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Cómo llegué a La vida en un minuto

Cómo llegué a La vida en un minuto

El 11 de marzo de 2004 yo tenía catorce años y la tragedia de los atentados terroristas en la red ferroviaria de Madrid marcó mi naciente impulso literario. En aquel momento me embarqué en la escritura de una novela en torno a aquel suceso, pero la abandoné tras unos meses de intenso proceso creativo, carente por aquel entonces de la madurez suficiente para afrontar un proyecto como el que pretendía: la historia de dos jóvenes que se conocían y se enamoraban en uno de esos trenes.

Varios años después, como estudiante de Historia de la Universidad Complutense de Madrid (en la que cursaba mi último año de carrera con una Beca Séneca), decidí retomar aquella idea de adolescencia —dos jóvenes que se conocen en un tren camino del desastre— pero situándola en otro contexto histórico. Y es que mientras realizaba una investigación histórica sobre la época de posguerra para un trabajo universitario, di con una historia que me atrapó de repente: la del accidente de tren más grave en la Historia de España; el de Torre del Bierzo (León) del 3 de enero de 1944.

"A pesar de la magnitud de la tragedia, el balance de víctimas y las causas reales del accidente nunca salieron del todo a la luz hasta mucho tiempo después"

Aquel accidente ocurrió por un desafortunado cúmulo de azares que comenzaron en la provincia de León cuando el tren correo-expreso que venía de Madrid empezó a presentar fallos en el sistema de frenado de una de sus locomotoras. Aunque esos fallos se acrecentaban en cada parada, el retraso acumulado en el viaje presionaba demasiado a los maquinistas, que conducían un tren abarrotado en fechas navideñas. Por tanto, no se planteó interrumpir el recorrido para solucionar los problemas técnicos, a pesar del peligro latente. A las 13:20, el correo-expreso entraba en la estación del pequeño pueblo minero de Torre del Bierzo lanzando una densa bocanada de humo y avisando con su silbato de forma ininterrumpida. Iba sin frenos, ya que el maquinista era incapaz de aminorar la marcha del convoy, que bajaba la rampa de Brañuelas, famosa por su desnivel, a gran velocidad. El jefe de la estación de Torre intentó avisar de la llegada del correo, pero le fue imposible. Junto a la estación, además, estaba el túnel número 20, en el que una pequeña locomotora con varios vagones se encontraba haciendo unas maniobras. Ninguno de los maquinistas implicados pudo evitar el accidente: el correo-expreso entró en el túnel a toda velocidad y chocó con la locomotora, arrastrándola varias decenas de metros.

Pero el azar aún jugaría sus dados una vez más. Algunos minutos después, tras unos momentos de silencio que debieron de hacerse eternos, un tren carbonero que venía en sentido contrario sin noticias del accidente no pudo evitar chocar dentro del túnel con el correo-expreso descarrilado por el primer accidente. En cuestión de minutos se desató un auténtico infierno; los vagones de pasajeros ardieron rápidamente debido a la madera y a las lámparas de gas, y cientos de ellos quedaron atrapados dentro del túnel, convirtiéndose en pasto de las llamas.

A pesar de la magnitud de la tragedia, el balance de víctimas y las causas reales del accidente nunca salieron del todo a la luz hasta mucho tiempo después e, incluso hoy, es difícil acceder a la documentación que explica realmente lo que pasó. Las vías de ferrocarril se encontraban en muy mal estado desde el final de la guerra civil y a ello se le unía el mantenimiento precario y deficiente de aquellos años de posguerra. Para evitar el impacto social que habría producido el accidente, el régimen franquista silenció el suceso. Además, se llegó a culpar a los maquinistas de sabotear el correo-expreso e incluso se buscó inculpar a los maquis, que aún operaban en los montes leoneses.

"La vida en un minuto intenta sacar a la luz algunas de esas vidas relegadas al olvido"

Durante varios meses investigué las pocas fuentes que por aquel entonces hablaban del suceso y consulté concienzudamente la hemeroteca de la época. Me di cuenta de que aún queda un recuerdo latente del accidente en las familias implicadas, que consideran que nunca se les trató con justicia. Asimismo, comprobé que hasta el momento ninguna obra de ficción, salvo un cortometraje de 2002, que ganó un Premio Goya, había abordado el suceso. Y que a pesar del tiempo pasado, había muchas cosas que rodearon aquel accidente que seguían en nuestro presente. Por ejemplo, el mismo 11-M fue un intento de censura por el gobierno de aquel entonces, que culpó a ETA del ataque terrorista. Por todo ello, comencé a trabajar en el primer manuscrito convencido de que el accidente de Torre del Bierzo merecía ser contado. En 2013 empecé a cursar el Máster de Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla, en el que presenté como TFM el proyecto de novela que daría pie a La vida en un minuto, obteniendo finalmente la calificación de Sobresaliente. Concluí el primer manuscrito con la ayuda del asesor editorial Daniel Heredia y lo presenté al XXIII Premio Ateneo Joven de Sevilla, donde quedó finalista. Tras ello, llegué a un acuerdo de representación con la Agencia Sandra Bruna y, junto a la agencia, llegó la ansiada oferta de publicación por Ediciones B.

La vida en un minuto es una historia que me ha acompañado durante mucho tiempo. Soy Historiador y profesor de Historia tal vez por la pretensión de escarbar en el pasado en busca de aquellos sucesos que aún no conocemos del todo. A través del encuentro fortuito de dos jóvenes, La vida en un minuto intenta sacar a la luz algunas de esas vidas relegadas al olvido, las historias escondidas que, con el dolor de las víctimas, se silenciaron en esos días y tal vez se sigan silenciado en el futuro.

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Autor: José Antonio Lucero. Título: La vida en un minuto. Editorial: Ediciones B. Venta: Todostuslibros y Amazon

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