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El amigo de Cervantes

Recuerdo su voz clara, alta y potente en una clase de la Facultad de Filología de la Complutense, edificio B. Yo estaba en segundo de carrera y su asignatura, “Cervantes y su tiempo”, era mi materia favorita. Se llamaba, se llama, Manuel Fernández Nieto, y era un gran experto en Cervantes y el Quijote. No creo que haya en España mucha gente que sepa más de Cervantes y el Quijote que él. Tal vez sea él el que más sepa, aunque estas cosas son muy difíciles de valorar, quizá imposibles de valorar.

Pero sus alumnos tenemos el testimonio de sus clases. Yo luego daría con él un curso de doctorado también sobre Cervantes, porque me apasionaba nuestro querido escritor, me apasiona el Quijote, y todo ello me sigue apasionando ahora. De hecho mi primer libro fueron unas “Cartas” a Don Quijote, Cartas de un joven escritor a Don Quijote de la Mancha, escritas del paso de cuarto de carrera a quinto, en un verano maravilloso, muy viajero y muy literario. Le conté ese verano a Don Quijote, entre la realidad y la ficción. Creo que él me dio parte de su ficción a mí, y yo le di a él parte de mi realidad, aunque tal vez él sea un personaje mucho más real que yo.

"Lo que sabe Fernández Nieto del Quijote y de Cervantes no se puede meter en un libro"

En fin, yo hoy quería recordar un poco a Don Quijote, a Cervantes, a mi profesor Manuel Fernández Nieto y, sobre todo, porque creo que puede ser útil a los lectores de Zenda su edición del Quijote, su edición de Don Quijote de la Mancha, que publicó hace unos años (2006) en la editorial Biblioteca Nueva, y que sintetiza parte de su saber cervantino. Digo parte porque yo sé que lo que sabe Fernández Nieto del Quijote y de Cervantes no se puede meter en un libro, ni siquiera en una edición tan magnífica como ésta.

Manuel tiene la experiencia de haber enseñado a generaciones de estudiantes. Yo sólo fui uno de ellos, aunque con el tiempo, no mucho, nos hicimos amigos. Ese conocimiento directo del estudiante, en el aula, le permite saber lo que el lector suele preguntarse cuando lee el Quijote. Digamos que Manuel juega con ventaja, como inmerso en un juego —a Cervantes le gustaban mucho los juegos—, en el que posee una información que el lector no tiene, pero que la utiliza precisamente para servir al lector, para ayudarlo.

Habrá ediciones más prolijas, pero ésta yo creo que contiene lo esencial. Son dos tomos, y el primero tiene una introducción de unas cien páginas, algo menos, en la que Fernández Nieto trata temas fundamentales de Cervantes y del Quijote:

—“Vida y obra de Miguel de Cervantes Saavedra.”

—“La gestación del Quijote: Cervantes en los años previos a su publicación.”

—“Cervantes y el proceso por la muerte de Gaspar Ezpeleta.”

—“El Quijote, un extraño libro.”

—“La creación de Don Quijote: el capítulo I.”

—“La primera salida.”

Así hasta doce cuestiones que no reproduzco en su totalidad para no cansar a mi cervantino lector.

Hace unos meses Manuel Fernández Nieto, sabiendo de mi intención de escribir un artículo sobre Cervantes y el Quijote —cada cierto tiempo escribo uno, porque son como de mi familia—, me regaló un ejemplar de su preciosa edición:

Para Eduardo, desde el recuerdo permanente como alumno y amigo.

         Siempre.

                                                                  Manuel Fernández Nieto

                                                                  Madrid, octubre de 2019

Desde entonces estos libros han estado encima de mi mesa. Yo quería escribir una nota sobre ellos. Leyendo su introducción, paseando por sus páginas y buceando en sus notas, siento que vuelvo un poco, un poco bastante, a aquellos días de mis inicios en la carrera, cuando tenía 19 años y tanto por delante. Recuerdo mi primer contacto con Fernández Nieto, cuando recién llegado a su clase le pedí que me recomendara una buena biografía de Cervantes, y él me recomendó Cervantes: En busca del perfil perdido, del hispanista francés Jean Canavaggio, en Espasa, libro que leí y disfruté mucho, muy pronto.

"Lo cierto es que leer a Cervantes es maravilloso, para cualquier lector, y una auténtica escuela para cualquier escritor, pero también es increíble estudiar a Cervantes"

Casi se puede decir que mi profesor le ha dedicado su vida a Cervantes. Digo “casi” porque es un gran lector, y muy inquieto, y le gusta leer muchos otros libros y autores, y escritores además que no están de moda en el momento en que los lee, ligeramente olvidados, pero que a él le gustan mucho.

Esta edición, insisto, recoge una parte, extraordinaria y perfectamente ordenada, de su saber, pero sólo una parte. Lo cierto es que leer a Cervantes es maravilloso, para cualquier lector, y una auténtica escuela para cualquier escritor, pero también es increíble estudiar a Cervantes. Su vida es como una gran novela, y su obra es grande y ancha como la propia vida.

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