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Diario de un dibujante: sobre la vida y obra de Mary Wigman

Diario de un dibujante: sobre la vida y obra de Mary Wigman

Mary Wigman está considerada una figura capital en la historia de la danza moderna y de la contracultura alemana. Sin embargo, su vida y su obra han caído en el olvido. En este cómic se relatan sus comienzos, su integración en una generación del tristemente llamado «arte degenerado», y su supervivencia en una Alemania dividida, donde prosiguió su labor coreográfica y teórica contra todo signo convencional.

Igual que hizo el guionista, Fernando González Viñas, en su propio making of, hoy damos voz al ilustrador, Joaquín Santiago García, de Wigman: La danza o la vida (El Paseo).

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En lo referente a la parte gráfica, podemos hablar de tres bloques fundamentales en el proceso de creación de Wigman: la documentación, la definición de un estilo y la adaptación del guión.

Dado que nuestro cómic describe la evolución artística y personal de Wigman, y cómo las diferentes corrientes y vanguardias del arte influyeron en su obra y carácter, era crucial reflejar fielmente estas referencias. Este recorrido biográfico se extiende desde antes de la Primera Guerra Mundial hasta finales de los años 60, y reflejar cada una de estas épocas en pocas páginas requería una ambientación precisa para que el resultado no fuera el de escenas atemporales flotando en la nada, por lo que creí necesario apoyarse incluso en los pequeños detalles de la cultura material de cada momento (un modelo de silla, de teléfono…). Además, algunos de los eventos cruciales de su vida (ambas guerras mundiales, las revueltas de Weimar, el Nueva York de los años 30, los Juegos Olímpicos de Berlín del 36 o la postguerra y la vida en la RDA) eran tan potentes visualmente que me resultaba imposible resistirme a reflejarlos con detalle. Todos estos motivos requerían una documentación lo más cuidadosa posible, no siempre fácil de conseguir, siendo ésta la fase de desarrollo del cómic que más tiempo me ha llevado, y aunque laboriosa, me ha dado momentos y descubrimientos fascinantes, como por ejemplo investigar los clubs de baile y jazz de Harlem en los años 30, que por sí mismos pedían un cómic aparte.

"El estilo iba variando, intentando amoldarse a las necesidades que las muy distintas escenas del guión iban pidiendo, algunas casi oníricas"

Siempre tuve claro que quería realizar el cómic a mano, por lo que los medios digitales se emplearon solo para el diseño de la página y el escaneo, rotulación y retoques finales. Aunque el planteamiento inicial incluía algunas escenas a color, se decidió finalmente optar únicamente por el blanco y negro. Para ello escogí el gouache negro, que me permitía unas aguadas controladas y con un acabado similar al de las fotos que documentaban los bailes de Wigman, y que además permitía reproducir algunas de las obras plásticas referenciadas, junto a una línea a tinta precisa para ayudar tanto en los retratos como en la recreación histórica. El estilo, de todas formas, iba variando, intentando amoldarse a las necesidades que las muy distintas escenas del guión iban pidiendo, algunas casi oníricas, como las que suceden en Monte Verità.

"Siguiendo con lo motivador de intentar explotar las capacidades del lenguaje del cómic para la representación de las distintas coreografías, se ha empleado diferentes recursos para intentar plasmar cada una de ellas"

El guión divide la historia en bloques temáticos que abarcan 2-6 páginas, separados por las coreografías más significativas de cada una de estas épocas. Incluir la gran cantidad de información necesaria en un espacio limitado obligaba a ser especialmente cuidadoso con la composición de página, empleándola además para cubrir las demandas expresionistas de algunos pasajes del guión. Este juego con el lenguaje del cómic en lo referente a composición de página, cambios de punto de vista, o la inclusión de referencias simbólicas a obras de arte conocidas (Goya, Velázquez, Caravaggio, Schiele…) fue otra de las fases más emocionantes del proceso. Y siguiendo con lo motivador de intentar explotar las capacidades del lenguaje del cómic para la representación de las distintas coreografías, se ha empleado diferentes recursos (secuencias, cambios de grafismo, juego con el recorrido del ojo en la lectura de la página) para intentar plasmar cada una de ellas.

En general, ha sido una fabulosa oportunidad de hacer un ejercicio personal de exploración, dentro de mis capacidades, de un medio como el cómic, al que le tengo un cariño y respeto infinito.

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Autores: Fernando González Viñas y Joaquín Santiago García. Título: Wigman: La danza o la vida. Editorial: El Paseo. Venta: Todos tus libros.

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