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Einstein sueña con el tiempo

Einstein sueña con el tiempo

La historia de este libro comienza el 28 de junio de 1905. Al amanecer de ese día, mientras el reloj de la torre más cercana suena seis veces, un joven está desvelado en su escritorio de la oficina de patentes de Berna. “Tiene en la mano veinte páginas arrugadas: la nueva teoría del tiempo que enviará hoy por correo a una revista alemana de física”. Ha estado trabajando toda la noche. A esa hora se adormece sobre su escritorio. Ese joven, que es en realidad Albert Einstein, sueña mundos en los que el tiempo se comporta de forma moldeable. Cada uno de esos mundos es un capítulo del libro, que ocupa apenas un par de páginas.

El autor, Alan Lightman, es físico. Nació en Memphis en 1948. Ha trabajado como investigador en astronomía y en física. Ha sido profesor en la universidad de Harvard. Publicó Los sueños de Einstein en 1993. En España se editó por primera vez en la editorial Tusquets y ahora lo recupera Libros del Asteroide, en una nueva traducción de Andrés Barba.

"Imaginemos por ejemplo un mundo en el que causa y efecto se comporten de forma errática. Los científicos entonces estarían perdidos"

Einstein sueña que el tiempo es un círculo que se pliega sobre sí mismo. Entonces, en la vida de los personajes todo vuelve a suceder de nuevo.

“En este mundo en el que el tiempo es un círculo se repetirá con precisión cada apretón de manos, cada beso, cada nacimiento, cada palabra” (pág. 12).

Sueña que el mundo es como un flujo de agua, como un riachuelo. O que avanza a saltos como un grillo. O que tiene tres dimensiones y los acontecimientos se producen de tres maneras distintas simultáneamente.

No hay que acercarse a este libro buscando una trama narrativa. Es una colección de textos híbridos que combinan relato, ensayo, imaginación. Lo que importa en su lectura es la capacidad de sugerencia, la imaginación que despliega, la creación de distintos mundos gobernados por el tiempo convertido en un concepto relativo y voluble.

Imaginemos por ejemplo un mundo en el que causa y efecto se comporten de forma errática. Los científicos entonces estarían perdidos; pero los artistas serían los seres más felices, porque lo imprevisible es la materia de las canciones, de la pintura, de las novelas. En ese mundo sólo tendría sentido vivir el momento. Y cada acto sería como una isla en el tiempo. Situaciones así imagina este libro, que es ocurrente, imaginativo y sutil. Supongamos, propone, que el tiempo estuviera detenido y hasta las gotas de lluvia cuelguen suspendidas en el aire. ¿Quién iría a un mundo así?, se pregunta el autor. «Padres con sus hijos, y enamorados», responde.

Otras veces imagina un mundo en el que no hay tiempo, sólo imágenes: un niño en la playa, maravillado por su primera visión del océano; huellas de pasos en la nieve; un pequeño armario lleno de píldoras, cerrado con llave…

La buena literatura se caracteriza por la atención a los detalles. Alan Lightman envuelve el relato con los sonidos de la ciudad, las campanadas del reloj, la penumbra de un escritorio, los susurros de una pareja en las escaleras. Evoca sentimientos; se fija en los matices que transmiten las actitudes de los personajes. Uno de los atractivos de este libro está en el estilo. Emplea un lenguaje depurado, sugeridor y poético, a base de metáforas, aforismos, preguntas retóricas.

"El estilo y la idea del tiempo como un concepto inestable son los dos elementos que dan unidad a los treinta textos breves que componen este libro"

El estilo y la idea del tiempo como un concepto inestable son los dos elementos que dan unidad a los treinta textos breves que componen este libro. Su objetivo es recrear poéticamente otros mundos en los que el tiempo puede comportarse de modos distintos. Lugares en los que el tiempo se ha quedado pegado en un instante. Universos en los que se vive hacia atrás. Escenarios en movimiento perpetuo, donde todo es velocidad y no se conoce el sosiego. Espacios en los que la gente vive sólo un día; y otros en los que todos viven eternamente y nadie puede liberarse del pasado. Y mundos en los que el tiempo se acaba al día siguiente, y los hombres viven el último minuto del universo y todos se sonríen y son corteses, porque «en un mundo de un día, todos son iguales».

El libro finaliza el mismo 28 de junio de 1905, cuando el reloj de la torre da las ocho, Einstein se incorpora de su escritorio y se acerca a la ventana de la oficina de patentes en la que trabaja, para mirar a través de la ventana la cima de los Alpes. En una mano sostiene el manuscrito acabado con la teoría del tiempo.

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Autor: Alan Lightman. Título: Los sueños de Einstein. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro

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