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Arturo Gónzalez Campos

Arturo Gónzalez Campos

Una de las experiencias más bonitas de mi oficio es retratar a gente a la que admiras. Para mí es una necesidad poder charlar antes de cada sesión; se crea ese vínculo tan necesario que con la cámara en la mano no logras conseguir. Este acto es más del 50% de la fotografía.

El retrato nunca es del fotógrafo; es un pacto entre dos personas. Para que sea sincero y real hace falta esa complicidad previa.

Con Arturo todo este proceso no sólo fue sencillo, además fue muy divertido: poder compartir una conversación sobre su trabajo y la metodología de los proyectos que desarrolla (Todopoderosos, Cinemascopazo, Aquí hay Dragones…).

Disfrutar de ese derroche de humildad, profesionalidad, experiencia, sentido del humor, pasión y cariño fue algo maravilloso. Tuve la responsabilidad de trasmitirlo en los retratos que le hice o, quizás, en los retratos que él me regaló.

En esas ocasiones, cuando se trabaja con personas tan dispuestas y respetuosas hacia tu trabajo, el acto de fotografiar se convierte en un reto complejo. Es un ejercicio de justicia mostrar al Arturo real, a ese niño encerrado en el cuerpo de un adulto y a una de las personas con una cultura —no solo popular— más amplia que he disfrutado.

Un honor y un placer conocerte, retratarte y disfrutar de tu tiempo, Arturo.

Para saber más sobre Arturo:

Arturo González-Campos lleva muchos años haciendo cosas: El Club de la Comedia, Splunge, La Parroquia, escribe libros, es monologuista y ahora participa en Todopoderosos, Cinemascopazo y Aquí Hay Dragones, pero por mucho que haga, no logra quitarse el sello de mito sexual. Su belleza es su condena.

No nos recomida un libro, sino un autor: Forges:

Uno es muchas cosas, uno es también lo que lee, y, desde pequeño, Forges estaba en mi casa. Leyéndole entre tebeos de Bruguera entendí que en el humor hay grados: de acidez, de calidad, de elegancia. Cuando me reía con los desvaríos de Pepe Gotera y Otilio, la sencación era muy diferente a cuando me reía con él. Como dijo Groucho (y esto sí lo dijo de verdad, no como la mayoría de cosas que le atribuyen): “El humor que más respeto es aquel del que te ríes con las cejas”. Forges hizo reír a mis cejas. Aún lo hace.