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El fiel de la balanza, de Manuel Francisco Reina

El fiel de la balanza, de Manuel Francisco Reina

Elegiste la ciudad del Paraíso como principio y final de nuestra historia.

Principio y final, alfa y omega es el (des)amor en El fiel de la balanza y todo lo que ello implica, como la soledad y la pérdida de la fe en la persona amada. Es, precisamente, la fe el término adecuado en consonancia con los motivos bíblicos que emplea el poeta en este libro: «Pongamos que estábamos hechos el uno para el otro como todos creyeron, incluso yo, que me había descreído de todo hasta conocerte. […] ¿Por qué me siento un Adán estúpido?»

De este modo, Manuel Francisco Reina construye un poemario consistente, con poemas muy bien hilvanados, no solamente por las sugerencias metafóricas de los motivos antes mencionados, sino también por la expresión del amor, la manera en la que se desenamora o contrasta el amor y la pasión de antaño con la que siente ahora. Un modo certero que emplea el poeta para llegar al lector es el de declarar un lugar común para pasar después a un punto concreto:

"El Génesis es reinterpretado por Reina, a fin de llenarlo de mayores sugerencias y emplear los sucesos bíblicos para enlazarlos con los de su historia de amor"

Crean los amantes un idioma. Uno suyo que sólo a ellos pertenece. Lengua común que unifica el mundo. Que cohesiona el sinsentido cotidiano de que dos seres encuentren cobijo y calor el uno en el otro. Aprenden gestos, guiños, señales, llenan de contenidos y sugestión expresiones con otros significados. […] Y luego un día, uno de los pares decide que ya no sirve ese idioma para entenderse con el otro. Que es necesario construir una torre para alcanzar un cielo que ya poseía entre sus manos.

Sirva esta última imagen, la de la torre que alcanza el cielo, para dedicarle unas líneas a una de las influencias principales del libro: la Biblia y, especialmente, el Génesis, que se distingue claramente, entre otras razones, porque el propio poeta nos da una cita de este libro del Pentateuco al comienzo de «Lengua Común», la primera parte de las tres en que se divide El fiel de la balanza. El Génesis es reinterpretado por Reina, a fin de llenarlo de mayores sugerencias y emplear los sucesos bíblicos para enlazarlos con los de su historia de amor. La creación y la soledad en «Génesis»: «Dicen que Dios creó el mundo para que dos personas se amaran pero, antes de eso, todo era caos, y silencio, y el verbo como un pájaro desconcertado, sin que se pronunciase su vuelo ni su nombre, aleteando sobre las aguas»; el fruto prohibido y la traición en «La manzana»: «Hemos dado lustre a la traición primera con el laurel versificado de premiar la rebeldía y, sin embargo, en la manzana está el símbolo de la ingratitud mordida. […] Todo el mal comenzó con un mordisco»; o, por citar una relación más, la expulsión del Paraíso y la fidelidad del burlado en «Al este del Edén»: «Contigo y por ti fui al este del Edén. Dejé la fuente de la luz y mi jardín cerrado, mi tierra de occidente con sus océanos sin límites y su arena de oro y abiertos los ríos de mi corazón ingenuo».

Las citas de Vicente Aleixandre y Pilar Paz Pasamar abren la segunda parte, que tiene por título el oxímoron «La soledad contigo», con poemas en prosa en los que la soledad no impide que siga percibiendo al amado:

«Soy menos yo cada día y, por el contrario, gano gravedad, y lucidez, y masa crítica. Soy menos materia y más pensamiento claro. […] Descorro velos de una mirada que antes tenía enceguecida… y sin embargo aún, al respirar profundo, siento las astillas del rejón de muerte que clavaste en mi alma».

"Con la palabra, El fiel de la balanza nos cautiva y hacemos nuestra la pérdida de fe en el amado"

La tercera y última parte contienen doce «Juegos de Equilibrio» en los que el título del poemario adquiere su significado más amplio: «Yo ya he puesto mi corazón en el platillo… veremos lo que pesa el tuyo y su bagaje, y lo que marca al final el fiel de la balanza».

Por último, no se puede obviar que el elemento esencial de este libro es la palabra, no porque se trate de poesía o de literatura, sino porque esta, la palabra, y lo que con ella se relaciona (lengua, habla, silencio…) actúan como motivo recurrente y consigue con ello un fino hilo de poeticidad brillante. Al principio, como es propio de la génesis, «el creador dio poder a Adán para nombrar las cosas. Para poseerlas con su sonido y la articulación primear de su nombre»; tras la traición, «no volveremos a hablar de esto» y «que el silencio te muerda la sien»; y el desengaño de lo compartido, «crean los amantes un idioma. […] Y luego un día, uno de los pares decide que ya no sirve ese idioma para entenderse con el otro»; la mentira que es «un envenamiento que no se espera porque venía encubierto en palabras dulces»; y el olvido, porque «has echado a las sombras mi regalo, los versos desgranados de luminoso amor oscuro, línea a línea, tecleados, transcritos para ti».

Así, precisamente así, con la palabra, El fiel de la balanza nos cautiva y hacemos nuestra la pérdida de fe en el amado.

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Autor: Manuel Francisco Reina. Título: El fiel de la balanza. Editorial: Cuadernos del Laberinto. Venta: Todostuslibros y Amazon

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