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Casar a Hitler: el Groucho Marx del fascismo español

Casar a Hitler: el Groucho Marx del fascismo español

En diciembre de 1941 Ernesto Giménez Caballero viajó a la ciudad alemana de Weimar invitado por la Asociación Europea de Escritores, un invento del ministro del Reich Joseph Goebbels, el maligno genio de la propaganda nazi. Allí, Arturo Farinelli le presentó a Magda, la esposa del líder del partido nacionalsocialista. Más tarde pudo cenar con el matrimonio y el escritor apareció con dos obsequios: un capote de torero y un belén artesanal de Murcia. “Antes de sentarnos a la mesa, durante los aperitivos, enseñé al pequeño y cojito jerarca de la propaganda nazi a manejar el capote, el modo de ceñirlo para el paseíllo y de veroniquearlo. Y a los niños les monté el Belén junto a la chimenea. Magda estaba radiante y conmovida”.

La estampa, que parece casi una escena navideña de Frank Capra, solo era el preludio de una operación aún más surrealista que la propia visita. Tras la comida, a solas con la esposa, el español propuso la solución para la urgente “reanudación de la estirpe hispano-austriaca, que traería el armisticio a Europa, con un enlace tradicional y revolucionario”: la emperatriz que debía casarse con Hitler no era otra que Pilar Primo de Rivera, la hermana de José Antonio, el fundador de la Falange. Por su limpieza de sangre, por su fe católica y por arrastrar a las juventudes españolas.

Magda, emocionada, cuenta EGC, le confió la razón de la imposibilidad de tal sueño: Hitler era inútil como varón, y Eva Braun solo un enmascaramiento para la galería, ya que el susodicho recibió un balazo en los testículos durante la I Guerra Mundial.

"Ernesto Giménez Caballero navegó toda su vida entre la desfachatez y la genialidad, quizás como todo buen surrealista"

Ernesto Giménez Caballero navegó toda su vida entre la desfachatez y la genialidad, quizás como todo buen surrealista. En la Universidad Central tuvo como maestros a Américo Castro, a Ortega y Gasset, a Menéndez Pidal y a Besteiro. Tras combatir en la Guerra de Marruecos, y publicar en 1923 Notas marruecas de un soldado, por el que fue procesado por injurias al ejército e incitación a la sedición, se abrió un hueco en el periodismo español escribiendo para La Libertad, El Sol o la Revista de Occidente.

Se enamoró de una florentina de ojos azules y marchó a Italia justo cuando Mussolini, con el que se entrevistó dos veces, llegó al poder. Sugestionado por las formas imperiales de la nueva dictadura, intentó desde entonces buscar a un Duce para España. De vuelta a Madrid, lo buscó por los cafés de la villa y corte: Azaña, Largo Caballero, Fernando de los Ríos y hasta Ramón Franco fueron algunos de sus candidatos fallidos.

"EGC pasó de fundar las juventudes socialistas a ser, prácticamente, el primer fascista español"

Ensayista de casi todo en los veinte y los treinta, fundó La Gaceta Literaria (1927-1932), donde se mezcló el 98, el 14 y el 27. Toda la Edad de Plata de nuestra literatura pasó por allí y convivió en armonía, o lanzándose los trastos literarios, hasta que la ideologización de unos y otros acabó con la revista, al igual que se acabó España.

En ese proceso EGC pasó de fundar las juventudes socialistas a ser, prácticamente, el primer fascista español, como lo denominó Ridruejo. Antes quiso ser torero. Miembro de un 27 olvidado de la prosa, un Marinetti de calderilla, diría Umbral, que abrazó el surrealismo en Yo, inspector de alcantarillas (1928), acaso la primera publicación de relatos surrealistas en España, también se interesó por el cine, fundó el primer cineclub en España, colaborando con Luis Buñuel. Realizó varios cortometrajes y destacó, asimismo, como creador de unos “carteles literarios” de corte futurista que firmó con el seudónimo “Gecé”.

Umbral fue duro con su obra, quizás surrealista en su conjunto tanto como el personaje, y lo caricaturizó, o se caricaturizó él mismo, al uniformarse con sus gafas, el bigotito y las botas: “Ninguna de las tres cosas las ha llevado jamás en su sitio, y es como un involuntario Groucho Marx”.

"Personaje incómodo hasta para los suyos, el franquismo lo postergó a agregadurías y misiones diplomáticas en rincones perdidos del mundo"

Como dijo en una entrevista con motivo de la publicación de su autobiografía al final ya de su vida: “No me arrepiento de haber sido fundador de las Juventudes Socialistas, de haber sido fascista, vanguardista y de estar hoy de vuelta al anarcosindicalismo”. Para Manuel Vicent “unas veces parecía un visionario y otras mostraba todos los síntomas de estar como una chota”.

Personaje incómodo hasta para los suyos, el franquismo lo postergó a agregadurías y misiones diplomáticas en rincones perdidos del mundo. Cuando murió, Eduardo Haro Tecglen contó como viajaron juntos a la Alemania partida de la guerra fría. Iba EGC a su lado en el avión, sin querer mirar por la ventanilla, muerto de miedo. Cuando finalmente se durmió, entre sueños, murmuró: “¿Cómo no habré sido yo ministro?”. Cuando despertó, Haro se lo dijo: “Es cierto, es cierto… No lo he entendido nunca. Franco me llamó un día, durante una recepción en Lisboa, y me preguntó: Ernesto, ¿usted nunca ha sido ministro?”. “No, mi general”. Y entonces Franco dijo: “¿Y por qué habrá sido eso, Ernesto?”. Aquello acabó por obsesionar al escritor, una preocupación que no dejó de asaltarle en sueños: “¿Por qué no habré sido yo ministro? Ya ves, Rafael [Sánchez Mazas] sí lo ha sido y yo no….”.

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