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Una novela/palimpsesto de la vida cotidiana

Una novela/palimpsesto de la vida cotidiana

Cuando en junio de 2015 José María González Santos, Kichi, llegó al Ayuntamiento de Cádiz, uno de sus primeros actos como alcalde fue el de sustituir en el despacho recién ocupado el retrato del rey, ya entonces emérito Juan Carlos I, por el de una figura casi legendaria como fue la del regidor anarquista Fermín Salvochea. Según todos los indicios Kichi nunca alcanzará los índices de popularidad que conquistó su antecesor en el consistorio, pues Fermín Salvochea era amado por los desfavorecidos porque se implicaba en su pobreza, mientras que el clero y los poderosos le odiaban porque se enfrentaba a ellos sin ambages. Se cuenta de él que si veía a alguien necesitado de abrigo, allí donde estuviese se despojaba del suyo y se lo daba al menesteroso. Una de sus dádivas más célebres es la de, siendo ya anciano y achacoso, prescindir de su cama para que un vecino enfermo reposara su postración dignamente. Unos días después, el benefactor se cayó del tablero que utilizaba como lecho y murió. Este proceder hizo que a Salvochea, que había nacido rico, era muy culto, había viajado por el mundo y defendía las ideas revolucionarias de una sociedad igualitaria, se le conociese como el Santo de los Anarquistas. También, como todo activista, vivió episodios violentos, fue perseguido, encarcelado, y sufrió el exilio, pero el pueblo de Cádiz le recuerda, aún hoy, casi siglo y medio después, como el mejor alcalde de la ciudad. Incluso existen coplas, aparte de las numerosas que le dedica el carnaval gaditano, que alaban su semblanza donosa, educada y galante. Y eso que ejerció de alcalde parte del verano de 1873, coincidiendo con el movimiento cantonalista de la I República.

"Salvochea no es el único político que en horas libres se ha dedicado a limpiar el mundo de aberraciones varias"

Esa es a grandes rasgos la vida pública de Fermín Salvochea, porque según Jesús Cañadas, el gaditano tuvo otros cometidos además de los políticos. Descubrimos así un personaje fascinante (más si cabe) que, a partir de los hechos de su biografía, conjuga la función pública con otra no menos importante como es la de cazador de vampiros a lo largo, a lo ancho, por la superficie y por los subterráneos de un Cádiz a la medida de su primer edil. Una Tacita de Plata que rebosa de misterios, prodigios y terrores que nacen de un riquísimo acervo legendario.

Salvochea no es el único político que en horas libres se ha dedicado a limpiar el mundo de aberraciones varias. En 2010, Seth Grahame-Smith daba cumplida cuenta de las actividades nocturnas de un famoso presidente de los EEUU en Abraham Lincoln, cazador de vampiros (Umbriel). Con el trasfondo de un Sur esclavista y la Guerra de Secesión como contienda de liberación, Lincoln escribiría unos diarios en los que relataría su cruzada secreta contra los vampiros, constituidos en un lobby de presión y de terror para los humanos.

Jesús Cañadas, que ya había puesto a un personaje real protagonizando una ficción fantástica en Los nombres muertos (Fantascy), vuelve a convertir a una figura cotidiana en un héroe legendario. Si en la otra novela era el escritor de Providence H. P. Lovecraft y otros colegas suyos quienes viajaban por medio mundo para dar con el Necronomicon, libro maldito donde los haya, ahora se centra en un alcalde y en una ciudad, ambos españoles, para contar una historia en dos tiempos: el primero, la primavera de aquel 1873 cuando un hombre pulcro que lucía siempre unos lentes ahumados y un poblado bigote y que defendía el ideario anarquista accedió a la presidencia consistorial de Cádiz, y el segundo, el otoño desapacible de 1907 en el que ese mismo hombre fallecía en esa misma ciudad donde se dieron hitos políticos tan reales como la Constitución de 1812 e historias trágicas de madres celosas de su propia hija y de los espejos que obran el prodigio de la inmortalidad.

"La novela funciona como un palimpsesto de la vida cotidiana de una ciudad andaluza de la época donde un barbero mujeriego y borrachín se convierte en la sombra de su alcalde en la aventura"

Jesús Cañadas ha sabido enjaretar en el prosaico devenir de un cargo público una serie de aventuras fantásticas en las que no olvida a ningún estamento de la sociedad gaditana de la época. Además del pueblo llano, representado en el barbero calavera Juaíco y en su abnegada esposa Antonia, enfrente, detrás o al lado de Salvochea aparecen el clero, soberbio y cruel, las familias poderosas en guardia para no perder sus privilegios, el hampa, las meretrices y un abigarrado plantel de monstruos y personajes fabulosos, como María Moco, la reina de las cuevas que surcan la ciudad por el subsuelo, o Liérganes, un salvaje que gobierna el submundo del contrabando y la delincuencia.

Con semejante elenco asistimos a una historia cautivadora donde lo menos asombroso es la lucha secreta de un peculiar vigilante contra los vampiros que infestan su entorno. Unos vampiros, por cierto, como deben ser estos engendros de la noche de los tiempos del miedo humano: repulsivos, terroríficos, peligrosos y perversos, no como los sofisticados y hastiados de la no vida de Anne Rice, los ñoños de Stephenie Meyer o los más que humanos y pedantes de Charlaine Harris.

Los vampiros a los que combate Fermín Salvochea auxiliado por un gitano sin piernas y genio de la mecánica avanzada son solo una parte de la fantasía que cruza las calles, los subterráneos y los cielos de ese Cádiz transfigurado en la urbe steampunk que se despliega ante nuestros ojos. Así, junto a los no muertos coexisten monstruos, brujas, protorrobots, fantasmas, torres que aparecen y desaparecen en la noche, el Diablo y todo lo que a una mente hiperestimulada se le pueda ocurrir.

Pero además, la novela funciona como un palimpsesto de la vida cotidiana de una ciudad andaluza de la época donde un barbero mujeriego y borrachín se convierte en la sombra de su alcalde en la aventura, al mismo tiempo que vehicula una narración en la que se describe la miseria de los trabajadores, la violencia doméstica de hombres embrutecidos por el vino y las andanzas de un grupo de chavales que se dan de bruces con el terror y se empeñan en acabar con él. Entre ellos destaca Candela, una niña que reside en el hospicio pero vive a salto de mata en las calles. Aquejada de una minusvalía, arrastra su pierna dañada con la ayuda del aparato ortopédico que utiliza con la soltura de un afán de superación diario. Valiente hasta la temeridad, constituye el acicate para que Sebastián, el hijo de Juaíco, descubra los secretos de su familia y se enfrente al mal que asola ese microuniverso siniestro en el que se ha convertido Cádiz.

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Autor: Jesús Cañadas. Título: Las tres muertes de Fermín Salvochea. Editorial: Roca Editorial. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro