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Lo que te pertenece

Lo que te pertenece

Conocí a Garth Greenwell en una cena de amigos hace aproximadamente cuatro años. En aquel tiempo estaba escribiendo Lo que te pertenece, y recuerdo que hablamos del dinero que le habían pagado de anticipo por la novela. La cifra era escandalosa, y yo mostré mi envidia por la estructura editorial norteamericana que era capaz de apostar casi a ciegas por autores en los que creía. Ahora, después de leer Lo que pertenece, he comprendido que entonces ya había sido premiada y publicada —o leída— Mitko, la novela corta con la que ganó un par de premios literarios en 2010, y que por lo tanto la apuesta no era a ciegas, sino sólida.

Lo que te pertenece cuenta la historia de un estadounidense que trabaja de profesor de inglés en Sofía (Bulgaria), donde conoce a un chapero con el que entabla una relación ambigua y algo tormentosa. Esa relación se mantiene, con ausencias, agujeros y desenfoques, a lo largo de un tiempo no muy definido, pero largo. Años.

"Greenwell cuenta lo brutal —lo emocionalmente brutal— con una distancia fría que hiela. Consigue, como Marías en sus mejores novelas, crear la impresión de permanente estado de excepción"

No sé si Greenwell ha leído a Javier Marías, pero su prosa bamboleante, movediza, hipnótica, me recuerda mucho a la del autor madrileño. Y si acaso la influencia no es inventada, sino real, y probaría que las emulaciones literarias, cuando son hechas por las manos correctas, no producen epígonos o imitadores, sino grandes obras. Greenwell entra a menudo en la divagación, en la minucia expresiva, en la asociación libre de ideas, en la introspección casi funambulista. Cuenta lo brutal —lo emocionalmente brutal— con una distancia fría que hiela. Consigue, como Marías en sus mejores novelas, crear la impresión de permanente estado de excepción. No necesita de grandes acontecimientos argumentales para construir una novela cortante, e incluso a veces parece que se esfuerza en elegir hechos menores para demostrar que no es necesaria la catástrofe real para producir el sentimiento de catástrofe sentimental.

Lo que te pertenece no puede reducirse a uno o dos temas centrales, a dos o tres explicaciones. Habla del deseo. Del deseo sexual y de cómo ese deseo nos transforma y nos convierte a veces en monigotes, incluso con la conciencia de serlo. Habla de la huida, del abandono de la propia vida —de tu país, de tu familia, de tu pasado— para poder construir una identidad. Habla —sin estridencias, sin discursos— de la homofobia. De la crueldad de quienes juzgan y atormentan a otros. Habla también de la inconstancia y de la fragilidad de lo que somos, de la cáscara hueca que tenemos que usar para definirnos a nosotros mismos.

"Algunos textos comerciales o críticos de la novela que no comparto mucho comparan Lo que te pertenece con La muerte en Venecia o Lolita"

Habla —y habla mucho— de los dos grandes temas de la historia de la literatura: el amor y la muerte. ¿Ha estado el protagonista enamorado alguna vez de Mitko? ¿Sólo le desea, le ha deseado? ¿Cuál es la sustancia del amor? ¿Cuál es su núcleo? ¿Dejamos alguna vez de estar solos? El amor, casi sin afirmaciones, aparece en la novela como un territorio calmado, extranjero, en el que nunca se desarrollan los hechos que se cuentan. Está en otra parte, en una geografía distinta.

Algunos textos comerciales o críticos de la novela que no comparto mucho comparan Lo que te pertenece con La muerte en Venecia o Lolita. Hay una cosa que las une, aunque sean muchas más las que las separan: no el relato del deseo, sino la turbiedad del deseo, esa zona de oscuridad en la que nos desenvolvemos la mayor parte de nuestra vida y de la que no nos hablamos ni a nosotros mismos. El protagonista de la novela es un hombre tranquilo, bondadoso, fiel. No podríamos afirmar de él en ningún momento que es un monstruo o un pervertido. Y sin embargo los sentimientos y los actos de los que habla la novela son cenagosos y sombríos. Depravados a veces. Esa ambigüedad moral, tan difícil de sostener literariamente, es la gran hazaña de Lo que te pertenece.

"La novela contiene dos escenas que a mi juicio son maestras, dignas de cualquier antología de momentos sobresalientes de la literatura universal"

La novela contiene dos escenas que a mi juicio son maestras, dignas de cualquier antología de momentos sobresalientes de la literatura universal. Una de ellas, casi al final del libro, en esa noche en la que los protagonistas se encuentran por última vez —no hay spoiler—, es la de las amenazas de Mitko y la ternura que el protagonista siente al escucharlas. La otra, estremecedora, perversa y dolorosa como pocas veces se consigue con palabras, es la exhibición sexual que el primer amor adolescente del protagonista fuerza frente a él, en su pasado estadounidense, para demostrarle que la mancha de la pestilencia que comparten no le toca, que a pesar de los malentendidos que haya podido haber, él es un ser “normal”. “Desde entonces he estado buscando eso, creo, la combinación de exclusión y deseo que sentí en aquella habitación, bajo el dolor de la exclusión la satisfacción del deseo; a veces pienso que no he buscado otra cosa”, dice el protagonista al final de esa escena prodigiosa. Y ese es el eje sobre el que se articula Lo que te pertenece. La exclusión y el deseo confundidos.

"Hay libros que impactan no sobre una parte del cuerpo, sino sobre el cuerpo entero"

Si esta reseña la hubiera escrito mi amiga Marta Sanz —lo que quizás haga en alguna parte—, habría puesto el acento en la diferencia de clases sociales, que nunca es, a mi juicio, la espina dorsal de la novela, pero que es sin duda otro de los grandes temas que están en ella. El estadounidense protagonista ha huido de su país, de la embestida de la homofobia, del desprecio, de la imposibilidad de crear una identidad propia, pero es una persona culta, con un nivel de vida holgado, respaldado económicamente y capaz, incluso con lo que eso supone, de huir. Mitko no tiene a su alcance ni siquiera esa posibilidad. Está atrapado en su vida, en su pobreza, en su falta de oportunidades. Vende su cuerpo y siente que su belleza le da poder, le desclasa, pero es evidentemente una ilusión fugaz. La belleza se disuelve tarde o temprano. Y la barrera social vuelve alzarse infranqueable. Lo que te pertenece puede tener alguna vecindad con la novela póstuma de Rafael Chirbes, París Austerlitz: una relación que está infectada por todos los males del mundo.

He leído la novela de Greenwell como si fuera una detonación. Hay libros que impactan no sobre una parte del cuerpo, sino sobre el cuerpo entero. Igual que el mar —si se me permite la cursilería clásica—, avivan lo que cada uno tiene: el dolor de una pérdida, la excitación del amor salvaje, la melancolía de estar vivo o la embriaguez de haber logrado alguna gloria. Lo que te pertenece es un libro triste (“¿Ustedes oyeron alguna vez una música alegre? Yo no”, dijo Schubert), pero produce felicidad leerlo.

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Autor: Garth Greenwell. Título: Lo que te pertenece. Editorial: Random House. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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