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El desván de la razón, cultivo de las pasiones, identidades éticas y sociedades digitales

El desván de la razón, cultivo de las pasiones, identidades éticas y sociedades digitales

En una época en la que la conversación pública parece oscilar entre la indignación instantánea y el escepticismo paralizante, este libro invita a volver a preguntar por aquello que sostiene —y a veces desborda— nuestras decisiones: las pasiones, las identidades morales y los entornos digitales.

A continuación reproducimos un fragmento de El desván de la razón (Plaza y Valdés), un libro editado por Concha Roldán, María G. Navarro y Xandra Garzón Costumero.

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Es incontestable que la irrupción de las sociedades digitales y la imparable marcha de los modos de interacción en línea están generando vertiginosos cambios en todo nuestro planeta, una transformación que a su vez repercute en la comprensión de las ciencias humanas y sociales, así como en los métodos de investigación utilizados en estos campos. Las actuales formas de interacción interpersonal, tanto entre individuos como con las instituciones públicas, así como en los ámbitos laborales y de entretenimiento, se ven profundamente afectadas por la digitalización. En el contexto de un mundo globalizado, los problemas que enfrentamos hoy en día son significativamente distintos y requieren un enfoque integral y digital para ser abordados adecuadamente. Este proceso imparable ha transformado hasta la médula nuestro mundo y ha situado también a los estudiosos de la Filosofía, en especial a los especialistas de la Ética, la Filosofía Política y Jurídica o la Epistemología, ante el vertiginoso ritmo de unos acontecimientos que marcan el paso a la investigación del siglo XXI.

En este libro cristalizan las reflexiones y discusiones de un consolidado equipo interdisciplinar, intergeneracional y paritario, que partieron del proyecto de investigación que le da título, El desván de la razón: cultivo de las pasiones, identidades éticas y sociedades digitales, para afrontar los retos que deben encarar las nuevas formas de colaboración e investigación. La pluralidad que encontramos en los campos de estudio a los que se circunscribe el trabajo de cada uno, la variedad de los países, universidades y centros de investigación de procedencia, así como las diferencias en cuanto a edades, género y modos de vida hacen del nuestro un trabajo de investigación fundamental. La reflexión conjunta que hemos practicado en cada uno de los encuentros que se han sucedido ha sido tan fértil precisamente por esta diversidad de perfiles, de procedencias y de maneras de entender un mundo globalizado pero diverso.

Con enfoques y metodologías cualitativas que buscan adaptar sus enfoques a fenómenos sociopolíticos cuyo significado e impacto se perciben en constante cambio y renovación, conseguimos aprehender la esencia de unas sociedades digitalizadas que no son ya susceptibles de ser estudiadas como fotos fijas, sino que deben ser entendidas como entes complejos, que se desarrollan de manera rizomática; y solo con la suficiente capacidad de adaptación crítica seremos capaces de hacer un estudio científico a un tiempo serio y útil para la sociedad como el que se practica en este volumen. La utilidad de nuestros estudios nace de la necesidad de la reflexión filosófica, estamos con ello reivindicando la actualidad de autoras y autores que, aun siendo rescatados de la antigüedad clásica o los orígenes de la modernidad, anticipan sus maneras de entender y explicar el mundo con precisión milimétrica en esta sociedad digital, como si sus teorías hubieran sido formuladas hace siglos pensando en nuestros modos de vivir, sentir y pensar en este siglo XXI. Y es que, después de todo, tanto la vertiginosa experiencia de incertidumbre que vive nuestro mundo globalizado como la clamorosa demanda de certidumbre y confianza solo pueden abordarse reflexivamente desde actitudes intelectuales que reclamen la provechosa ganancia del cultivo de conceptos que nos orienten entre las diversas jerarquías de valores y nos muestren la necesidad de intervenir responsablemente en lo que nos desarraiga de nuestra pertenencia a la Humanidad: teoría cum praxi, no hay otra manera de obtener resultados a través de procedimientos convalidados científicamente.

En El desván de la razón: cultivo de las pasiones, identidades éticas y sociedades digitales nos planteamos cómo en nuestro mundo globalizado, donde la «aceleración histórica» desemboca en la «inmediatez mediática», nos encontramos ante la necesidad de una nueva articulación conceptual de la realidad, tarea en la que la innovación no desdeña la inspiración en el pasado, e incluso en planteamientos olvidados o que aparentemente condujeron en su momento histórico a «vías muertas », pero nos merece la pena rescatar de nuestro desván para darle nuevo lustre e incluir en nuestras reflexiones racionales elementos que quedaron marginados o preteridos e incluso excluidos en anteriores interpretaciones de la historia de la filosofía, como los conceptos que dan nombre y vertebran las tres partes en que hemos dividido las aportaciones del volumen: «pasiones», «identidades éticas», «perspectivas feministas», «verdad» o «violencia», y que nos permiten repensar la política y cuestionar los espacios digitales. Para cumplir con nuestros objetivos de investigación no partimos del vacío, sino que en los planteamientos iniciales del proyecto de investigación cuyos resultados presentamos en este volumen colectivo convergen los resultados obtenidos por sus investigadoras e investigadores a lo largo de más de quince años de trabajo conjunto, en los que se han ido tejiendo y desarrollando redes nacionales e internacionales.

Desde el propio título nos preguntamos qué pudo llevar a Kant a reemplazar el término «cultivo» por «ganancia» en la segunda edición de la Crítica de la razón pura. Kant aplicó estos dos sustantivos a la actividad de conocer, es decir, al trabajo que se emprende para obtener una ganancia realmente nueva, y solo por ello y en cierto modo, remunerada. Es sabido que el agricultor que con trabajoso afán cultiva la tierra solo obtiene la nueva cosecha cuando soporta la incertidumbre, la inclemencia del tiempo y otros pesares. Hay quienes pensarán con Kant que la incertidumbre no parece un escenario adecuado para describir la clase de logros que se esperan de la actividad de conocer, y, menos aún, de conocer con certeza. Resulta siempre mucho más fácil cultivar, investigar, vivir en la certidumbre y la tranquilidad de lo que permanece y no cambia. Pese a ello, parece fuera de toda duda que cualquier nueva cosecha, cualquier ganancia, se obtiene como consecuencia de cultivar ciertas pasiones y que, entre ellas, haríamos bien en destacar la perseverancia, la paciencia y el obstinado empeño en la relación que cualquier sociedad mantiene con sus propias transformaciones. Sea como fuere, podemos estar seguros de que el cultivo de las pasiones está asociado a esa actividad de conocer mediante la cual obtenemos ganancias en algún sentido nuevas. Lo que resulta inquietante es la asociación de los logros intelectuales del proceso mental de conocer con un elemento tan resiliente, poderoso y cambiante como es la tierra. Esta asociación nos permite en última instancia entender que nuestra autonomía y libertad como sujetos de conocimiento, pero también como agentes morales, se exponen y erosionan en ese entorno abierto, incierto y laberíntico que es nuestro particular campo de cultivo. Y por ello presa de la enigmática relación existente entre el afán de cultivar y el de investigar y llegar a conocer, las autoras y autores de este volumen colectivo relacionan fenómenos sociopolíticos, morales y ético-jurídicos con el particular cultivo de las pasiones que ocupa a nuestra época. Ejemplo de ello es la experiencia que todos tenemos de la simplificación de las comunicaciones que nos reclaman una forma de actuar presidida por el celo de la inmediatez y la imposición de estar siempre en el ágora que es la red. La falta de provecho, además de la falsa ganancia que se deriva de ello se pone de manifiesto cuando observamos el impacto que la simplificación de las comunicaciones tiene sobre los rasgos que conforman nuestra identidad, aquejada de ser reducida a un like, un emoticono o «280 caracteres». En ausencia de un entorno que vuelva provechoso el auténtico cultivo de las pasiones nos encontramos con un aluvión de experiencias simplificadoras que nos ahorman porque determinan a priori cómo, cuándo y de qué debemos responsabilizarnos, por lo que no sería exagerado referirse entonces a una simplificación en general de nuestra subjetividad, olvidando que la esencia de nuestra identidad moral y civil consiste precisamente en asumir compromisos, responsabilidades y promesas, y hacerse cargo de nuestros actos. De ahí también el compromiso de nuestro equipo por abordar nuestras investigaciones con perspectiva de género, considerándolo una condición sine qua non, pues no lo consideramos solo una cuestión de ética, sino también algo que constituye un elemento esencial tanto de las comunidades vitales como de las sociedades digitales y, por ende, una forma de mirar y pensar que mejora notablemente la calidad de nuestros estudios.

En este sentido, es relevante también en los trabajos que aquí se presentan el estudio de la performatividad de los procesos comunicativos actuales. Aunque esta tarea no deja de ser paradójica porque, en nuestra época, las fronteras entre realidad virtual y mundo real se difuminan: vivimos en sociedades dobladas de virtualidad catalogadas de enhanced reality —«realidad aumentada»—, con lo que eso conlleva: lo «virtual» es condición necesaria y complementaria de lo «antiguo» existente. Si los avatares son cada uno de los individuos en su rol de ciudadanos de la Red, los foros y redes sociales vienen a ser las plazas y clubs de antaño, los portales institucionales la ventanilla electrónica de nuestras instituciones, e incluso bitcoin el reverso en código binario de cualquier divisa. Lo banal adelgaza la existencia. Esta rápida semblanza de nuestro tiempo busca enumerar algunos lugares comunes cuya persistencia en el tercer entorno compartido tal vez nos sirva aquí para defender la necesidad de retornar al cultivo de los conceptos, una tarea por otra parte cuyo afanoso empeño ha sido una constante en la carrera intelectual de muchos de los integrantes de este proyecto de investigación.

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Autor: Varios. Editoras: Concha Roldán, María G. Navarro y Xandra Garzón Costumero. Título: El desván de la razón. Editorial: Plaza y Valdés. Venta: web de la editorial.  

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