Este ensayo propone una lectura radical del pensamiento apocalíptico, es decir, imagina cómo será la vida colectiva más allá del Doomsday. Pero, contrariamente a lo habitual, no se trata de un trabajo pesimista, puesto que el autor abre una puerta a la esperanza de un mundo en el que, muerto el viejo capitalismo, nazca una nueva —y luminosa— sociedad.
En este making of Eudald Espluga explica cómo escribió Imaginar el fin (Paidós).
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Cuando me piden que explique cómo surgió la idea del libro, cuento una historia que, sin ser falsa, no se ajusta del todo a la verdad. La historia dice así: Imaginar el fin nace de mi preocupación por la manera cómo los relatos audiovisuales y mediáticos representan el fin del mundo como un colapso civilizatorio, proyectando un relato distópico y reaccionario sobre la situación de crisis actual (marcada por la emergencia climática, la transición energética, el desarrollo de la Inteligencia Artificial, la amenaza de guerra nuclear o el auge de nuevos regímenes fascistas). Desde las películas sobre desastres nucleares hasta las series de zombis, se asume que ante los primeros síntomas de colapso o desabastecimiento (¡no hay papel de WC en el súper!), el mundo se convertirá en una guerra de todos contra todos en la que incluso el hijo más ejemplar asesinaría a sus padres para quedarse con el último bote de lentejas.
Si bien toda esta historia resume y explica bien el sentido y estructura del libro, es una romantización de la rectitud intelectual que está en su origen. En realidad, Imaginar el fin surgió como un intento de poner orden a mi carpeta de capturas de pantalla del móvil, que hace un par de años renombré como “memes esotéricos”. Mis “pantallazos” son un archivo de todo tipo de imágenes interneteras sobre transhumanismo, rituales mágicos paganos, comunismo espacial, gnosticismo, aceleracionismo, memes doomers, sufismo, conspiranoias sobre geoingeniería, incursiones en la demonología, sociedades secretas (regentadas por e-girls hegelianas), especulaciones cabalísticas y representaciones de ángeles bíblicos. Por ejemplo, la captura de pantalla del 15 de agosto del 2024, hecha a las 23:31: un tuit que afirma que, sobre el papel, Ernst Jünger podría haber visto Neon Genesis Evangelion, puesto que murió el 17 de febrero de 1998, después de la emisión de la serie de anime japonesa sobre el fin del mundo.
Es evidente que los algoritmos llevan años ofreciéndome el contenido oscuro y hermético que me encanta consumir, sumergido como estoy en indescifrables páginas de memes apocalípticos, esoterismo y juegos de rol sobre Lovecraft. Sin embargo, la voluntad de hacer acopio de todas estas imágenes respondía a la intuición filosófica de que había algo en ellas, más allá del narcisismo algorítmico, que nos podría hablar del presente. Hace algunos años, había leído un artículo de la académica Bogna Konior, titulado “Memes apocalípticos para el Dios del Antropoceno”, que apuntaba en esa dirección: lejos de ser una excrecencia del nihilismo y la impotencia ciudadana frente a amenazas existenciales, los memes apocalípticos y esotéricos eran el síntoma de que vivíamos en un mundo en el que la agencia política estaba en crisis. Y esta era una idea que me obsesionaba, largamente discutida por filósofos como Eugene Thacker o Patricia Reed: el hecho de que hoy vivimos en un mundo cada vez más impensable, aquejados por una crisis “cosmológica” que cambia la forma como nos relacionamos con la realidad, con el conocimiento, con la temporalidad, con nuestro papel en el mundo. De ahí, creía yo, podían explicarse fenómenos tan distintos como el auge de la ultraderecha, el retorno de la religión, la aparición de grandes empresas de Inteligencia Artificial (¡preocupados como pocos por el fin del mundo!), las teorías conspiranoicas sobre el control del clima a través de la geoingeniería o el auge de teorías racistas sobre la Gran Sustitución o el Genocidio Blanco. Habíamos pasado de la happycracia al capitalismo gótico: mis capturas de pantalla eran la prueba de que un nuevo espectro recorría el mundo.
Entonces, escribir el libro era una forma de poner a prueba esta intuición: ¿de verdad podía usar el meme sobre un Labubu en la tumba de Marx para hablar de capitalismo gótico y demonología tecnofeudal? ¿No era exagerado conectar a Sydney Sweeney con el terrorismo supremacista? ¿Hasta qué punto los textos anfetamínicos que Nick Land escribió en los años 90 habían tenido un efecto real en las políticas reaccionarias de la administración Trump? ¿Es posible hacer una diferenciación clara entre las fantasías colapsistas reaccionarias y una imaginación apocalíptica emancipadora?
Si el ensayo consigue demostrar todo esto es algo que tendrán que juzgar los lectores. Pero creo que la relación entre mis capturas de pantalla esotéricas y la deriva gótica de la política mundial ha quedado más que clara, no solo por los recientes acontecimientos bélicos con la infraestructura energética como telón de fondo, sino por la gira mundial de Peter Thiel hablando del Anticristo. Thiel es quizá el señor tecnofeudal más oscuro de nuestro presente, fundador de Palantir (¡empresa de nombre fantástico inspirado en Tolkien!), responsable de inteligencia militar y de los programas para cruzar datos que permiten al ICE perseguir a personas migrantes. Que hoy este hombre se dedique a alertar a las élites mundiales sobre los peligros apocalípticos y el alzamiento del Anticristo es una prueba más que suficiente de la centralidad de los discursos escatológicos y de su relación intrínseca con el supremacismo blanco y los desarrollos tecnológicos acelerados.
Y sí, de acuerdo, quizá no sabremos nunca si Ernst Jünger vio Neon Genesis Evangelion, pero está claro que cada vez estamos más cerca de vivir en el mundo que habría soñado Ernst Jünger después de ver Evangelion.
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Autor: Eudald Espluga. Título: Imaginar el fin. Editorial: Paidós. Venta: Todos tus libros.


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