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De Nueva Jersey a Varsovia: «Bosque adentro» o la eficacia de Harlan Coben

De Nueva Jersey a Varsovia: «Bosque adentro» o la eficacia de Harlan Coben

Era una cuestión de tiempo que la literatura negra nórdica (o de aroma europeo) y la prolífica Netflix, en la que lo autóctono se vuelve automáticamente global, convergieran muy amistosamente. Bosque adentro es una de las primeras grandes producciones polacas de la plataforma, y se propulsa a sí misma con el nombre del norteamericano Harlan Coben, autor de la novela original El bosque (aunque no es la primera ficción basada en material suyo en Netflix). Se trata de un misterio en el que un crimen del pasado y sus repercusiones en el presente se entretejen en la vida de los personajes adultos, como en It, de Stephen King, hasta llegar un final sorpresa.

"En Bosque adentro, cuatro chicos de un campamento de verano desaparecen. Varios de ellos aparecen muertos, de otra se pierde el rastro"

Naturalmente, aquí no hay un payaso asesino que personifique la inmensa mochila que vamos acumulando los seres humanos. Aquí hay un crimen, una desaparición y el ineludible paso del tiempo, que emborrona incluso acontecimientos capaces de cambiar vidas, como los narrados en la serie. En Bosque adentro, cuatro chicos de un campamento de verano desaparecen. Varios de ellos aparecen muertos, de otra —la hermana del fiscal Pawel Kopiński— se pierde el rastro hasta que años después aparece una pista inesperada.

Coben parece haber llamado más la atención en la cinematografía europea que en su país de origen. Aunque si uno hace el camino inverso a los creadores de la serie y cambia el idioma del polaco al inglés en el selector de Netflix uno podría pensar —pese al desganado doblaje anglosajón— que estamos ante una reputada producción de la BBC británica. Bosque adentro es confusa en sus primeros compases, con una poco intuitiva presentación de personajes: identificar a cada una de las versiones en esa brecha temporal de 25 años es algo más confuso de lo que debería. Pero una vez saldado ese inconveniente, así cierta parsimonia emocional que uno podría confundir con frialdad nórdica (la misma de trasladar la acción de Nueva Jersey a Varsovia, por ejemplo) el producto presenta al espectador una intriga solvente y seria.

"Nada nuevo bajo el sol, pero al final Bosque adentro es sutil allí donde debe serlo, trenzando pasado y presente y sumando puntos de vista según pasan los capítulos"

La “trampa” de Bosque adentro es que todo en ella gana peso según transcurren los minutos, cuando la trama se va vertebrando y las emociones fluyen más allá de los evidentes convencionalismos del guión. La red de pequeñas mentiras, omisiones y justificaciones (los personajes, huelga decirlo, saben casi todos más que el espectador) convierten el pasado en algo indescifrable, y la sensación de que algo que no sabemos está pasando va ganando peso. El estilo, algo soso, o más bien desabrido y genérico. Así los artificios narrativos de la ficción se toleran bien, con un buen uso de los planos holandeses, el contrapesado y la cámara en mano para crear sensación de inseguridad, inestabilidad.

Nada nuevo bajo el sol, pero al final, Bosque adentro es sutil allí donde debe serlo, trenzando pasado y presente y sumando puntos de vista según pasan los capítulos. Los paralelismos que aparecen aquí y allá con el caso de violación que Paweł maneja en la fiscalía, o esos episodios de antisemitismo, son quizá innecesarios, decorativos, pero no redirigen la moralidad de la serie hacia cuestiones excesivamente perentorias sino que funcionan como fugas psicológicas de los personajes. Un buen producto, como tantos otros.

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