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El desafío de escribir una novela

El desafío de escribir una novela

Mujeres errantes es la historia de tres mujeres que lucharon por sobrevivir y tomaron sus propias decisiones para lograr sus sueños. Una novela que rinde homenaje a las mujeres españolas que en los 60 tuvieron que abandonar sus casas, acuciadas por la miseria. La autora desgrana para Zenda las claves de esta obra.

En el año 2013, tras la presentación en Oviedo de Luciérnagas en la memoria, Rubén Vega García me hizo una propuesta. En el Archivo de Fuentes Orales para la Historia Social de Asturias de la Universidad de Oviedo se hallaban recogidas las entrevistas realizadas a Fredesvinda Sánchez González, la Tarabica, y Consuelo García Álvarez, Chelo la Mulata, dos pescaderas ambulantes míticas en Gijón. Conocido mi compromiso histórico y literario con las mujeres, siempre dispuesta a restituirles la voz y el protagonismo, ¿quería escribir sobre este gremio?

"La solución pasó por crear una nueva sardinera, y así aparece Julia, la Chata Cimavilla, personaje de ficción con evidentes anclajes en la realidad"

En mi primera novela, Comadres, ya aparecen las pescaderas de Cimavilla, no en vano mi tía abuela estuvo al frente de un puesto en la plaza del Pescado y sus anécdotas poblaron el limbo de mi infancia; entre ellas, las relacionadas con la famosa Tarabica. Por eso, cuando me planteó el reto, las luces del pasado titilaron de nuevo.  Además, por primera vez trabajaría con documentación oral en lugar de escrita. Dos desafíos en uno.

Acepté sin dudarlo.

Sin embargo, disponer de más de diez horas de grabación me supuso un problema serio. El material se prestaba a realizar una obra costumbrista, pero para eso ya están El calvario de piedra, de Joaquín Alonso Bonet, Corazón de playu, de Manuel Valdés, o el ínclito Pachín de Melás. Tampoco se trataba de transcribir literalmente sus memorias ni de realizar un ensayo antropológico. La solución pasó por crear una nueva sardinera, y así aparece Julia, la Chata Cimavilla, personaje de ficción con evidentes anclajes en la realidad, pues habría sido «vecina y amiga» de la Tarabica y la Mulata.

Para preservar la riqueza original de sus voces decidí publicar extractos temáticos de las grabaciones en la página web de la novela que me permiten ofrecer al público cortes tan ilustrativos como El aborto, Prostitución consentida, Las cigarreras, Fleming, El reparto del quiñón…

"Greta nació como contrapunto de Julia y representa la síntesis del cosmopolita fin de siglo: Londres, Berlín, Atenas, Santorini… Sexo, drogas, punk y rock&roll"

La emigración de los años 60 en busca de mejores condiciones de vida la encarna Eloína, una mujer que no parará mientes en alcanzar sus objetivos, aunque para ello haya sustentado su vida sobre una gran mentira. Será enfrentada a la muerte cuando decida revelarla en parte, provocando un cataclismo en la ya agitada existencia de su hija, Greta.

Greta nació como contrapunto de Julia, y representa la síntesis del cosmopolita fin de siglo: Londres, Berlín, Atenas, Santorini… Sexo, drogas, punk y rock&roll. Su personaje devora con avaricia el convulso mundo que le toca vivir y me sirve para dejar constancia y evidencia de la “generación perdida” de los años 80.

Pese a las diferencias, existen paralelismos en las trayectorias de Julia y Greta que simplemente reflejan el universo diario en que se mueven muchas mujeres. Sumisión, dominación, maltrato, violencia… Hay relaciones sentimentales erradas y nadie está libre de la picadura de un amor venenoso. Ellas tuvieron suerte, otras no vivieron para contarlo.

"La autobiografía de mi padre, coincidente en el tiempo, me permitió añadir nuevos ingredientes a la narración en el ámbito local"

Convertir a Hänsel en experto en fantasías sexuales fue un capricho, dado que me considero, modestamente, especialista en la materia, por impartirla en los Cursos de Postgrado de Sexología de la Universidad de Oviedo. Hänsel es el vicio, el poder y la destrucción. Vemos lo que queremos ver de los demás y de nosotros mismos.

El «arte del embotellado emocional» es de cosecha propia y está inspirado en las técnicas de mindfulness y en mi propia experiencia vital. Conservo muchas botellas en los anaqueles de la memoria, y deseaba compartir con los demás tan sencillo y gratificante modus operandi.

La autobiografía de mi padre, coincidente en el tiempo, me permitió añadir nuevos ingredientes a la narración en el ámbito local y la colección de cartas de un jesuita amigo suyo, el padre Herrera, me sugirió la creación del entrañable cura Guillermo Expósito. Tuve que modificar, eso sí, su lenguaje preconciliar, disonante con el más cercano y comprometido de la Teología de la Liberación, que deseaba mostrar al público.

Los escenarios, de Zermatt a Ometepe, han sido embotellados in situ para ofrecerlos frescos y jugosos. Conservo de ellos imágenes, sensaciones, colores, olores… grabados en la memoria para transmitirlos a través de mis personajes, haciéndolos más veraces. Forma parte de mi oficio de escritora. Y es una excelente disculpa para viajar.

"Partí a cumplir una vieja deuda que tenía conmigo misma: recorrer Nicaragua en busca de la huella de Gaspar García Laviana, nuestro Che asturiano"

A pesar de todo, en el año 2015 Mujeres errantes se había atascado y yo me hallaba bloqueada. Estaban escritas las partes, pero me faltaba numen para completar el todo. Intentando distanciarme de la novela, decidí dejarla reposar y partí a cumplir una vieja deuda que tenía conmigo misma: recorrer Nicaragua en busca de la huella de Gaspar García Laviana, nuestro Che asturiano. Misionero y comandante sandinista caído en combate el 11 de diciembre de 1978, hace cuarenta años.

Me hallaba en la frontera de Costa Rica con su ahijado, quise ir allí, al lugar de su muerte, donde fue emboscado y donde, todavía hoy y pese a los impedimentos policiales, siguen peregrinando miles de nicas cada aniversario. En aquella especie de auditorio al aire libre volvimos a evocarle, lamentando el olvido al que le estaban condenando. A Daniel Ortega, el revolucionario de entonces, actual presidente, el recuerdo de su integridad le ofende. Mientras desgranábamos su recuerdo, el cielo se fue cubriendo de negrura. Y entonces, tras dos años sin llover en Nicaragua, se puso a orbayar como si estuviéramos en Asturias. Empapada por el hechizo del momento, sobre la tierra que regó con su sangre, levanté el puño y le prometí prestar mi voz a la suya. Cesó de llover y se abrió un claro. Y de pronto, los flujos de aquella historia inacabada que había dejado aparcada en España volvieron a mi mente arrastrados por el viento y se ordenaron en suaves capas. Incrédula, contemplé cómo Gaspar se acomodaba en Mujeres errantes, proporcionándole un final a mi novela.

Puro realismo mágico.

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Autora: Pilar Sánchez Vicente. Título: Mujeres errantes. Editorial: Roca. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro