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El amor y el mar desde la orilla

El amor y el mar desde la orilla

La plegaria de la ola, el poemario de Blanca Estela Domínguez que ahora tengo entre las manos y que ha sido publicado recientemente en Ediciones Vitruvio, es como escuchar una oración mirando al mar desde la orilla. El mar es muerte, pero también casa. La orilla es vida, pero también posibilidad de amar. Las olas son movimientos que permiten el recuerdo y la unión entre dos mundos que no tienen los límites marcados. Con sus altibajos, las olas-poemas nos van hablando de las conexiones entre el amor, la vida y la muerte a través de una visión cíclica del tiempo.

Hay en estos versos una perspectiva especialmente interesante porque entrar en ellos es también sentir los ecos de una cosmogonía ancestral que la autora recupera de su cultura mexicana: un universo de dioses aztecas y lunas, de azules y orillas, de jades, de frutas dulces y almas, panes y caricias, de eclipses y muertes y vidas y muertes, en un mundo donde el tiempo es lo que Octavio Paz refirió en El laberinto de la soledad (1959): “El presente es perpetua creación y destrucción”. La autora de La plegaria de la ola nos dice:

Pasado, presente y futuro son lo mismo,
todo queda suspendido.

La voz de la poeta actúa como un puente que resigue el movimiento de las olas en el mar de sus propios recuerdos, pero también actúa como activación de los nuestros. No son olas románticas ni tempestades entre arrecifes. Son cadencias largas y pausadas que llegan para traernos poemas de amor y de muerte, de vida y de espíritus que siguen actuando en lo que somos. Son olas que rezan. Rezar es escribir. Pero no de una forma religiosa, sino espiritual.

Gota de luz vibrante transparencia.
Toco con el pensamiento los bordes de tu máscara.
El ser sin rostro, el ser sin nombre.
Lo que llamamos dios es sólo fe. Llevas un clavel en la solapa.

El recuerdo de lo antiguo llega para decirnos que sigue cantando en nosotros, que nos conforma y nos moldea. No como un karma, sino como múltiples capas invisibles que nos sostienen y construyen nuestra identidad. De ahí surgen imágenes tan bellas como las que atraviesan todo el libro y que funcionan como destellos de esa memoria profunda.

Ayer hubo un eclipse de luna
claro y limpio.
Modesta curva ensombrecida,
bahía de fuego sin rubores.
Campo azul.

Recogemos las estrellas
y las ponemos
en una bandeja
como panes.

El título del poemario, La plegaria de la ola, proviene de una de las partes del libro que lleva exactamente ese nombre. Pero la obra se articula en varias secciones: Casa, Marinera en tierra, La plegaria de la ola y Otros poemas. El rezo panteístico a la naturaleza es el hilo que une a todas esas secciones, un hilo invisible; pero real, que nos guía y nos orienta con sus dioses inventados; pero útiles, hacia una comprensión más amplia de lo que somos y de lo que nos mueve.

El mar a lo lejos
es una fuente rabiosa de libertad.

Las olas llegan a la orilla para traernos reflexiones sobre la vida y sobre la muerte y sobre todo aquello que en movimiento muere y nace, muere y nace, muere y nace en un círculo tantas veces olvidado cuyo anclaje es siempre la búsqueda de amor.

Cuando se instale el silencio y no pueda más
espero que mi Plegaria se repita infinitamente
… pero no quiero una plegaria triste.
Quiero solo escuchar
Nocturnos felices dedicados
a los amigos de siempre,
esos que no se van.

La lectura de este poemario es una invitación a querer quedarse en esa meditación infinita de amor y mar desde la orilla.

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Autora: Blanca Estela Domínguez. Título: La plegaria de la ola. Editorial: Vitruvio. Venta: Todos tus libros.

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