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Todo empezó con la lectura, el juego más serio

Todo empezó con la lectura, el juego más serio

Todo buen escritor gana un territorio que va definiendo como propio. William Faulkner creó el condado de Yoknapatawpha, García Márquez el de Macondo, Benet denominó Región al suyo, Rulfo ideó Comala al que se asemeja el Celama de Luis Mateo Díez. Con El club Dumas (1993) Arturo Pérez-Reverte creó un territorio que encierra dentro el mundo de los libros al que se accede a partir de cuanto una lectura apasionada puede suscitar. Esta novela suya se convierte en un gran homenaje a la lectura y a los libros que lo han hecho escritor. Todos sus personajes vienen de haber vivido en el interior de las novelas del gran escritor francés Alexander Dumas, un mundo que les cambió la vida. Casi al final de la novela el narrador nos revela que una de las protagonistas femeninas, la excelente Liana Taillefer, quedó marcada por la lectura de dos novelas: Mujercitas y Los tres mosqueteros. No es preciso ser don Quijote. Todos los personajes de El club Dumas experimentan para con la novela del gran folletinista francés lo que el caballero manchego experimentó con las de caballerías. El afán de vivir ese mundo de aventuras define toda su existencia, de manera que lo que comienza siendo un juego, termina dominando la realidad. Hombres cultos, financieros, críticos, escritores, libreros, incluso un catedrático de Semiótica en Bolonia (guiño a Umberto Eco) se reúnen cada primero de abril en el castillo de Meung-sur-Loire, el mismo lugar y en el momento que da comienzo Los tres mosqueteros, para conformar ese club Dumas que da título a la novela. También casi al final de ella, en el capítulo XV, ofrece el estudioso especialista en el siglo XIX Boris Balkan, que es el narrador, la razón de haber elegido ese territorio y lo leemos intuyendo que es el mismo Pérez-Reverte el que lo declara por boca suya:

“Como puede ver, el asunto es algo erudito y un poco infantil al mismo tiempo; un juego literario y nostálgico que rescata algunas viejas lecturas y nos devuelve a nosotros mismos tal como éramos; con nuestra inocencia original. Después uno madura, se hace flaubertiano o stendhaliano, se pronuncia por Faulkner, Lampedusa, García Márquez, Durrell o Kafka… Nos volvemos distintos unos de otros; incluso adversarios. Mas todos tenemos un guiño de complicidad al referirnos a ciertos autores y libros mágicos, que nos hicieron descubrir la literatura sin atarnos a dogmas ni enseñarnos lecciones equivocadas. Esa es nuestra auténtica patria común: relatos fieles no a lo que los hombres ven, sino a lo que los hombres sueñan”.

"Que la de Pérez-Reverte es una novela culta es indiscutible, que no es una novela culturalista me ha parecido un acierto"

Da igual que lo llamemos territorio, reino o patria común. El club Dumas define ese mundo en el cual entramos en su día con las primeras lecturas apasionadas y del que luego ni es fácil ni, sobre todo, se quiere salir. Definen un modo de ser y estar en la vida. Arturo Pérez-Reverte ha dejado en esta novela muchas pistas sobre los otros libros que ensancharon el de Dumas. Cerca del romántico francés están Stevenson y Conrad, no deja de hablarse de Dickens, de Melville, en especial se hace referencia constante a los balleneros del Pequod, como más atrás, emparentados con el capitán Ahab, el Quijote y mucho más atrás Homero. La novela va a definir que el juego al que llegamos con la literatura comunica con el cine, no deja de hablarse de Casablanca, de Goldfinger, de los clásicos de John Ford, o de la película El prisionero de Zenda basada en la novela homónima de Anthony Hope. Pasarán seguramente del millar las citas de libros y películas desde las que los distintos personajes de El club Dumas se asoman al territorio en el que viven sus propias aventuras.

Que la de Pérez-Reverte es una novela culta es indiscutible, que no es una novela culturalista me ha parecido un acierto. Con ella Pérez-Reverte definió una poética de autor, a la que luego iremos, y lo hizo en un momento en que todavía la novela histórica basada en aventuras de libros, que luego originó tantos best-seller, todavía no se había desarrollado, y sobre todo no se había hecho como homenaje a grandes libros que nos formaron como lectores. No es raro el guiño que El club Dumas hace a Umberto Eco pues unos años antes, también el catedrático de Bolonia había vindicado a Conan Doyle y a Agatha Christie situando inteligentemente la investigación criminal en un convento medieval al lado de Borges y de la poética de Aristóteles.

"Todos los personajes de la novela de Pérez-Reverte están siendo espejo y realización del original de Dumas"

La paradoja de que una novela culta que habla de centenares de libros con propiedad y mediante cita de sus ediciones prínceps desde una erudición muy poco común, no sea sin embargo culturalista nos lleva a la poética de su autor, visible en la estructura misma de su trama. Pérez-Reverte ha ideado una estructura especular en la que la trama de El club Dumas se convierte en espejo en que se ejecutan las aventuras de Los tres mosqueteros. De esa forma la novela de Dumas no es asunto únicamente del que se habla, es sobre todo el asunto que se vive, que el lector está ejecutando mientras lee. Las aventuras definidas por Alexander Dumas para D’Artagnan, Milady o Richelieu las viven ahora Lucas Corso, Liana Taillefer o Boris Balkan. Esa comunicación entre lectura y vida me parece que ha sido el gran acierto de esta novela, lo que la convierte en la más cervantina de las de su autor. El paralelismo principal se halla en que se trata de un mecanismo por el cual todos los personajes que habitan el Quijote de 1615 ejecutan el programa definido por el Quijote de 1605. Todos los personajes de la novela de Pérez-Reverte están siendo espejo y realización del original de Dumas. La metaliteratura por tanto no es un asunto culturalista, es decir superficial, nacido de citas y discusiones librescas, sino un asunto estructural por el cual la vida verdadera es la de los libros, siendo la otra, esa que llamamos real, su espejo y consecuencia.

"Tanta importancia como la que tiene Los tres mosqueteros, concede la novela de Pérez-Reverte a otro libro que es objeto de las pesquisas de Lucas Corso. Me refiero a De umbrarum regni novem portes (Las nueve puertas del reino de las sombras)"

Si la que acabo de recorrer someramente es la semántica interna de la novela, que relaciona la ficción y la realidad a través de un juego con reglas precisas, hay otra externa de no menor calado. Me refiero a una propiedad singular por la cual el mundo de los libros es recorrido a lo largo de la novela según la totalidad de los agentes que intervienen. Está el mundo de los autores (en pocos lugares podrá obtener el lector tanta información sobre el modo de ser y vida de Dumas, también de quienes le rodearon, hasta de sus amantes, imitadores e incluso suplantadores). Pero está también el mundo de los impresores, de los libreros, los bibliófilos, los críticos y estudiosos, los coleccionistas, hasta llegar a los lectores. Ninguno de los mediadores entre el autor y el lector ha dejado de tener presencia en la novela de Pérez-Reverte a través de personajes que los encarnan, La Ponte, Boris Balkan, Victor Fargas, Varo Borja y el propio Lucas Corso que es mercenario al servicio del mercado (también de las intrigas y crímenes) que despierta de la bibliofilia.

Tanta importancia como la que tiene Los tres mosqueteros, concede la novela de Pérez-Reverte a otro libro que es objeto de las pesquisas de Lucas Corso. Me refiero a De umbrarum regni novem portes (Las nueve puertas del reino de las sombras) impreso en Venecia por Arístides Torchiam en 1666, del que la novela nos asegura existen únicamente tres ejemplares, el que posee el coleccionista Varo Borja, el del aristócrata venido a menos que vive en Sintra, Víctor Fargas, y el ejemplar de París que posee la baronesa Frida Urgen. Ese libro esotérico y en clave tiene un pasado lleno de vicisitudes, iniciadas ya por la persecución real del Santo Oficio, que ordenó ejecuciones cuando salió a la luz, pero también por otras, entre las que se encuentra el turbio pasado de Frida Urgen. El descifrado minucioso que lleva a cabo Lucas Corso en las variantes de los grabados de cada ejemplar, variaciones que esconden una clave solo desvelable para quien tenga los tres ejemplares, va proporcionando a la novela la entrada en el mundo de la cábala y las sectas demoniacas, pues en su descifrado se hallará la gran revelación sobre los dictados del Maligno.

"El club Dumas contiene definido un mapa del que será luego territorio literario de Pérez-Reverte"

La estructura de El club Dumas va acompasando con enorme habilidad las peripecias en torno a los dos libros, el de Dumas y el de Tarchia, que finalmente no son paralelas, sino que convergen, hasta llegar a la magnífica escena final de Varo Borja,  gran Hacedor de todo.

Entre las peripecias que mantienen al lector en suspenso, van asomando algunas de las claves de la literatura revertiana. Desde Luego está Lucas Corso, héroe cansado, que esconde una herida tanto amorosa (la Nikon del pasado) como de guerra, que influye en su relación con las mujeres, desde la romántica con la joven Irene Adler, como las batallas físicas, corporales en el doble sentido de sexuales y de lucha con Liana Taillefer, mujer dura donde las haya. El club Dumas contiene definido un mapa del que será luego territorio literario de Pérez-Reverte. Es un territorio donde se juega la partida decisiva de la ficción, el juego más serio de cuantos el hombre ha ideado.

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Autor: Arturo Pérez-Reverte: Título: El club Dumas (1993). Veinticinco años después. Editorial: Alfaguara y De Bolsillo. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro