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¿Crees que estoy loco?

A veces las grandes cosas suceden en los sitios menos memorables. La primera vez que vi a Juan Gómez-Jurado fue hace seis años en una cafetería debajo de su casa, una de esas franquicias donde los cruasanes cuestan 90 céntimos. Él acababa de regresar a Madrid y aún vivía alquilado en la calle Alcalá; yo empezaba a trabajar como editora después de una década como responsable de comunicación. Fue esa mañana, en ese café ruidoso y repleto de gente a la hora del desayuno, donde él me contó la idea que llevaba años rondándole la cabeza. Nuestras tazas se movían cada vez que Juan golpeaba la mesa para enfatizar sus palabras, hasta que en un momento dado se volcaron y nos salpicaron de café. Yo no me di cuenta hasta que dos horas después, en un taxi de vuelta a la oficina y con las neuronas revolucionadas, me vi la camiseta llena de manchas. Así de absorta había estado en la conversación.

Es difícil resumir en unas líneas el planteamiento que Juan desarrolló ese día, pero lo intentaré. Era una idea locamente ambiciosa y muy difícil de defender dentro de los márgenes habituales del sector editorial, pero también era una idea genial.

Todo giraba en torno a dos grandes personajes que estaban destinados a enfrentarse. Una mujer y un hombre con facultades extraordinarias, capaces de ver lo que los demás no vemos, dos seres dueños de una inteligencia estratosférica que inevitablemente debían convertirse en rivales. Creo que ahora ya nadie se sorprenderá al leer que se trataba desde el principio de Antonia Scott y el señor White.

"Una trilogía que en realidad era una pentalogía, un universo en torno a Scott y White"

Juan había escrito y reescrito mil veces el borrador de una novela sobre ellos a lo largo de los últimos años, hasta darse cuenta de que esa historia necesitaba mucho más espacio para ser contada. Y sólo había una forma de hacerlo: a través de varios libros interconectados de un modo —y esto era lo profundamente revolucionario de su idea— que el lector no descubriría hasta haber llegado al final de la última historia. White aparecía ya en El paciente (2014), mientras que Antonia no lo haría hasta Reina Roja (2018). La jugada completa se componía de cinco libros (El paciente, Cicatriz, Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco), de los cuales los tres últimos serían presentados como una trilogía que, solamente al final, se revelaría como parte de algo mucho más complejo y profundo.

—¿Crees que estoy loco?

Esa fue la pregunta que Juan me hizo a la salida del café, mientras nos fumábamos un cigarro antes de despedirnos. Lo que quería hacer era un reto mayúsculo para un escritor. Necesitaba un esquema narrativo lleno de guiños y referencias, que debían estar lo suficientemente escondidas para que nadie sospechara nada hasta que al final, como en un espectáculo de magia, resultaran visibles una vez el truco hubiera sido revelado. Una trilogía que en realidad era una pentalogía, un universo que, en torno a Scott y White, tejería cinco perfectas tramas de thriller que finalmente serían una sola.

—¿Eres consciente de lo increíblemente complicado que es? —le respondí yo.

—Claro, y también sé cómo hacerlo.

Yo le miré, dudando aún si estaba hablando con un genio o con un iluminado.

—Hay que mantener el secreto hasta el final. Desvelarlo sólo cuando el lector llegue a la última línea de la quinta novela —añadió.

"Decidí que confiaría en Juan igual que él confiaba en sus lectores, y ahora, más de un millón de ejemplares vendidos después, sé que no me equivoqué"

Me monté en el taxi diciéndome a mí misma que debía darle unas cuantas vueltas a todo aquello antes de tomar una decisión y hablar con mis jefes. Que tal vez el lector de best sellers no deseaba descubrir un universo narrativo compuesto por cinco tramas entrelazadas en secreto. Que podía ser demasiado difícil de escribir, explicar y vender. Lo cierto es que había razones fáciles de argumentar para echarse atrás y, sin embargo, cuando diez minutos después me bajé del coche en la puerta de la editorial, ya sabía que aquello tenía que salir adelante. Porque todo el discurso de Juan tenía una profunda coherencia, porque en las dos horas que habíamos estado juntos me había dado cuenta de que sí iba a ser capaz de afrontar el reto narrativo que había imaginado y, además, era uno de esos autores —hay muy pocos— capaces de entender tan profundamente las normas del negocio de los libros que eso les permite saltarse unas cuantas. Y también, por qué no decirlo, porque pensé que aprenderíamos y nos divertiríamos mucho juntos a lo largo del camino, como así ha sido. Decidí que confiaría en Juan igual que él confiaba en sus lectores, y ahora, más de un millón de ejemplares vendidos después, sé que no me equivoqué.

"El final era tan redondo y tan perfecto, la escritura tan eficaz y resplandeciente de talento"

Hace algunos meses, Juan me envió los últimos capítulos de Rey Blanco. Algo que la mayoría de la gente no sabe es que los editores muchas veces vamos leyendo por bloques según el autor escribe, lo cual en este caso es una tortura: cualquier lector puede imaginar lo que es dejar a Antonia y Jon al borde de la muerte y esperar un mes para seguir con el siguiente capítulo. En fin, Juan me mandó las últimas páginas, yo me apresuré a leerlas y reconozco que me emocioné. El final era tan redondo y tan perfecto, la escritura tan eficaz y resplandeciente de talento, lo que me había contado seis años atrás había sido plasmado sobre el papel de un modo tan brillante… A lo largo de más de 2.500 páginas, Juan había hilado una historia que, mucho más allá del thriller, nos habla de padres e hijas, de madres e hijos, de mujeres que necesitan vencer a otros para vencerse a sí mismas y de amigos que nos enseñan a confiar, pero también de cómo se toman las decisiones que más duelen y cómo el humor puede ser la única salvación cuando todo lo demás falla.

Recordé entonces las infinitas horas hablando con Juan sobre cada frase de los manuscritos, las reuniones con el equipo de diseño estudiando cada milímetro de las portadas (en las que, como han descubierto ya muchos lectores, ningún detalle —ni los colores ni el número de letras de los títulos— es en absoluto casual); el entusiasmo del equipo comercial de Penguin Random House, que ha logrado que a lo largo de estos dos años en que las ventas han superado una y otra vez todas las expectativas no falten jamás ejemplares en ninguna librería; la complicidad con Irene, Eva y Nuria, las compañeras de comunicación y marketing que han trabajado día a día las campañas de lanzamiento más originales de los últimos años (¡gracias, Arturo González-Campos!). Y me sentí muy afortunada por editar a un autor tan lleno de talento e ideas, con tanta ambición y ganas de arriesgarse, y por acompañarle en el camino que le ha llevado a conquistar a muchos más lectores de los que nos habríamos atrevido a soñar aquella mañana de hace seis años, cuando nos entusiasmamos tanto hablando de Antonia y White que no nos dimos cuenta de que nos habíamos tirado el café encima.

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Autor: Juan Gómez-Jurado. TítuloRey Blanco. Editorial: Ediciones B. VentaTodostuslibros y Amazon.

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