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Chatarra intelectual

Leo que 17.000 objetos considerados chatarra cósmica (o basura espacial), que suman unas 100 toneladas, orbitan la tierra. Se trata de restos de cohetes, explosiones, satélites abandonados…

La basura espacial se ha convertido en una preocupación cada vez mayor, asegura el artículo; los fragmentos esparcidos pueden colisionar con cualquier misión provocando graves consecuencias, además de aumentar la chatarra cósmica.

"Ya no hay quien se resista, incluyendo el que suscribe, a lanzar su morralla al universo cultural en forma de libros, artículos u opiniones de ferretería de saldo"

Lo que nos distingue como especie no es nuestro desarrollo cerebral, sino la acumulación de excrementos, sea en el formato que sea, pienso. Después de convertir la Tierra y los mares en un gran vertedero, haremos lo propio con el espacio. Quien aboga por salvar la humanidad en realidad odia el universo. Lo mejor que puede pasar en términos evolutivos es que nos extingamos cuanto antes, ya sea achicharrados por el calentamiento global o aplastados por una lluvia de tornillos del Sputnik, y dejemos paso a lo que venga detrás, sea lo que sea lo que tenga que venir. Siento no contagiarme del utópico entusiasmo de Greta Thunberg, pero cada vez estoy más convencido de que la solución pasa por nuestra desaparición. Perdonen mi cinismo.

Después de terminar el artículo empiezo a entender mejor el panorama cultural en el que todos orbitamos. De hecho, me parece una gran metáfora del mismo. Objetos útiles, e inútiles, que entran en contacto con la chatarra y se conviertan a su vez en más chatarra.

Llego a la conclusión de que efectivamente se trata de eso: no podemos parar de producir basura compulsivamente. Probablemente nuestra genética nos ha programado para ello. Deberían intentar aislar en nuestro genoma el gen responsable de la fabricación de mierda por doquier y comprenderíamos mejor cuál es nuestra misión dentro de la naturaleza.

Tanto nos hemos acostumbrados a cómo nos apesta el culo que nos es imposible distinguir el hedor del aroma. Debe de ser ese el motivo por el que cada vez orbita más chatarra intelectual camuflada de contenido. Novelas, blogs, poemarios, tweets y posts colisionando entre sí y produciendo a su vez más chatarra intelectual que consumimos como si se tratase de producto de primera calidad.

Ya no hay quien se resista, incluyendo el que suscribe, a lanzar su morralla al universo cultural en forma de libros, artículos u opiniones de ferretería de saldo que no servirían como material de reciclaje ni al trapero de turno. La hoguera de las vanidades ha colonizado las redes sociales y quién sabe si nuestra percepción del arte.

Estamos generando un peligroso cosmos que se retroalimenta de esas pequeñas colisiones que provocan los amiguismos, las camarillas, los intereses creados y la falta de criterio que otorgan los pulgares levantados y los corazoncitos a gogó.

El transhumanismo ha llegado antes de lo que auguraba mi querido Luisgé, entre otros, y nos ha convertido a todos en avatares de nosotros mismos encerrados dentro de nuestros anodinos perfiles. Estamos más preocupados por acumular demagógicos likes que por admirar lo que de verdad merece la pena.

El arte (quién sabe si también la política, visto lo visto) ni es democrático ni debe serlo. La democracia es sin duda la negación del arte. Por eso cobra sentido la Capilla Sixtina, la bibliografía de García Márquez o la arquitectura de Gaudí.

"Sí, la chatarra intelectual nos ha colonizado y el triunfo de la mediocridad, más que nunca, es una realidad palmaria"

La involución intelectual es un hecho. Empieza a perder el sentido cualquier intento de manifestación artística en un mundo donde todos se creen capaces de llevarla a cabo y cualquier desecho acaba alabándose, compartiéndose, orbitando, como si fuese una obra maestra de consumo imprescindible, ya sea una entrada plagada de lugares comunes o una novela anodina de dudoso calado intelectual. Sí, la chatarra intelectual nos ha colonizado y el triunfo de la mediocridad, más que nunca, es una realidad palmaria.

Algunos se refugiarán en la manida frase de que para gustos los colores y memeces similares. Mientras tanto cada vez arrinconamos más la literatura, la poesía, la fotografía, el teatro, el periodismo de verdad, y elevamos el listón de la vulgaridad. A este paso nuestros hijos no tendrán ninguna literatura que estudiar porque directamente no habrá nada que merezca ese calificativo.

Empiezo a estar ya cansado del mantra buenista que nos instiga a que leamos, dando por sentado que leer cualquier memez es mejor que no leer, sin que la calidad sea un criterio, o dando por sentado que la bazofia, de algún extraño modo, nos conducirá a la excelencia. Como si atiborrarnos a hamburguesas nos llevase irremisiblemente tarde o temprano a una alimentación equilibrada, sabe Dios por qué asociación de ideas. Por primera vez quizá la mejor y más sensata manifestación cultural sea la falta de preocupación por ella. La no cultura como salvaguarda a la higiene mental.

Seguramente habrá quien me acuse de prepotencia intelectual, cuando no de prepotencia fascista, o de provocación pura y dura. Prefiero eso a admitir que cualquier majadería es digna de ser tenida en cuenta al mismo nivel que una obra de arte.

Si no somos capaces de distinguir la chatarra intelectual que orbita a nuestro alrededor es que merecemos ser aplastados por ella. Y, repito, seguramente será lo mejor que pueda pasarnos. Estoy convencido de que no tardaremos en conseguirlo.

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