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Cinco poemas de Manuel Emilio Castillo

Cinco poemas de Manuel Emilio Castillo

Manuel Emilio Castillo (1951), comenzó muy joven su andadura poética en un grupo de poetas del Ateneo de Castellón de la Plana, su ciudad natal. Pero no fue hasta 2004, residiendo en Valencia, donde vive desde los noventa, que se publicó su primer poemario Hierba nueva, al que siguieron La morada del ocaso (2007), Revelación (2009) y Umbral de fuego (2011). A continuación, tres nuevos libros conformando su trilogía del silencio: Diálogos internos (2012), El árbol del silencio (2015) y Desierto (2018). De todos, más del inédito Luz profunda (2019), el poeta ha realizado una antología con el título Palabra tuya, que ha sido felizmente publicada por la editorial Vitruvio en marzo de este aciago 2020.

Hasta jubilarse, de profesión, M.E. Castillo ejerció de administrador y asesor de inmuebles. Existencialmente, su vida ha estado consagrada al hábitat de la palabra poética («la palabra nacida entre nosotros»). Poeta de acento personal, toma la palabra como vida y como fin: voz dialogando con la poesía para hallar liberación en el amor y en el verso. Este lo determina con su inconfundible aplomo «metapoético»: «Esta es la clave del verso, / la síntesis de la intemperie y la penumbra». En «concordancia», su voz parte de un ser al que falta comprensión y conocimiento de lo invisible; hambriento y sediento de este para ver con «mirada inédita» lo visible, para vivir con sentido, recrearse y renovarse por el amor y el lenguaje de «lo humano poético». Una razón de ser poesía, razón vital de «carne y sangre»: escritura de un poeta ejecutando el vaciamiento de sí en versos donde «palpita el amor». M.E. Castillo es un poeta que escucha sin descanso el magisterio vital del instinto, del dolor y el tiempo, del silencio y la nada. Y tras la escucha escribe con «tinta del verbo para el silencio», para que el lector —con el poeta, inter nos— pueda decir con voz propia: «Hago mío el lenguaje, sublevo mi voz / y con tu voz, otra vez más, / desafío al mundo». (Tomás Valladolid Bueno)

5 poemas de Manuel Emilio Castillo

De alma a alma

Como sombra encendida que me borra

queda un antojo que es mi fantasma.

Que sueña la belleza para saber lo que es.

 

Me tutela la providencia, un traspié o un recelo,

como ínfimo mundo, una estatua de sal

en tu seno reclinada.

 

Te creo de nuevo bajo los muros de mi sombra

como un matiz nocturno de una nana eterna,

junto al mar

tal síntesis de mí  y de la creación.

 

Vuelvo a  mi tiempo a ti habituado.

Aquí se retuercen estas nubes sin cielo,

como una obsesión sin término.

 

Poesía, ritmo del agua y de los sueños,

mi luz, sentimiento de resplandor tierno

hacia lo desconocido.

In extenso

Mi espíritu emerge de un naufragio tras otro,

con la pleamar que vuelve a una playa,

bajo la luna que atrapa mi instinto.

 

A cada pasmo interpreto mi regeneración,

con la generosidad de humildes letras.

 

Como cántico libre que escucha mis ajustes.

Voz visible nacida de nuevo para lo mismo.

 

Como alma que devora mi carne,

y los brotes negros de mi vida que se entregan

a la poda de mi naturaleza.

 

Desde el colmo de un momento único,

que arde bajo la lluvia

con una sinfonía de caricias,

con la carne mortal del cosmos.

 

Sea pues bienvenida esa luz con tus alas.

Eclosión 

…Cuando todo calle,

hablará el silencio,

a esa colmena,

a esa chatarra,

a esa libertad,

con el grito más absoluto de la vida:

la palabra.

 

La palabra nacida entre nosotros. 

Oblación

Cubierto por el sol de tu espíritu,

mientras soy observado,

atravieso este reino de sombras

que anegan mis claros de cultivo.

 

Labro esta ortografía de incidencias,

y con el tributo de vencer cada día,

me rescato a mí mismo.

 

Dentro de la poesía,

todo vive, todo muere,

todo como yo,

prosigue su silencio.

Andadura

Aúno las raíces de la memoria,

ese santiamén que agranda

la naturalidad de ser tú misma.

 

Crezco en todas direcciones

y diviso en tus pupilas

lo divino y lo humano.

La belleza y la locura.

 

Mi andadura, mi salida, mi liberación,

distancia de la que cada noche parto

tras las lunas que suplantan a tus ojos,

cual epílogo o ultimátum.

 

El suceso que da motivo a mis versos,

es tan mío que conmigo morirá.

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