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Diario de Menacho, la voz del héroe

Diario de Menacho, la voz del héroe

¿Por qué la Guerra de la Independencia, década tras década, sigue siendo uno de los capítulos más atractivos de nuestro pasado histórico? Y es que, sin dar tregua, se suceden congresos y jornadas, eventos recreacionistas, novelas históricas, brillantes estudios de investigación y una abundante bibliografía que avalan este interés por “el estado de la cuestión”.

Guerra de Independencia y el Sitio de Badajoz de 1811

Hace poco más de dos siglos, España se convertía en el escenario de uno de los conflictos más cruentos de nuestra historia, y Extremadura en una de las regiones más castigadas por los enfrentamientos entre los ejércitos aliados y napoleónicos.  

Badajoz no sólo poseía uno de los recintos mejor fortificados de Europa, sino que, por su situación estratégica junto a la frontera portuguesa, era una plaza decisiva. Sin embargo, hasta fechas recientes su relevancia en el marco de las operaciones francesas no se había valorado —ni estudiado— en su justa medida.  Algo que resulta paradójico, ya que la defensa del Sitio de Badajoz constituye uno de los más notables ejemplos de resistencia y heroicidad jamás ocurridos en nuestro devenir histórico. Un capítulo ininteligible sin la personalidad del general Rafael Menacho.

"No sólo hace justicia a la memoria del héroe, sino que redondea la visión de la defensa de Badajoz ante el asedio francés"

Por fortuna, la reivindicación de la importancia de este asedio y de la figura del heroico militar va in crescendo. En los últimos diez años, actos públicos por parte de instituciones civiles y militares, ciclos de conferencias, una novela biográfica, una exposición permanente, el trabajo de la Asociación Alfonso IX, su gran escultura conmemorativa y distintos aportes bibliográficos demuestran que la recuperación de su memoria es un hecho.

En esta línea, sale a la luz el Diario de Menacho: Diario de la defensa de Badajoz de 1811, publicado por la Diputación de Badajoz, una obra facsimilar y de investigación coordinada por el coronel de infantería Fernando Ortiz y centrada en la personal experiencia bélica del general Menacho, que no sólo hace justicia a la memoria del héroe, sino que “redondea” la visión de la defensa de Badajoz ante el asedio francés del Mariscal Soult. Entre otras razones, porque está contada en primera persona y porque, por primera vez, está narrada por los propios protagonistas.

Menacho, el héroe de la defensa

Rafael Menacho y Tutlló (Cádiz, 1776) poseía una valerosa trayectoria militar que le había llevado a combatir en cuarenta batallas, de Ceuta a Gibraltar y del Rosellón a Bailén. Se decía que “no le cabían más impactos en su cuerpo”. Había sido herido nada menos que en ocho ocasiones cuando fue destinado a Badajoz como mariscal de campo. A su llegada, la ciudad era el último bastión de la resistencia del suroeste peninsular.

Tras soportar varios ataques del ejército francés, se produjo el asedio definitivo en marzo de 1811. El pueblo de Badajoz, pese a que disponía de escasos medios, se batía con gallardía frente al demoledor ejército imperial junto a los muros de la gran fortaleza de la ciudad ante unos efectivos de más de 15.000 hombres. Hasta en tres ocasiones el mariscal Soult, al mando de las tropas francesas, ofreció a Menacho que rindiese la plaza y prometió respetar su vida, pero el general se negó.  Documentos de la época atribuyen a este momento su épica frase: «Seré sepultado en las ruinas de Badajoz antes que entregar la plaza a los franceses». Menacho acabaría sufriendo el impacto de un grano de metralla en el Baluarte de Santiago y moriría en pocos minutos. Muerto Menacho, la plaza caería. Su segundo al mando, el general José Imaz Altolaguirre, rendiría deshonrosamente la plaza a los franceses el 11 de marzo de 1811. Posteriormente, Imaz sería sometido por ello a un consejo de guerra.

"Los británicos fueron aliados, pero en absoluto amigos. Francia e Inglaterra eran enemigos seculares de España, y siguieron siéndolo"

Tras un año de dominio francés, la ciudad volvería a ser tomada por la infantería británica en abril de 1812. Sir Arthur Wellesley, duque de Wellington, “liberaría” la ciudad al mando de un ejército anglo-portugués. Sería una de las más sanguinarias luchas cuerpo a cuerpo de toda la guerra, que como venganza incluiría la violencia salvaje y el expolio a la población civil por parte de “las tropas liberadoras” en uno de los más terribles episodios de la Guerra de la Independencia Española.

Los británicos fueron aliados, pero en absoluto amigos. Francia e Inglaterra eran enemigos seculares de España, y siguieron siéndolo. Y al igual que Badajoz, sometieron con terror otras ciudades, como Ciudad Rodrigo o San Sebastián. Acabarían destruyendo tanto infraestructuras como las manufacturas españolas que pudieran competir con las inglesas, acechando permanentemente el Imperio Hispánico de América y facilitando sus movimientos independentistas para menoscabar el poder español.

Atinada coordinación y una completa edición

La exquisita edición del Diario de Menacho ha sido coordinada por Fernando Ortiz (Badajoz, 1967). Se basa en la reproducción facsimilar del diario de Menacho y los últimos días del diario de Imaz —el general que le reemplaza cuando éste muere— y que en una controvertida actuación acaba rindiendo la plaza.

Fernando Ortiz, coronel de infantería, especialista en historia militar y con seis misiones internacionales a sus espaldas, ha requerido para la obra la colaboración entre distintos organismos y ha estructurado el libro en secciones complementarias que contextualizan la fuerza documental del diario en sí.

"Este diario no solo permite al lector conocer la historia global, sino también acercarse al punto de vista del enemigo"

El diario… no es lo que se entiende popularmente por un diario. Es la recopilación de la correspondencia que el general Menacho mantuvo día a día, y de forma secuencial, con el capitán general y secretario del Despacho de Guerra de la Regencia, José de Heredia y Velarde, en la sitiada ciudad de Cádiz. En ella, Menacho va informando de la situación de la plaza ante el enemigo, Soult.

El Archivo Histórico Nacional ha cedido los derechos para la reproducción facsimilar de las cartas manuscritas. Son cartas de su puño y letra, de preciosa caligrafía. Aunque resultan perfectamente legibles, dada la cantidad de términos específicos y la multitud de abreviaturas que dificultan la lectura, se incluye tras la reproducción en facsímil la transcripción en el lenguaje actual con la misma disposición de hojas, lo que permite consultarla directamente.

Asimismo, como los últimos días del asedio no fue posible enviar más cartas al Consejo de Regencia, se ha añadido la correspondiente narración del diario francés, el único conservado completo. Este diario no solo permite al lector conocer la historia global, sino también acercarse al punto de vista del enemigo en los momentos anteriores al asalto y la tensión que ejercía sobre ellos la proximidad de las tropas británicas de socorro.

En la obra el lector puede “oír” la propia voz de Menacho narrando lo que acontece, e irá viviendo con él los esfuerzos por demorar la capitulación, esperando la vital y crucial ayuda de las divisiones aliadas… que nunca llegaría. El mariscal gaditano describe la construcción de trincheras, el levantamiento de barricadas, la resistencia en los parapetos de los baluartes atacados y las salidas para retrasar los aproches del enemigo hasta que llegaran los refuerzos. La intensa lluvia que anegaba las trincheras parecía jugar a favor de los españoles, pero nada pudo frenar a los franceses, que con nada menos que once baterías hostigaban la ciudad

¿Qué habría pasado si Menacho hubiera sobrevivido? Entrando dentro del terreno de la especulación, especialistas en la materia aventuran que su carisma, el empuje de su liderazgo y el apoyo de un pueblo entregado habría permitido a Badajoz resistir hasta la llegada de las tropas británicas. “El éxito de la defensa se apoyaba fundamentalmente en su personalidad”, afirma Fernando Ortiz. Por ello, la gesta de Menacho y Tutlló debería haberle encumbrado al panteón de héroes nacionales, al igual que haberse reconocido el valeroso arrojo de los habitantes de la plaza que defendía. Sin embargo, el devenir de la Historia no les destinó la gloria que sí otorgaría a otras ciudades y hombres en similares actuaciones.

Primera versión completa sin censuras

El diario, coordinado por el coronel Ortiz, es la primera versión completa y sin censura de la narración de la defensa de Badajoz ante el asedio francés de 1811.

"La Regencia de Cádiz intentaba exaltar el componente heroico y ocultaba cualquier circunstancia que pudiera ser adversa y minara la moral de las ciudades y pueblos de España"

Es especialmente interesante conocer que esta correspondencia que intercambiaba Menacho se iba publicando en la Gaceta de la Regencia, el boletín oficial de “los patriotas” —como se conoce a los resistentes españoles frente a los franceses—. Pero al confrontar la publicación con las hojas manuscritas de Menacho se percibe que esta gaceta ejerció una importante censura sobre los datos y hechos narrados por el militar. ¿Exceso de celo? No: el fin justifica los medios. La Regencia de Cádiz intentaba exaltar el componente heroico y ocultaba cualquier circunstancia que pudiera ser adversa y minara la moral de las ciudades y pueblos de España que iban siguiendo, con anhelo y casi a tiempo real a través de la gaceta, lo que acontecía en Badajoz.

Este “filtro” de información ha sido solventado en esta edición, donde por primera vez se recoge fielmente el texto íntegro de Menacho e incluso se destaca gráficamente aquello que fue censurado. Esto no resulta baladí, ni tampoco meramente curioso, sino que sitúa al lector en la psicología política del Consejo de Regencia, el grupo humano que tomó las riendas de un país que, descabezado política y militarmente, luchaba por su independencia ante un poderoso enemigo.

Interesantes introducciones

El desarrollo del libro se inicia con varias introducciones con autoría de García-Menacho, Salvador Amaya, y del propio Fernando Ortiz. Eduardo García-Menacho, coronel de artillería descendiente del héroe y académico de número de la Academia de las Ciencias y Artes Militares, hace una semblanza de la figura del general Menacho, en la que biográficamente describe a la perfección al protagonista del libro. Su objetivo es que antes de la lectura del diario el lector vaya formándose una imagen certera del carácter y de la fuerte convicción que movió a su antepasado a sacrificarse en el cumplimiento de su misión. Continúa con una breve ambientación de la situación de la guerra en Extremadura al inicio de los sucesos relatados en el diario.

"Cierran el libro otros documentos también publicados en la Gaceta de la Regencia, como la carta de Imaz en la que informa al Consejo de Regencia de la rendición"

Junto al texto del descendiente, es especialmente relevante la intervención de un artista, Salvador Amaya, algo atípico en este tipo de publicaciones, pero es una aportación que cobra todo su sentido. El artista es el autor de la estatua de Menacho que se erige en pleno centro de Badajoz, una pieza clásica en bronce, capital en la iconografía de Menacho, que se ha convertido en potente símbolo de la ciudad. Y es que el escultor desvela que existe una especial imbricación emocional entre la escultura y el propio Diario de Menacho. En su escrito, el artista descubre que “el diario que el lector tiene entre sus manos fue lo que realmente me reveló la grandeza del personaje” o que “el diario me hizo conocer de primera mano la cosmovisión de las operaciones, el sentir apasionado del conflicto y el porqué de las decisiones tomadas”, unas características que consideró determinantes para haber logrado forjar el espíritu de Menacho en su escultura, en perfecta simbiosis de forma y fondo. La pieza, basada en un boceto de Augusto Ferrer-Dalmau, “el pintor de batallas”, está ejecutada con la grandeza material y estilística del mejor clasicismo, aunando épica y espíritu romántico, reflejos de la propia alma de Menacho.

Por su parte, la introducción del coronel Ortiz, aporta al lector poco habituado a la documentación castrense los conocimientos básicos sobre el tipo de documento que va a leer: un diario de operaciones. “Es una memoria detallada redactada por el jefe militar de las vicisitudes que la unidad bajo su mando va superando día a día. En este caso se centra en la defensa de la ciudad asediada”. También Ortiz aclara que “no sólo se describen los combates, sino también los movimientos del enemigo, las necesidades de su tropa, la consecución de los suministros y municiones, así como cualquier otro asunto que pueda tener un efecto más o menos directo en el devenir de los hechos”.

Cierran el libro otros documentos también publicados en la Gaceta de la Regencia, como la carta de Imaz en la que informa al Consejo de Regencia de la rendición, cuyo parapeto moral para “exculparse” es el incluir el acta del consejo de guerra en el que la mayoría de los jefes militares acuerdan rendir la plaza y las cláusulas de la capitulación.

Como colofón se añaden dos mapas exentos procedentes del Archivo Histórico Militar de Madrid, para que el lector pueda ir siguiendo la narración visualizando la disposición de los efectivos y las diferentes actuaciones, tanto de los defensores como de los atacantes.

El primero, de 1772, plasma los detalles de las defensas de la ciudad (baluartes, puertas, fuertes…) y las construcciones defensivas extramuros. El segundo es un plano francés de 1811 donde aparecen las tropas desplegadas y el avance día a día de las obras de los zapadores para aproximar los cañones a la plaza sitiada.

Menacho: Historia y justicia

Una cuidadísima maquetación, un papel satinado en crema y la sobria portada ilustrada con la icónica escultura de Menacho de Salvador Amaya enmarcan esta singular edición de la Diputación de Badajoz. Es un libro que supone una gran aportación tanto al legado histórico de la ciudad como al estudio general de la Guerra de la Independencia, una de las contiendas bélicas —como ya hemos comentado— más atractivas en el panorama bibliográfico.

"España era el único país continental que resistía a un Napoleón que se alzaba victorioso sobre países de toda Europa"

Y es que esta guerra es una realidad bifronte en la que gravitan parámetros que pueden analizarse con objetividad —e incluso sin ella— cuando se juzgan con conceptos extemporáneos.

Bifronte, porque en 1810 España era el único país continental que resistía a un Napoleón que se alzaba victorioso sobre países de toda Europa. Sin liderazgo y sin ejército organizado. España luchó con fiereza y acabó derrotando al más poderoso de su tiempo. Pero sería una victoria con funestas consecuencias: pérdidas incalculables en el patrimonio histórico-artístico, ruina económica, la disrupción en la evolución natural hacia el liberalismo, el “principio del fin” de la España de Ultramar y el caldo de cultivo a los pronunciamientos de los espadones del XIX.

Napoleón basaba su proyecto imperial en la extensión de las ideas revolucionarias. Pero la demagogia del discurso de “traidores” afrancesados y franceses, la crueldad inferida por ellos y los ataques a un catolicismo crisol la identidad hispánica hicieron que la inmensa mayoría de los españoles desarrollara un potente sentimiento antinapoleónico. Esto les llevaría a rechazar el liberalismo, como despotismo foráneo y ajeno, y a depositar su confianza en Fernando VII, el rey “deseado”.

Probablemente “tantas aristas” explican la cuestión inicial con la que abríamos esta reseña. Pero ¿hay algo más?

Claro que lo hay, un valor que en la actualidad cobra una especial dimensión, y es que los sentimientos de un país tan dividido orográfica e históricamente y con tradiciones tan diversas se diluyeron en aras de una pasión común: la Patria. Junto a la religión y la legítima defensa de sus tierras, casas y familias, se fraguó la sólida conciencia de Nación. De ahí que historiográficamente se les denomine “los patriotas”. Este espíritu colectivo tuvo la capacidad y la celeridad de canalizar la insurrección contra el francés en un movimiento popular, espontáneo y organizativo, sin parangón en toda Europa. No fue una guerra de independencia, sino de liberación, y en la que con mayor intensidad se ha sentido el patriotismo español. Carentes de cabeza visible, absolutistas, liberales y españoles de toda clase y condición por encima de dinastías, reyes e instituciones lucharon unidos bajo una sola bandera, como jamás volvería a suceder.

En las guerras de España, los líderes o caudillos han actuado como catalizador de fuerzas, y cuando caen —Viriato o Zumalacárregui entre otros, o el propio Menacho— la moral se desmorona, porque encarnan los valores por los que luchan. Y en este caso Menacho simbolizaba el valor de la propia nación.

Ingratamente, nos caracterizamos por no honrar ni recordar a nuestros héroes como merecen. De ahí la importancia de la publicación de Diario de Menacho: Diario de la Defensa de Badajoz de 1811. Una obra que supone no sólo hacer Historia y hacer justicia al héroe, sino sobre todo hacer nación.

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Coordinador editorial: Coronel de infantería Fernando Ortiz. Título: Diario de Menacho: Diario de la defensa de Badajoz de 1811 por los mariscales de campo. Editorial: Diputación de Badajoz. Venta: Librería virtual

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