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Cuando muerdo, no suelto

Cuando muerdo, no suelto

Este thriller une el misterio clásico con el mundo digital, y lo hace a través de una detective en streaming que, a través de una plataforma de investigación mediante crowdfunding, destapa una conspiración centenaria con millones de seguidores.

En este making of Juan Gómez Mesa explica cómo escribió Casi un millón de horas (Espasa).

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El camino que conduce a este libro está lleno de adoquines sueltos, pero es una historia que ahora, con el tiempo, me parece muy agradecida de contar. Lorenzo Silva, hace unos tres años, me dijo que ganar el Ciudad de Getafe de Novela Negra daba suerte, algo que acaba siendo difícil de negar, incluso si no crees en la suerte. No mucho más tarde, y aunque parezca tener poca relación con el asunto, Elon Musk hizo un saludo nazi y ahí ya dije «hasta aquí hemos llegado», y me fui de X. No borré la cuenta, algo me decía que no lo hiciera, pero seguí pululando y haciendo mis cosas en otras partes. Entraba de vez en cuando para comprobar si tenía mensajes privados. Muy de vez en cuando. En una de esas ocasiones, vi que en la bandeja esa oculta donde van los mensajes de la gente que no te sigue, había uno de una editora, ¡de Espasa, ni más ni menos! Me puse guapo, me senté frente al teclado y respondí. Y quedamos en que le enviaría algo, claro. Me había conocido gracias al Ciudad de Getafe y yo pensé (envidio tu ingenuidad, Juan de hace año y pico), que estaba clarísimo que querría la segunda parte de la novela que ganó aquel premio, que ya estaba escrita, así que la retiré de TODOS los concursos a los que la había presentado, y también otra que estaba haciendo el circuito de los premios habituales.

"Sí, lo tenía claro; al fin y al cabo, el final que vais a leer es el comienzo de esta historia. Lo otro, lo que os he comentado sobre detective público, es atrezo"

Se las ofrecí, envanecido por mi audacia, y, bueno, veréis, no eran historias que le interesasen para la línea de la editorial. En ese momento, el fondo de mi cuarto pareció alejarse y la cámara acercarse a mi cara, pero, tranquilos: no he llegado a la edad adulta con mi historial de decisiones estúpidas si no supiese espabilar con rapidez. Así que pensé en una historia que tenía bocetada, pero para la que nunca encontraba el momento idóneo: la de una investigadora que resolvía sus casos en abierto, un detective público, pero que había puesto como límite a las peticiones de su audiencia que no le mandasen fricadas: casas embrujadas, maldiciones y ese tipo de cosas. Le ofrecí la idea y le gustó, y quedamos en algo que me pareció ya un triunfo en sí mismo: yo le iría enviando capítulos y ella me iría diciendo si le seguían gustando (y debieron de seguirle gustando, porque, de otro modo, yo no estaría aquí, contando esto). En cierto momento, eso sí, como la novela gira en torno a un misterio irresoluble, con muy buen criterio (ojalá alguien le hubiese hecho esta pregunta en su momento a Damon Lindelof), me dijo: «Pero tú esto tienes claro cómo lo vas a cerrar, ¿verdad?», o algo así. Sí, lo tenía claro; al fin y al cabo, el final que vais a leer es el comienzo de esta historia. Lo otro, lo que os he comentado sobre detective público, es atrezo. El final lo es todo, la motivación para escribir la novela, la respuesta a la pregunta: «Pero ¿cómo demonios va a cerrar esto?»; mi sonrisa pretenciosa mientras os imagino andando con Valeria Quebracho por Madrid, Sevilla, Armagh, Belfast, Huelva…

Y cerré el misterio, y le gustó. Fin.

"Algo tenemos en común, Valeria y el que firma: el camino de adoquines sueltos, el antiguo flirteo con el fracaso final, que hace que, cuando vemos un hueso de verdad, mordamos"

Este es el making of que he pensado sería mejor mostraros, porque, veréis, entre escritores y lectores (o periodistas), a veces se crea un espacio que funciona por inercia, en el que se supone que hay que hablar del proceso interior, del lugar del que vienen las ideas, de las motivaciones… pero yo no soy otra cosa que un escritor y, cuando me hacéis una pregunta, procurad que esté bien cerrada o lo más probable es que os cuente una historia. Ahora le toca hablar a Valeria Quebracho, una chica, como yo, agarrada a su mejor oportunidad en la vida: ella con su caso y yo con mi libro.

Porque algo tenemos en común, Valeria y el que firma: el camino de adoquines sueltos, el antiguo flirteo con el fracaso final, que hace que, cuando vemos un hueso de verdad, mordamos.

Y no soltemos.

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Autor: Juan González Mesa. Título: Casi un millón de horas. Editorial: Espasa. Venta: Todos tus libros.

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