Inicio > Blogs > Ruritania > David Copperfield, escritor y personaje

David Copperfield, escritor y personaje

David Copperfield, escritor y personaje

Después de Pío Baroja, David Copperfield es el siguiente protagonista de la serie El fluir narrativo, de Ricardo Lladosa.

1- Leo La historia personal de David Copperfield, de Charles Dickens en la edición de la editorial Alba; traducida por Marta Salís; con ilustraciones originales de H. K. Browne, “Phiz”. Comienza de este modo: Si llegaré a ser héroe de mi propia vida u otro ocupará ese lugar, lo mostrarán estas páginas. Para comenzar por el principio el relato de mi vida, diré que nací (según me contaron y así lo creo) un viernes, a las doce de la noche…

Resulta evidente el carácter satírico de este comienzo, que nos recuerda el título del clásico de Thackeray: Vanity Fair: A Novel without a Hero, publicada por entregas entre 1847 y 1848. David Copperfield se publicó también por entregas en 1849. Ambas novelas se inspiran en otra publicada un siglo antes: Las aventuras de Tom Jones, expósito, de Henry Fielding (1749); quien, a su vez, escribía “in imitation of the manner of Cervantes, author of Don Quixote” —tal como subtituló su primera novela, Joseph Andrews.

Sin embargo, frente a la claridad de Thackeray, Dickens no descarta que su novela tenga un héroe, ni que ese héroe sea David Copperfield, de modo que entre la épica y la sátira introduce una ambigüedad, un interrogante… En cuanto a la segunda frase, David Copperfield se nos presenta como un narrador-personaje que cuenta su propia vida: según me contaron y así lo creo; pero no resulta verosímil que alguien conozca su nacimiento con tanto lujo de detalles solo porque se lo hayan contado. Dickens parte de una trampa que, sin embargo, se supera por la fuerza de la narración, que vence la incredulidad del lector.

2- El personaje de la tía de David, Betsey Trotwood Copperfield, al igual que su malvado padrastro, el señor Murdstone y la hermana de este, son personajes de cuento de hadas. Dickens se complace creando ese tipo de seres maniqueos, perversos o bondadosos, habituales en los relatos infantiles. La tía Betsy amanece en la casa cuando su sobrino va a nacer, obsesionada con que sea niña y, al ver que es un chico, se esfuma igual que un hada descontenta.

Me gusta el final del primer capítulo, cargado de sugerencias. Al esfumarse, la tía Betsey se había quedado para siempre en el país de los sueños y de las sombras, la vasta región por la que yo había concluido mi viaje; y la luz de la luna iluminaba el destino terrenal de los demás viajeros y el montículo bajo el que reposaban las cenizas del que fuera mi padre, sin el cual yo jamás habría existido.

"Para David Copperfield estas lecturas mantienen despierta su imaginación y son su esperanza de una vida mejor; su único y constante consuelo"

3- Capítulo IV, “Caigo en desgracia”. La situación de David con los odiosos Murdstone, que dominan la voluntad de su madre, se vuelve insostenible. Se siente terriblemente solo y se refugia en la literatura. Lo hace gracias a unos libros de su padre que han quedado olvidados en un pequeño cuarto del piso superior. Simbólicamente, ese cuarto olvidado es la ventana que se abre al mundo de la imaginación frente a la burda, a la odiosa realidad. En el cuarto se encuentra con el citado Tom Jones de Fielding, y también con El vicario de Wakefield, de Goldsmith, con Don Quijote, con Gil Blas, con Robinson Crusoe, con Las mil y una noches y con las novelas del clásico inglés de la sátira Tobias Smollett: Las aventuras de Roderick Random, Las aventuras de Peregrine Pickle, La expedición de Humphry Clinker (Smollett, por cierto, tradujo el Quijote al inglés). Para David estas lecturas mantienen despierta su imaginación y son su esperanza de una vida mejor; su único y constante consuelo. Las lee como si le fuera la vida en ello.

4- Capítulo VII: “Mi primer semestre en Salem House”. David es enviado por Murdstone al internado de Salem House, donde descubrirá su habilidad para contar historias de modo casual: Un día (…) me aventuré a afirmar que algo o alguien (…) se parecía a algo o a alguien de Peregrine Pickle. Su amigo, el aristocrático James Steerforth, le pregunta si tiene el libro de Smollett. Es entonces cuando le habla de la biblioteca de su padre y aquél le pide que le cuente las historias contenidas en esos libros. Copperfield, cual Scheherezade de Las mil y una noches, comienza a contárselas cada noche en la oscuridad del dormitorio: No estoy en condiciones de decir hasta qué punto destrozaba a mis autores favoritos al interpretar sus obras (…). Pero creía profundamente en ellos y narraba con sencillez y gravedad.

5- Capítulos VIII a XLII. ¡Mis días de colegial! ¡El silencioso deslizarse de mi existencia! ¡El oculto e insensible progreso de mi vida; de la niñez a la juventud! (…) La vida era para mí un hermoso cuento de hadas que me disponía a empezar a leer.

En todos estos capítulos, que constituyen el grueso del relato (desde la página 140 a la 731), apenas hay referencias metaliterarias, salvo algunas paráfrasis de Shakespeare, habituales en la literatura inglesa. A la muerte de su madre, David es enviado por su padrastro a trabajar de obrero en Murdstone & Grimby, empresa embotelladora de vinos. Se aloja en casa del moroso señor Micawber, quien finalmente es encarcelado por sus acreedores. Tras muchas penurias propias de la novela picaresca, David escapa a Dover, donde vive su tía Betsey Trotwood Copperfield, quien lo adopta y lo entrega a un rico abogado: el señor Wickfield, personaje misterioso que vive en una mansión de tintes románticos. Una vez más, todo queda teñido del aura de irrealidad de los cuentos infantiles. Wickfield parece un mago, su hija Agnes un ángel bienhechor. Uriah Heep, el lacayo pálido y frío como un cadáver, se convertirá en el malvado de la novela.

"A menudo tenemos la sensación de hallarnos en un relato infinito, porque infinita es la vida si nos detenemos en todos los detalles"

Dickens retrata a la sociedad inglesa en su conjunto: la clase trabajadora, encarnada por la niñera Peggoty y su familia; la burguesía, representada por los Murdstone, o por toda una casta de abogados ricos como Wickfield o como los procuradores Spenlow y Jorkins, a cuyo lado David aprenderá la profesión. Por último, a la aristocracia terrateniente la encarna la familia Steerforth.

6- Respecto al tempo narrativo, todo parece repetirse, ser una reiteración de lo anterior: las peripecias, los lugares, los personajes. A menudo tenemos la sensación de hallarnos en un relato infinito, porque infinita es la vida si nos detenemos en todos los detalles, en todos los hechos: en las casas que habitamos, en las personas a las que conocemos, en las profesiones que desempeñamos. Y La historia personal de David Cooperfield, como Bildungsroman o novela de formación de su protagonista, propicia esa infinitud.

7- Mister Dick, amigo lunático de Betsey Trotwood —la tía de David—, se pasa toda la novela escribiendo una memoria histórica sobre Carlos I de Inglaterra. Siempre está deseando terminar, pero nunca concluye: la memoria se convierte en una metáfora de la imposibilidad de concluir un relato, que parece, a su vez, metáfora de la inmensidad de la novela de Dickens.

8- Capítulo XLIII, “Otra mirada retrospectiva”. La crítica coincide en señalar a David Copperfield como la novela más autobiográfica de su autor. Al igual que David, Dickens trato de dedicarse a la abogacía, y más tarde fue taquígrafo y cronista parlamentario en diversos periódicos. En la novela, David deja el despacho del procurador Spenlow, con cuya hija acaba de casarse, y trabaja de taquígrafo en la Cámara de los Comunes.

De pronto, inopinadamente, David afirma: He iniciado con éxito otro camino. He empezado, tembloroso y asustado, mi carrera literaria. Escribí en secreto algo sin importancia, lo envié a una revista y ésta lo publicó. Desde entonces me he animado a escribir otras pequeñas cosas que me pagan con regularidad.

A partir de este capítulo, en su condición de narrador-personaje, Copperfield nos irá informando de sus actividades literarias y de las novelas que va escribiendo hasta lograr, como Dickens, ser mundialmente famoso. Pese a ello, en ningún momento convertirá sus propias obras en materia del relato, pero dejemos que sea él quien nos explique el porqué:

Trabajé de firme en mi libro, (…) y se publicó y obtuve un gran éxito. No dejé que me aturdieran los elogios (…). El hombre que tiene buenas razones para creer en sí mismo jamás presume delante de los demás para que también crean en él (…).

No tengo intención de contar en este relato (…) la historia de mis obras de ficción. Ellas hablan por sí solas, y las dejo en libertad para hacerlo. Si las menciono, ocasionalmente, es sólo porque forman parte de mi evolución.

Como para entonces tenía razones para creer que la naturaleza y las circunstancias habían hecho de mí un escritor, seguí mi vocación con confianza (…).

"En David Copperfield la sátira contrasta con el sentimentalismo, el patetismo romántico y los cuentos de hadas: les sirve de contrapunto"

Cuando escribe estas reflexiones, Copperfield ya se ha casado con Dora Spenlow, la hija de su antiguo jefe. Más tarde enviudará de Dora; será testigo del ahogamiento de su amigo Steerforth; de la ruina del padre de su querida Agnes Wickfield. Todas estas desventuras lo llevarán en barco a Europa y, cual Lord Byron o Shelley, aprovechará la soledad y los paisajes de Suiza para desarrollar su literatura. En el capítulo LVIII, “Ausencia”, relata:

Había algo sublime y fascinante en aquellas pavorosas alturas y precipicios, en aquellos torrentes que rugían, en aquellas inmensidades de hielo y nieve (…).

Cogí de nuevo la pluma y empecé a trabajar (…). Busqué en la naturaleza (…), volví a abrir mi corazón a los hombres (…). Me marché a Ginebra, antes de que llegara el invierno (…).

Trabajaba desde primeras horas de la mañana hasta muy tarde, paciente y duramente. Escribí un libro, bastante inspirado en mi propia vida, y se lo envié a Traddles, que consiguió que lo publicaran en condiciones ventajosas (…). Después de un tiempo de reposo y cambio, empecé a trabajar (…) en una nueva idea (…). Era mi tercera obra de ficción. Estaba a medio escribir cuando, en un intervalo de descanso, se me ocurrió volver a Inglaterra (…). Había visto muchas cosas. Había recorrido muchos países (…).

La última referencia metaliteraria relevante la encontramos en el capítulo LXI, donde Dickens pone en boca de su alter ego Copperfield una idea ya repetida:

Fiel a mi propósito de hablar de mis obras de ficción solo cuando se relacionan incidentalmente con el desarrollo de este relato, no detallaré las aspiraciones, alegrías, inquietudes y triunfos de mi arte (…). Si mis libros tienen algún valor, ellos dirán el resto. Y si no lo tienen, ese resto no interesará a nadie.

"A menudo los escritores se inspiran en los clásicos: buscan su influencia, les llevan la contraria o los parodian"

9- En David Copperfield la sátira contrasta con el sentimentalismo, el patetismo romántico y los cuentos de hadas: les sirve de contrapunto. Si la sátira no existiera, el cóctel literario resultaría ampuloso, demasiado emotivo y pasado de moda. La buena literatura puede ser excesiva, pero todo exceso debe contrapesarse con otro en sentido contrario.

10- A menudo los escritores se inspiran en los clásicos: buscan su influencia, les llevan la contraria o los parodian. En la contraportada a mi edición, la editorial Alba informa de que Kafka imitó a David Copperfield en su novela América y que Joyce la satirizó en el Ulises.

Hace algunos días, me enteré casualmente de que el 1 de enero de 2019 se celebraba el centenario de J.D. Salinger, nacido el 1 de enero de 1919. Estaba en Casa del Libro de Zaragoza y abrí la nueva edición de Alianza en tapa dura de El guardián del centeno (1951). Me encontré con el siguiente comienzo:

Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield…