque, un mérito incuestionable tienen los tres tomos que vengo anotando. Cada uno lleva sendos apéndices documentales que contienen, bastantes en reproducciones facsimilares de los originales, artículos de Carranque y reseñas, comentarios y entrevistas acerca de su obra publicados en vida del autor. Suponen un notable valor añadido a la lectura de las novelas y permiten situar escritor y escritura en su contexto histórico. Son una muestra de un tipo de edición diligente hoy rara que brinda la posibilidad de establecer un diálogo entre el texto de ayer y el lector de hoy.

"Los tiempos de anteayer que Carranque retrata vibran en su prosa entrecortada, directa y ágil, también a veces con aspecto un poco desmañado"

Este último es un mérito sustancial de la presente reedición que invita a revisitar a Carranque de Ríos. El lector se ve impelido a valorar el alcance de la prosa testimonial del autor, cuánto hay en ella de puro documento de época y en qué medida sirve a una finalidad política. Esto lleva a otro debate, fuerte en aquella época, pero no agotado: la relación entre el testimonio y el valor artístico. Era dogma de entonces, tiempos de la fundamentación teórica del realismo socialista, que la literatura debía subordinarse al interés de conseguir el triunfo de una sociedad igualitaria, a patentizar la marcha progresiva de la historia. Y ello tenía innegociables requisitos: el héroe positivo y la idea de totalidad. Creador instintivo, aunque hubiera adquirido una buena formación literaria tradicional, las novelas de Carranque no se sujetan a dichas imposiciones teóricas. Carranque cuenta la vida, la refleja sin mucho aparataje retórico, recoge de la calle tipos menesterosos y desvalidos, gente zarandeada por la existencia y por los duros determinantes socioeconómicos. También echa alguna paletada de ideología.

Los tiempos de anteayer que Carranque retrata vibran en su prosa entrecortada, directa y ágil, también a veces con aspecto un poco desmañado. Ahí, en la plasticidad y emoción con que trasmite una visión dura, crítica y desencantada de la existencia, en unas plásticas estampas de humillados y fracasados, bastante amargas y desesperanzadas, reside el interés permanente de una obra truncada por la prematura muerte del autor.

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Autor: Andrés Carranque de Ríos. Título: Uno. Editorial: Libros Corrientes. Venta: Todostuslibros

Autor: Andrés Carranque de Ríos. Título: La vida difícil. Editorial: Ibidem. Venta: Todostuslibros 

Autor: Andrés Carranque de Ríos. Título: Cinematógrafo. Editorial: Ibidem. Venta: Todostuslibros 

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