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El club Dumas o la alargada sombra de Lucas Corso

El club Dumas o la alargada sombra de Lucas Corso

Se cumple un cuarto de siglo desde la publicación de El club Dumas o La sombra de Richelieu, de Arturo Pérez-Reverte (ese era el título completo de la novela cuando apareció; luego el subtítulo desapareció misteriosamente). Un cuarto de siglo desde que Lucas Corso, un “mercenario de la bibliofilia; un cazador de libros por cuenta ajena”, nos informa la novela, entró sonriendo como “conejo al cabo de la calle” en el despacho de Boris Balkan con un capítulo manuscrito de Los tres mosqueteros en su bolsa de lona y salió del de Varo Borja con el Libro de las Nueve Puertas sabiendo “que había tirado el dado; que avanzaba la primera casilla en un peligroso juego de la oca” que “le apetecía jugar”. Y de la mano de Corso, los lectores descubrimos que a nosotros también nos apetecía jugar los juegos que este, por aquel entonces, nuevo e innovador tipo de novela europea nos planteaba.

"El club Dumas es probablemente la más lúdica, la más comprometidamente lúdica, la más generosa, noble, literaria y jubilosamente lúdica de todas las novelas de Arturo Pérez-Reverte y, me atrevería a afirmar, una de las más gozosamente lúdicas de toda la historia de la literatura española"

Y descubrimos además que estos juegos nos conducen a una recuperación de la infancia en el más noble sentido del término que esbozaba Fernando Savater en los años 70. Para jugar estos juegos y para emprender el camino hasta el final, uno —el protagonista, el lector, el exegeta— ha de jugar según las reglas, porque, como nos previene la primera de las nueve láminas de Las Nueve Puertas en una orientación o instrucción que enmarca El club Dumas en su conjunto —se resalta hacia el principio y se repite hacia el final—, “Nemo pervenit qui non legitime certaverit” o “Nadie que no haya combatido según las reglas lo consigue”.

El club Dumas es probablemente la más lúdica, la más comprometidamente lúdica, la más generosa, noble, literaria y jubilosamente lúdica de todas las novelas de Arturo Pérez-Reverte y, me atrevería a afirmar, una de las más gozosamente lúdicas de toda la historia de la literatura española. Esto es así en gran medida porque el propio autor se plantea la escritura como un juego y una diversión, y así es asimismo como Lucas Corso encara su propia actuación desde el principio, sus pesquisas sobre el libro: como jugador de un juego.

La novela representa, además, nada menos que la “vía europea al éxito de ventas o best seller” en la descripción de su autor, a la estela de El nombre de la rosa de Umberto Eco, con fidelidad a las raíces y a la memoria europeas, diferenciándose del más bien unidimensional best seller anglosajón de aquel entonces.

"La serie de juegos a escala de la novela, o de juegos dentro de otros juegos en forma de muñecas rusas, nos recuerdan los fundamentos no sólo de la patria literaria revertiana sino de esa novela con vocación y memoria europea"

Es una historia que en lo esencial no es sino una variación del arquetipo que en francés se conoce como quête y en inglés como quest —el de un héroe llamado a partir en busca de una meta, un fin, un tesoro—, pero con dimensión detectivesca o de crimen y misterio, y provista de elementos góticos, no infrecuentes en novelas policíacas como The Hound of the Baskervilles, apropiadamente citada en El club Dumas. Ejemplos del tipo de relato de la quête serían la Odisea, la Eneida, Moby Dick o La colina de Watership, por citar obras a las que se refiere la propia novela revertiana, proporcionándose así metanarrativamente la clave del arquetipo con el que se juega en la novela.

De hecho, forman parte de una miríada de alusiones, referencias y guiños a otras obras literarias (a veces apócrifas) que componen toda la serie de juegos a escala de la novela o de juegos dentro de otros juegos en forma de muñecas rusas, y nos recuerdan los fundamentos no sólo de la patria literaria revertiana sino de esa novela con vocación y memoria europea, empezando por la ambientación en tres ciudades míticas, como nos señaló en su momento José Perona: Toledo la trilingüe y judía, la Sintra templaria y París.

"El club Dumas no es sino un juego a gran escala que se dispara en múltiples direcciones"

El club Dumas no es sino un juego a gran escala que se dispara en múltiples direcciones, un juego intertextual para lectores cómplices que les permite reconocerse como habitantes de una patria común, miembros de una cofradía secreta, como los miembros del club Dumas formado por Boris Balkan, el narrador casi omnisciente de la novela que, inspirado en un narrador-asesino de Agatha Christie, tiende varias trampas.

Y mediante Balkan se lleva a cabo también la reivindicación explícita y fervorosa de Dumas y de la novela folletín y la novela popular en general. Porque El club Dumas es en gran medida también una novela que constituye una rehabilitación o restitución a la estimación pública de la novela popular en muchos pasajes ensayísticos, a cuya defensa se sale por medio de comentarios y crítica literarios. Así, Dumas se izará como estandarte del tipo de literatura de éxito comercial y éxito de ventas que se defiende, en oposición a cierta literatura ensimismada predominante en el último cuarto del siglo XX, ya que el escritor francés “construyó un mundo novelesco que aún se sostiene hoy”, como añade Balkan, mientras que hoy día, “en estos tiempos de mediocridad y falta de imaginación […] demasiada gente se empeña en publicar doscientas páginas sobre las apasionantes vivencias que experimenta mirándose al espejo” y, añade, nadie admira los prodigios como hacía antes el público de los folletines y el teatro, cuando silbaba a los traidores y aclamaba a los caballeros sin miedo y sin tacha […]”. Aplausos que, por desgracia, ya no suenan en ninguna parte, convertidos en patrimonio exclusivo de los inocentes y los niños.

Por eso concluye Balkan con esa frase célebre que también ha esgrimido su autor: “Si de Ulises se trata, me quedo con el de Homero”.

"Alentada por un espíritu libre, culto, lúdico, aventurero y dialogante con la tradición, El club Dumas nos invita a bajar a la brumosa tierra natal de nuestra alma"

En esta formulación se cristaliza diáfanamente la posición abanderada por la novela (y su autor): Homero versus Joyce, la novela de historias de aventuras por excelencia que contribuyó a sentar las bases de los arquetipos que encapsularán la condición humana a lo largo de los siglos versus una obra que ironiza sobre esa grandeza antigua y parece buscar la épica en un más bien mísero entorno moderno a través del ensimismamiento y la experimentación formal. Simplificando, se trata de un esquema que en cierta medida opone la acción a la contemplación, y la dispositio a la elocutio.

Alentada por un espíritu libre, culto, lúdico, aventurero y dialogante con la tradición, El club Dumas nos invita a bajar a la brumosa tierra natal de nuestra alma de la que nos hablaba Savater en La recuperación de la infancia. Y como el clásico contemporáneo de nuestras letras en que se ha convertido la novela, volvemos una y otra vez con previo fervor y una misteriosa lealtad, que es como, según Borges, se acercan los lectores a los libros clásicos, para redescubrir con cada nueva lectura la frescura, espontaneidad y naturalidad de una gran obra literaria.

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Autor: Arturo Pérez-Reverte: TítuloEl club Dumas (1993). Veinticinco años después. Editorial: Alfaguara y De Bolsillo. VentaAmazonFnac y Casa del libro